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Todo lo que necesitas saber para alimentar a tu bebé

En la mayoría de los casos, los bebés no ven cubiertas las necesidades diarias de nutrientes recomendados, como omega 3 o hierro

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La lactancia materna es la forma ideal de aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables, de forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida y como parte de una dieta diversificada hasta los dos años. Sin embargo, no siempre es posible. Apenas un 25% de las madres continúa dando el pecho a partir de los seis meses, según datos del Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

La nutricionista Arantxa Valverde nos aclara que la concentración de nutrientes en la leche materna difiere de unas mujeres a otras. “Dependiendo de cómo coma, beba y de qué estilo de vida tenga cada mamá, su leche va a tener una calidad u otra, es decir, una concentración correcta de nutrientes para el bebé o no”.

 

El peso que coja el niño mediante lactancia materna es una variable que influye en la posible incorporación de fórmulas infantiles adaptadas a su alimentación. “A través de la etiqueta, podemos saber qué está tomando exactamente el bebé, no solo en cantidad sino, sobre todo y más importante, en concentración de nutrientes para que el bebé no desarrolle ningún exceso ni defecto que, 'a posteriori', daría lugar a enfermedades”.

Cuando la madre no puede continuar dando el pecho o simplemente decide no hacerlo, las alternativas a través de fórmulas infantiles adaptadas son múltiples. No obstante, tanto las leches 1 o de inicio (para lactantes de cero a seis meses) como las leches 2 o de continuación (de seis a 12 meses) están reguladas en cuanto a su composición y edades recomendadas. En cualquier situación, se recomienda que siempre sea el pediatra quien indique la conveniencia de introducir o no una determinada fórmula infantil.

Leches adaptadas más allá del año de edad

A partir de los seis meses, los niños pueden comenzar a introducir progresivamente los alimentos en su dieta. Al dar este paso, se reduce total o parcialmente la ingesta de leche materna, que les aportaba todos los nutrientes necesarios para su crecimiento. Ocasionalmente, los gustos del niño o la frustración de los padres cuando a un pequeño le 'cuesta' comer (entre otros casos) provocan que su alimentación sea irregular y termine resultando insuficiente para cubrir las necesidades diarias de algunos nutrientes importantes para su desarrollo, como omega 3 DHA, hierro, vitamina D o yodo.

El 64% de los niños no consume la cantidad diaria recomendada de hierro

Según el informe 'La leche como vehículo de salud: ácidos grasos poliinsaturados omega 3', publicado por la Fundación Española de Nutrición y la Fundación Iberoamericana de Nutrición, los niños no consumen la cantidad diaria recomendada de omega 3 DHA, fundamental “en la infancia y en el desarrollo infantil, debido a que están implicados en numerosos procesos neuronales”, explica el informe.

Lo mismo sucede con el hierro. La falta continuada de este mineral puede causar disfunciones neurológicas o anemia, una disminución en el número de glóbulos rojos en la sangre. Según el Proyecto Europeo Nutrimenthe, el 64% de los niños no consume la cantidad diaria recomendada de hierro, fundamental para el desarrollo y el crecimiento. 

Por otro lado, la función renal de los bebés en esta etapa aún se encuentra en proceso de maduración y no permite procesar adecuadamente la elevada cantidad de  proteínas que contiene la leche de vaca no adaptada. Mientras que la leche materna contiene 0,9 gramos de proteínas por cada 100 ml., la leche de vaca, cuya introducción no está recomendada antes de los 12 meses, contiene hasta 3,3 gramos por cada 100 ml. Esta cantidad es excesiva para los bebés, de ahí que las leches de crecimiento presenten, en cambio, una cantidad inferior a la de la leche de vaca (alrededor de dos gramos por 100 ml.) para adecuarse al momento vital del niño. 

 

Si la alimentación del niño no es lo suficientemente completa y variada, se pueden presentar las carencias en ciertos nutrientes que ya se han mencionado. Por eso, es importante insistir en la necesidad de que la dieta del niño sea variada y equilibrada, incluyendo pescado azul y algunas fuentes de hierro como la carne roja. Además, la sustitución de leche de vaca por una leche adaptada tipo 3 o de crecimiento se considera una opción muy útil, ya que este tipo de leches contienen menos proteínas, y además incorporan omega 3 DHA, hierro y vitamina D, entre otros nutrientes, que ayudan a cubrir las necesidades específicas del niño en esta etapa tan crítica de su desarrollo.

Si nos preguntamos cuál es la cantidad diaria de leche recomendada para los más pequeños, la respuesta varía, porque depende del resto de alimentos que tomen. “A partir del año, el niño toma vegetales, fruta, cereales, huevos, carne y pescado, todos ellos cargados de los nutrientes necesarios para su día a día. En función de la cantidad que ingiera a través de estos alimentos, necesitará una cantidad u otra de leche”, reconoce Arantxa Valverde. No obstante, en esta etapa de crecimiento tan intenso, se recomienda al menos la ingesta de entre dos y tres raciones de lácteos al día.

En cualquier caso, lo más importante para que los niños crezcan sanos es ofrecerles una alimentación nutricionalmente completa y variada. En ella, los lácteos deben jugar un papel protagonista, debido a su rico aporte de proteínas, calcio y vitaminas, entre otros nutrientes, fundamentales para el crecimiento y el desarrollo de huesos y dientes. Y si además somos capaces de ofrecerlos con un perfil nutricional más adaptado a las necesidades del niño, mucho mejor.  

 

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