el partido que surgió de la nada

Las seis claves del éxito de Podemos y una reflexión sobre el futuro de la política

A la pregunta de cómo se construye un partido de la nada, el equipo de Pablo Iglesias puede dar varias respuestas válidas. Estos son sus secretos
Foto: Monedero (izq.), Iglesias (centro), Cano (detrás) y Rodríguez (dch.), celebran la victoria electoral. (Efe)
Monedero (izq.), Iglesias (centro), Cano (detrás) y Rodríguez (dch.), celebran la victoria electoral. (Efe)

A la pregunta de cómo se construye un partido de la nada, el equipo de Pablo Iglesias (entre los que se encuentran los profesores universitarios Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero o Germán Cano) puede dar unas cuantas respuestas válidas. Podemos ha sido la gran sorpresa de las elecciones europeas, en gran medida gracias a una campaña que supo administrar y poner en relación viejos y nuevos elementos de la comunicación política.

La popularidad de una figura televisiva como Pablo Iglesias sirvió para lanzar una iniciativa que encontró su base en los llamados Círculos Podemos, una estructura heredera de las formas participativas del 15-M, a los que se activó rápidamente gracias a unas primarias que tuvieron una notable repercusión. Las elecciones internas sirvieron de instrumento de participación, pero también de legitimidad.

Podemos ha sabido intervenir en el lugar donde se gestionan los consensos políticos en este país, es decir, en la televisión y en las tertulias radiofónicas

El elemento más controvertido fue la decisión de personalizar la campaña, haciendo de la figura de Pablo Iglesias el centro de la propaganda electoral. Esa apuesta fue rechazada por muchas personas de su espectro político, y encontró numerosos detractores en las redes, que veían inadecuado que un movimiento participativo se sustanciara en el personalismo. Desde Podemos argumentaron señalando el escaso tiempo del que disponían para consolidar la iniciativa y la necesidad de rentabilizar el elemento más popular y reconocible que poseían.

Los resultados parecen darles la razón, pero esa polémica ha servido para ocultar otros puntos fuertes de su comunicación política que hicieron muy visible a la formación. Entre ellos:

Han sabido utilizar la televisión

“La campaña que le han hecho a Pablo Iglesias las televisiones ha sido fantástica”, asegura Ismael Crespo, catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Murcia y antiguo director de investigación del CIS. Para el sociólogo Cesar Rendueles, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y autor de Sociofobia: El cambio político en la era de la utopía digital (Capitan Swing, 2013) esa presencia televisiva ha sido crucial, en tanto “ha sabido intervenir en el lugar donde se gestionan los consensos políticos en este país, es decir, en la televisión y en las tertulias radiofónicas. A pesar del bloqueo mediático increíble al que le han sometido algunos medios, ha demostrado que, en cuanto hay una mínima vía de discusión con la ciudadanía, se pueden hacer cosas importantes”.

Han penetrado en las capas más jóvenes de la población

Podemos ha recogido muchísimo voto nuevo, apunta Jordi Rodríguez Virgili, director del máster de Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra, “tanto de gente que ha cumplido 18 años como de electores de más edad que antes no se habían involucrado políticamente”. Pero incluso en ese sector, ha habido un posicionamiento estratégico que ha hecho que Podemos alcanzase con nitidez a su elector. “Entre politólogos y titulados universitarios ocupan más el 90% de sus listas”. Dado que hablamos de un estrato social muy castigado, explica Rodríguez Virgili, “no sólo desde el punto de vista económico, también por la falta de becas, por el desastre que es el sistema universitario y por la falta de oportunidades para los jóvenes en un país gobernado por gente mayor”, resulta comprensible la penetración que la formación electoral ha conseguido entre ese público.

Los partidos tradicionales no han elegido a personas con carisma para encabezar las listas europeas. Podemos, sí

Han utilizado las redes desde lo positivo

En un doble sentido. Las redes sociales han sido importantes en su campaña: gran parte del trabajo que han realizado en elas ha ido destinado, más allá de a convencer o a proponer, a generar la sensación de que el éxito era posible y de que gracias a iniciativas como Podemos, las cosas iban a cambiar. Pero también han sabido utilizar las redes físicas. Como señala Rodríguez Virgili, "conexiones y canales ya existentes, como los surgidos el 15-M, han sido muy bien utilizados por una formación que se apoyó en ese sustrato social para tomar el impulso definitivo".

Cuando no hay líderes, ofrecieron uno

Los partidos tradicionales no han elegido a personas con carisma para encabezar las listas europeas. Las estructuras de los partidos se han impuesto y han situado en los primeros lugares a las personas más adecuadas en clave interna, pero no a las más atractivas para los electores. No ha sido el caso de Podemos, asegura Rodríguez Virgili, que ha insistido en la figura de un líder nuevo y no contaminado. “Personificar la papeleta de voto con la cara del líder es algo que no había hecho nadie aquí. Habría que ver si eso sirvió o no sirvió, pero esa personalización es novedosa”.

Han capitalizado el descontento

Podemos ha sabido atraer a los votantes que no se identificaban con los partidos tradicionales, afirma Rodríguez Virgili, “gracias a una imagen que les hacía aparecer como una formación diferente y no contaminada y a su combinación con un atractivo tono populista”. Para Crespo, Podemos ha sumado a los descontentos con el sistema político los descontentos con Europa. Su programa es muy parecido al de Syriza, y se dejan sentir en él sus críticas a los burócratas europeos que nos aprietan. No obstante, el aspecto más interesante del voto recibido por Podemos es que “ha logrado trascender la izquierda radical y ha alcanzado incluso al centro, a gente de la clase media que está harta de los partidos, de la corrupción y del mangoneo. UPyD y ellos son los únicos que han movilizado esa clase de descontento”. VOX, que también ha contado con una buena campaña online y offline,  asegura Rodríguez Virgili, contaba con un líder que no era lo suficientemente outsider: “No era alguien de fuera que pudiera aportar la frescura que este tipo de votante demandaba”.

Dieron un mensaje claro: hay que recuperar la democracia  

Mucho más que insistir en aspectos concretos de su programa (que apenas ha sido conocido y debatido), el mensaje de Podemos ha sido el de apuntar hacia la recuperación de mecanismos de decisión colectivos. Como asegura Rendueles, “Hace cinco o seis años sólo se hablaba de democracia, con expresiones como la ‘unidad de los demócratas’ desde la política institucional. Sólo se decía 'democracia' en el consejo de ministros. Podemos ha sabido pulsar bien una nueva sensibilidad que ha recuperado esa palabra para el conjunto de los ciudadanos. Ha tejido un programa colaborativo sin dirección de expertos, como suele ocurrir; se han hecho primarias abiertas entre gente que no se conocía y ha generado la sensación de que se puede romper con el modelo partidista. Podemos es heredero de ese proceso del 15-M que pretendía cambiar la vida en común”

Lo que está en juego es algo más importante que cualquier sigla, como es recuperar la soberanía política que hemos perdido

Ese énfasis en la democracia hace que pueda haber recogido votos, explica Rendueles, no sólo de la izquierda, sino de algún votante del espectro de UPyD, que tampoco ve con buenos ojos la lógica partidista tradicional. Lo que está en juego es algo más importante que cualquier sigla, como es recuperar la soberanía política que hemos perdido”.

La reflexión: ellos sí han sabido leer la verdadera fractura política

Estas elecciones marcan un punto y aparte que ha dado lugar a dos escenarios, aventura Crespo. “En la derecha se ha producido una fraccionalización del voto que es posible que se reconduzca por el PP, dado que iniciativas como VOX no tienen recorrido. Pero en la izquierda hay otro contexto, mucho más fragmentado, en el que están por una parte el PSOE e IU, y por otra el nuevo votante de izquierdas, que es donde se sitúa Podemos. Si la izquierda tradicional no se saca de la manga un Pablo Iglesias bis, va a ser muy difícil que recupere su sitio. El problema es que son partidos muy viejos, de la Transición. Quizá el PP no necesita tanta renovación porque ya hizo su travesía del desierto, pero los socialistas sí. Y si no la hacen, la izquierda tradicional se quedará con la mitad del electorado y la moderna con la otra mitad”. 

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