El ratón saltamontes sureño (Onychomys torridus) vive en el desierto al sur de Arizona y Nuevo México (EEUU). Es un certero depredador, con potentes garras, que se alimenta de saltamontes, grillos, escarabajos, arácnidos y hasta pequeños vertebrados. En su menú habitual también se encuentra el escorpión de corteza de Arizona, un peligroso alacrán de la familia de los Centruroides, conocido por su letal picadura que, para su desgracia, no tiene ningún efecto en el ratón saltamontes.

Cuando el ratón saltamontes se acerca a un escorpión, y recibe una picadura de éste, se lame la herida uno o dos segundos y, en vez de salir corriendo o retorcerse de dolor, como haría cualquier mamífero (incluido un humano), se lanza sobre este y se lo desayuna: ha desarrollado una resistencia única al veneno del escorpión que le permite alimentarse de estos sin apenas sentir su aguijón.

Un grupo de investigadores liderado por la neurobióloga Ashlee R. Rowe, de la Universidad de Texas en Austin, ha descubierto el mecanismo por el cual estos ratones son inmunes al dolor infligido por el escorpión lo que, aseguran, podría abrir la puerta a la creación de todo un nuevo catálogo de analgésicos para humanos, altamente selectivos y no adictivos. Su hallazgo ha sido publicado hoy en la revista Science.

Una extraña y rarísima ventaja evolutiva

El dolor no es más que una señal producida por nuestro sistema nervioso para indicarnos que estamos sufriendo algún daño: las heridas no duelen por capricho, duelen para que nos demos cuenta de que las tenemos y hagamos algo para que no vayan a más. Los receptores del dolor, o nociceptores, son un elemento esencial para la supervivencia. Los humanos que son insensibles al dolor tienen lesiones constantemente (porque nada les avisa cuando, por ejemplo, adoptan una posición corporal erronea) y cualquier animal que tiene dañada la habilidad para percibir el dolor acaba muerto en cuestión de horas.

Apenas existen depredadores que sean resistentes a los venenos de sus presasMuchos animales, como las medusas, las arañas o los escorpiones, han sabido aprovecharse de la necesidad de todas las especies para sentir dolor. Así, cuando un depredador les ataca, responden con un veneno que induce un dolor extremo: su atacante se retuerce y les da tiempo a escapar. Además, a largo plazo, el depredador aprenderá a evitar los encuentros con estas presas que, sabe, infligen un tremendo daño.

La evolución le juega una mala pasada a los depredadores que se enfrentan a diario a presas venenosas. Si bien podría esperarse una contra-selección en el depredador, que le permitiera desarrollar un umbral de dolor más elevado, esto podría aumentar el riesgo de lesiones y muerte por otras agresiones ambientales. Es por ello que apenas existen depredadores que sean resistentes a los venenos de sus presas. El ratón saltamontes es la excepción que confirma la regla y es debido a que ha desarrollado un mecanismo increíblemente sofisticado: sólo bloquea la señal de dolor cuando le pica un Centruroide. Ha desarrollado, en definitiva, un resorte analgésico selectivo y tremendamente efectivo.

El ratón saltamontes merendando un escorpión de corteza. (Matthew y Ashlee Rowe)El ratón saltamontes merendando un escorpión de corteza. (Matthew y Ashlee Rowe)

Un hallazgo con importantes implicaciones terapéuticas

Los investigadores realizaron una serie de experimentos para averiguar cómo la toxina del escorpión podía inhibir el dolor en el ratón saltamontes. El veneno actúa sobre dos receptores del dolor bien conocidos en los mamíferos: NaV1.7 y NaV1.8, dos canales de sodio dependientes de potencial, un complejo de proteinas presente en la membrana de las neuronas. El veneno del escorpión activa el NaV1.7 en los ratones comunes, pero no en los ratones saltamontes. Además, el canal NaV1.8 de los ratones saltamontes tiene una secuencia de aminoácidos diferente que se une a las toxinas del escorpión e inhibe los canales de sodio adyacentes, incluido el NaV1.7. Esto hace que el veneno provoque un efecto analgésico que reduce el dolor que resulta de cualquier daño posterior, algo que tiene importantes implicaciones médicas.

Los investigadores han descubierto, además, que el mecanismo que utiliza el ratón saltamontes es muy similar al de la rata desnuda africana (o rata topo), que vive casi sin oxígeno, en colonias subterráneas y es inmune al dolor provocado por las quemaduras del ácido

Las investigaciones conjuntas sobre estas dos especies podrían ayudarnos a desarrollar nuevos analgésicos, más potentes y, lo que es más importante, más selectivos. En un comentario sobre la investigación publicado también en Science, el neurocientífico alemán Gary R. Lewin destaca las implicaciones médicas del hallazgo: “Las compañías farmacéuticas están muy interesadas en desarrollar nuevos fármacos analgésicos que hagan lo que la toxina del escorpión de corteza hace en los ratones saltamontes: prevenir el dolor. El desafío reside ahora en identificar los cambios en la secuencia de aminoacidos de los canales que han permitido que estas dos especies se adapten a sus entornos únicos. La ingeniería genética ofrece la posibilidad de practicar la genética inversa en ratones de laboratorio y los farmacéuticos podrán aprovecharse de los millones de años de selección natural encontrando nuevos enfoques en el desarrollo de medicamentos que apunten a dianas tan importantes como los canales de sodio”.