casi 13 millones de reproducciones en youtube

Estas son las pruebas de la evolución que puedes encontrar en tu propio cuerpo

El canal de YouTube Vox ha elaborado un vídeo donde se explican algunas de las pistas evolutivas que aún permanecen en nuestro organismo

Foto: Pruebas de la evolución que puedes encontrar en tu propio cuerpo
Pruebas de la evolución que puedes encontrar en tu propio cuerpo

Su objetivo es acercar los 'misterios' de la ciencia a la población de una manera comprensible, lejos de impronunciables términos o complejas fórmulas. Y vaya si lo ha conseguido. El canal de YouTube de la web estadounidense Vox, centrada en la meta anteriormente citada, ha llegado a casi 13 millones de personas con un sólo vídeo. En una semana, 'Proof of evolution that you can find on your body' ha llamado la atención internacional por la viralidad que ha conseguido explicando cómo ha evolucionado el cuerpo humano.

El paso del tiempo ha provocado que la humanidad haya cambiado su fisionomía para adaptarse al entorno, bien añadiendo o perdiendo características. En el último grupo se encuentra, por ejemplo, el tendón –llamado 'palmaris longus'– que sobresale por la parte interna de la muñeca al unir los dedos pulgar y meñique y retraer la mano hacia la cara. Aunque la mayoría de la gente sigue manteniéndolo, hay quien ya no lo tiene y puede realizar su vida con normalidad. No se asuste: si el cuerpo humano no ha insistido en continuar con él, es porque no lo necesita.

Estas son las pruebas de la evolución que puedes encontrar en tu propio cuerpo

Este tipo de pérdidas se relaciona con los órganos vestigiales, nombre con el que se conoce a las partes del organismo que han desaparecido o están en proceso de extinción. Que algunas personas puedan mover las orejas es otra clara muestra de ello –habilidad 'descendiente' de la característica de los animales para poder enfocar sus pabellones auditivos hacia los lugares de donde provienen los sonidos–, así como el hueso del coxis que antaño desembocaba en las colas de los primates, ratones o cocodrilos. 

Por el contrario, entre los comportamientos que han continuado lo largo de los siglos puede encontrarse la reacción de 'carne de gallina'. El nervio horripilador es el responsable de que se nos pongan los 'pelos de punta' y, aunque cada vez su función es menos efectiva porque cada vez tenemos menos vello corporal, su objetivo es conseguir que se cree una capa aislante entre la piel y el aire exterior para lograr mantener la mayor cantidad de calor posible. Por eso, cuando tenemos frío, es muy probable que el cuerpo reaccione de esta manera en un intento por autoprotegerse. 

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