una gran variedad de posibilidades de ocio

No solo fiordos y auroras boreales: Noruega, como nunca la habías visto

Noruega es uno de los destinos naturales y urbanos más bonitos de toda Europa. Sus famosos fiordos y la belleza de sus ciudades son símbolo de un viaje que no olvidarás

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Cerrar los ojos e imaginar un viaje a los fiordos noruegos es como transportarte a paisajes increíblemente bellos y horizontes repletos de vegetación. Estos maravillosos entornos forman parte de los atractivos de esta nación escandinava donde, además de auroras boreales y golfos glaciares entre montañas abruptas, es posible disfrutar de otras singularidades. Para que la espléndida economía noruega no dé al traste con el viaje y el destino sea lo más económico posible, lo mejor es conocer sus secretos a bordo de un tren o un ferri para abaratar costes, mientras te deleitas con su impresionante horizonte.

La agencia de viajes Pangea recomienda que, durante tu exploración del territorio noruego, no dejes a un lado la visita a la capital. Para responder a la pregunta de qué ver en Oslo, hay que recordar que, a pesar de no ser una ciudad excesivamente grande, ofrece una gran variedad de posibilidades de ocio como, por ejemplo, la Isla de los Museos. En esta zona oslense —que en realidad se llama península de Bygdøy y a la que se accede tras un paseíto en barco o autobús de 15 minutos— se ubican cuatro colecciones de gran importancia para el país: el museo de barcos vikingos; el museo del navío polar Fram, construido en 1892; el museo Kon-Tiki y la famosa embarcación que cruzó el Pacífico desde Perú a la Polinesia, y un museo folclórico al aire libre.

Volviendo al centro de Oslo, la postal más repetida de la ciudad es la que se toma frente al ayuntamiento. Inaugurado a mediados del siglo XX, su principal característica es que sirve como lugar de celebración de la ceremonia del Premio Nobel de la Paz. Tan solo cinco minutos de paseo harán falta para transitar frente a la Ópera o por la calle comercial con más vida de la capital noruega, la Karl Johans Gate, donde se puede disfrutar de un piscolabis en alguno de sus locales o comprar un marcapáginas ilustrado con 'El grito' de Munch.

Este cuadro, considerado como una de las obras más importantes del expresionista Edvard Munch, descansa en las paredes de la Galería Nacional junto a otros lienzos tan destacados en el mundo del pincel como la 'Madonna' del mismo autor o pinturas firmadas por El Greco, José de Rivera, Matisse, Picasso, Monet, Renoir, Cézanne o Van Gogh. Bajo los muros de este museo es posible disfrutar de esculturas talladas por importantes nombres, aunque esta disciplina artística adquiere su máxima expresión en las figuras que decoran el Parque Vigeland.

Este pulmón verde de Oslo es el más importante de la ciudad y en él se pueden contemplar estatuas que representan el ciclo de la vida en sus distintas etapas. El nacimiento, la infancia, la adolescencia y la etapa adulta forman parte de las esculturas que Gustav Vigeland regaló a la capital de Noruega. La muerte, por supuesto, también tiene cabida en esta 'exposición permanente' donde las formas femeninas y masculinas aparecen desnudas en un intento por hacer atemporales los momentos que escenifican.

Comienza la ruta a través de la naturaleza

Tras este paseo 'a voluntad' por Oslo, la naturaleza noruega estará deseando hacer aparición en tu viaje. Para ello, nada mejor que viajar hasta Myrdal sobre raíles, ciudad que actúa como 'puente' para tu siguiente destino, el pueblecito de Flåm, al que llegarás después de coger el tren cremallera que te trasladará a través de un valle de increíbles vistas con tonos esmeralda. En esta localidad, los amantes del deporte al aire libre encontrarán un lugar ideal para practicar su ejercicio favorito, pues en sus alrededores se realizan rutas de 'trekking', senderismo o incluso actividades adrenalínicas —como montar en lancha rápida vestido con un traje contra el frío para recorrer el Fiordo de los Sueños—.

Un brazo del Sognefjord —nombre noruego del Fiordo de los Sueños, el más largo de Europa— servirá de caudal para recorrer en ferri el trayecto que lo separa de Balestrand. Esta localidad de casitas de madera es perfecta para realizar deportes de agua como el kayak o el piragüismo sobre las aguas del fiordo poniendo a prueba tu fortaleza física. Tus músculos se relajarán al subir a bordo del barco que recorre el Sognefjord rumbo a la segunda ciudad más grande de Noruega: Bergen.

Que no falte el paraguas en tu maleta, pues en esta urbe vikinga se registran más de 300 días de lluvia al año. A pesar de que las precipitaciones pueden 'pasar por agua' tu estancia en Bergen, no dejes de conocer el famoso barrio de Bryggen —Patrimonio de la Humanidad— y sus coloridas casas. Además, en su mercado de pescado de vez en cuando se ha escuchado hablar español: el asturiano que ostenta el récord de haber sido el primero en llegar sin compañía a la Antártida a lomos de una 'fatbike' trabajó en uno de los puestos. Se llama ‘Juan sin Miedo’ y no dudó en entremezclarse con salmones y cangrejos para financiar sus aventuras.

El mejor 'púlpito' para admirar los fiordos

A 20 minutos en coche desde Stavanger se encuentra uno de los lugares naturales más impresionantes de Noruega. Para acceder a Preikestolen, como así se llama esta formación rocosa al sudoeste del país, es necesario subir una pendiente a más de 600 metros sobre el nivel del mar que lleva unas dos horas y media de travesía.

Pero el esfuerzo —al que hay que sumar otros 150 minutos de bajada— merece, sin duda, la pena. Desde lo alto de este 'púlpito' natural se contempla la belleza del Fiordo de la Luz —Lysefjord, en noruego— sobre una roca que no protegen ninguna valla ni elemento de seguridad. Preikestolen es uno de los destinos turísticos más populares del país, por lo que una visita a esta región ubicada al norte de Stavanger es una idea de lo más acertada.

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