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La pluma que quería silenciar un ‘triunfo’

OT, la cara oculta (2005) no es el actual Premio Cervantes, ni ha logrado el Pulitzer. En verdad, no lo han dejado optar a ello. Pero sí

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La pluma que quería silenciar un ‘triunfo’

OT, la cara oculta (2005) no es el actual Premio Cervantes, ni ha logrado el Pulitzer. En verdad, no lo han dejado optar a ello. Pero sí es el primer libro de la historia de la democracia española que fue secuestrado judicialmente sin que se conociese su contenido y aun sigue sin ver la luz. Su autor, el periodista Wayne Jamison, prefiere olvidar esa parte de su carrera profesional y pasar página. Creía que lo había conseguido, pero su inquisidorle ha devuelto a la palestra. Esta vez ha sido su inquisidor, la productora Gestmusic, el que ha sido censurado por su querida audiencia.

El pasado 15 de febrero, Telecinco informaba a través de un comunicado el final de Operación Triunfo. Tras ocho temporadas en la caja tonta, el célebre programa se despedía el pasado 20 por la puerta de atrás, con un 14,7% de share, que anhelaba aquellas cifras de las primeras ediciones. Jamison (Rota, 1970) conoce perfectamente aquellos ansiados años de éxito y celebridad del reality, y no por ser un devoto fan del programa ni mucho menos. Pero sí se ha llegado a vivir los entresijos del lado más oscuro del concurso. Y todo gracias a estar en el momento justo y en el lugar adecuado.
En una entrevista a El Confidencial, Jamison confiesa que la idea de escribir un libro sobre OT nació a raíz de su inquietud por hacer llegar al público unos documentos que ponían en evidencia la limpieza del reality show.  “Por diferentes circunstancias, conozco a una ex concursante de la primera edición, con la que mantuve una relación de amistad. Y esto me permite conocer a gente que estaba relacionada con ellos, otros concursantes, ex concursantes, productores, familiares, etc”, afirma. Estas relaciones le permiten ser testigo directo de algunos acontecimientos que describe en el libro secuestrado.
“Muñecos rotos”
Contratos fantasma, moobing psicológico a los concursantes, cláusulas de confidencialidad… son sólo algunas de las denuncias de aquellos primeros participantes. Algunos como Naím Thomas decidieron dar la cara y hacerse oír. “Él no ha sido el único que lo ha hecho, pero sí posiblemente el primero en declararlo abiertamente”, asegura el periodista. Incluso, los familiares se implicaron en la investigación, caso de la madre del citado cantante, coautora del libro. Según ella, le avanzaron en su día la fecha de expulsión de su hijo antes de echarle. Éste es sólo un caso de tantos de las irregularidades del sistema de votaciones. Un sistema por el que el escritor “no pondría la mano en el fuego”.
No obstante, tal era el poder de Gestmusic en aquella época que ciertos testigos prefirieron ocultar su identidad. “Por aquel entonces en que los ex concursantes aún estaban ligados de una manera o de otra a la productora o a algunas de sus sociedades, por lo que es compresible su actitud”, declara. Además, a esto había que añadir que “los casos que yo he conocido en primeras ediciones no tenían copias de sus contratos, con lo cual no sabían muy bien de qué defenderse o hasta dónde podían llegar”.
Esta realidad quiso mantenerse escondida, pese a atentar contra “mi libertad de expresión”. Al menos era lo que quería la productora. Eso le valió a Gestmusic  500.000 euros. Una fianza impuesta por el juez para amainar los daños a la editorial del libro, Arcopress, y al propio escritor.
David contra Goliat
Jamison confiesa al diario no haber recibido jamás ninguna amenaza. Sólo mensajes de terceros como “Cuidado dónde te metes” y “Es David contra Goliat”. Eso sí, conoce el caso de un colega de profesión, Bosco Palacios, que entonces, si recibió requerimiento por parte de la productora para que dejase de publicar una serie de documentos que yo le fui dando y una serie de entrevistas para su serial en Periodista digital. Esa vez, la justicia les dio la razón.
Una alegría que le dio impulso para seguir con su investigación. Dos años después nacería su segundo libro Investigando… OT (2007) -el primero en su currículo-, coincidiendo con la compra del formato de Telecinco a TVE. OT comenzaba así una nueva etapa: más caras juveniles, nuevas voces que explotar y la misma reivindicación: la desigualdad que reinaba en el backstage.
Pagar por cantar

El programa ya no era tan rentable como en la primera edición. “Si  nos trasladamos a esos años OT tenían desde las llamadas, que fue una locura la cantidad de gente que votaba por teléfono para apoyar a uno u otro concursante, los discos, los conciertos, el merchadaising… Tenían más oportunidades de explotar el negocio y de hacerlo muy rentable, porque OT, en su momento, fue muy rentable”, asevera Jamison. Pero ¿cómo de rentable era para los triunfitos? Además de tener una cantidad fija por permanencia en el concurso –unos 42 euros-, “ellos cobraban entre 700 euros por gala”. Según el periodista, los chavales se llevaban 27 céntimos por cada disco en solitario vendido –con un precio de 12 euros-.

En cuanto a los conciertos, hubo un caso en el que el triunfito tuvo que pagar por ofrecer un concierto. El evento tuvo lugar en la provincia de Tarragona, en el verano de 2002, y el cantante contaba con “un caché de 18.000 euros”, según el autor. “Como la productora o la sociedad que explotaba a los chavales se llevaba el 30%, los gastos de seguridad, bailarines, etcétera, corrían a cargo del chaval todos los gastos. Esos contratos de bailarines y seguridad los negociaba directamente la Academia de artistas, que es la sociedad que se creó para la explotación de todo esto, y a los precios que ellos fijaban con lo que el chaval no tenía posibilidad de negociar y tenía que asumir los precios fijados”. De esta manera, se dio la circunstancia de que al cantante le costó subir a un escenario 1.304 euros

Un fracaso anunciado
Hace unos días la directora de Programación y Contenidos de TVE, Lola Molina, afirmaba que la cadena pública “no había matado” el formato y que no estaba dispuesta a rescatar un programa ya deteriorado. Entonces, ¿quién es el culpable del fracaso de esta edición y de su definitivo final? Jamison, por su parte, no señala a un verdugo concreto, pero sí una serie de causas: saturación de la audienciamala ubicación en la parrilla, falta de innovación y la ausencia de un personaje clave en las últimas ediciones: el publicista Risto Mejide.
Sin embargo, algunos miembros de la Academia y del jurado no tuvieron reparos en apuntar al consejero delegado de la cadena privada, Paolo Vasile, como la razón del fiasco de la octava temporada. Una muestra de la mala relación entre productora y Telecinco, que se dejo ver en la gala final.
Duras críticas, partituras con doble intención, algunas caras muy conocidas, otras no tanto,  y algunos olvidados que ni se les echo en falta. Quizás el hecho de que Gestmusic, aquella que explotó su ingenuidad y dejó afónicas sus voces, les obligase a costearse el viaje y el alojamiento, hizo que a algunos se les quitase las ganas de acudir a la gala.
Esa noche, la del 20 de febrero, significaba el final del reality. Un adiós que dejaba en la cuneta a otros 17 ‘triunfitos’ sin una ilusión por cumplir y con un Toni Cruz, directivo de la productora, dispuesto a rescatar su obra maestra. No se sabe cómo, ni dónde. Pero quiere continuar su sueño.

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