Respiradores veinte veces más baratos: la idea española para frenar el covid en Latam
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cerca de diez empresas se unen

Respiradores veinte veces más baratos: la idea española para frenar el covid en Latam

Frente a los 20.000€ que cuesta un respirador, un ingeniero español ha liderado el desarrollo y fabricación de 100 respiradores de 1.000€. Un primer lote ha ido a Ecuador y preparan nuevos envíos

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Respiradores veinte veces más baratos: la idea española para frenar el covid en Latam

Todo empezó en marzo de este año, cuando el ingeniero industrial Enrique Ramírez, fundador de la empresa Ennomotive, empezó a ver la falta de material sanitario para luchar contra el covid que había no solo España, sino sobre todo en otros países con muchísimos menos recursos. Fue entonces cuando se le encendió la bombilla y empezó a darle vueltas a una idea: fabricar un respirador de bajo coste para países a los que les hiciera falta de verdad.

El 18 del mismo mes, la empresa lanzó un concurso en su web dirigido a desarrolladores. Todos ellos tenían que plantear un modelo de respirador con cuatro requisitos imprescindibles: que fuera barato de producir, que fuera efectivo para pacientes de covid en UCIs, que fuera escalable y que recurriese a materiales sencillos y alejados de la especulación actual de los mercados. En una semana recibieron cerca de 50 propuestas y se quedaron con la del británico Frede Jensen, con una larga experiencia en el sector sanitario y que en su momento desarrolló un respirador para neonatos.

Foto: OxyVita.
Foto: OxyVita.

Objetivo: un respirador de 1.000€

Enrique Ramírez y su equipo se marcaron un propósito: conseguir un respirador cuyo coste de elaboración no superara los 1.000 euros. Ya tenía hasta el nombre: OxyVita. Durante el camino fue contactando con varias empresas e instituciones que ayudaron tanto donando fondos como colaborando en el desarrollo y las pruebas científicas y médicas. Esta aventura ha contado con la participación de Ennomotive, Lyntia, Vithas, McFly Technologies, la Universidad San Francisco de Vitoria, la Universidad Católica de Valencia, Capital Energy, RiverGo Advisors, Fundación Vithas y la Fundación Ingenieros ICAI.

Entre todas han conseguido elaborar un dispositivo que en sus primeros pasos rondaba un precio de elaboración de 1.800 euros y que a día de hoy no alcanza los 1.000 euros. Este precio se encuentra muy por debajo de los 20.000 euros que, de media, puede llegar a costar un respirador en el mercado. El gobierno español, sin ir más lejos, llegó a pagar 3,31 millones de euros por 144 respiradores, a cerca de 23.000 euros la unidad.

Una vez desarrollado el respirador, los últimos pasos han llegado en estos meses: en mayo el equipó empezó las pruebas para la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) en modelos humanos y luego en modelos porcinos, tal y como marca el protocolo. En junio llegaron las terceras pruebas, de seguridad eléctrica, y en julio se solicitó la autorización para realizar ensayos clínicos con humanos con OxyVita. El visto bueno de la Agencia llegó el pasado jueves. Todo este proceso, asegura Ramírez, se ha llevado a cabo "sin ánimo de lucro".

Foto: OxyVita.
Foto: OxyVita.

Así funciona el respirador

El respirador diseñado y desarrollado por este grupo de empresas e instituciones tiene varias particularidades. Para empezar "es escalable, porque usa válvulas de apertura y cierre, que son componentes disponibles en el mercado. Tiene un doble procesador que regula el ciclo de respiración de una persona intubada: un sistema controla ese ciclo, mientras que otro ejerce de 'perro guardián' ('watch dog'), vigila que todo funcione correctamente, y si no lo hace, lanza una alarma".

El dispositivo está pensado "para un uso en enfermos críticos y para intubación en UCIs. Por el momento Enrique Ramírez y su equipo van a fabricar 100 respiradores y la mitad ya tiene destino: Ecuador.

Gracias a la intermediación de Ayuda en Acción, 50 respiradores OxyVita llegarán a manos del Ministerio de Salud Pública de Ecuador. En conversación con este diario, Fernando Mudarra, director general de la ONG, asegura que los respiradores "en un primer momento serán utilizados mayoritariamente en el área metropolitana de Quito, donde el incremento del número de contagios está siendo muy alto. Algunos de ellos irán a zonas en el interior del país para dotar mínimamente centros de salud locales y regionales".

De cara a un futuro próximo, la ONG está manteniendo conversaciones con otros países de Latinoamérica para ofrecer estos respiradores. Los contactos están siendo especialmente estrechos con el gobierno de Bolivia, pero también se apunta a Honduras o Perú. De hecho, por ahora los desarrolladores no se han puesto techo: "Queremos seguir fabricando respiradores en la medida en que se necesiten y llevarlos a otros países a corto plazo, en regiones afectadas como algunos países africanos o incluso en España". A largo plazo "hay empresas que quieren llevarlo al mercado, pero este es un respirador solidario, así que queremos hacerlo asegurándonos de que no vaya a haber especulación", asegura Ramírez.

Ecuador y Bolivia, en estado crítico

La situación de covid en Latinoamérica es dramática. La región ocupa varios de los primeros puestos en casos y muertes por la pandemia y, lo que es aún peor, cuenta con muchos menos medios que otros países como los occidentales o Estados Unidos. En Ecuador, por ejemplo, Quito acumula más del 10% de positivos y ha tenido que instaurar un toque de queda e incluso una prohibición de consumo de alcohol.

"Si bien se han producido importantes avances en los últimos años en la salud, aumentando el presupuesto del Estado y realizando una importante inversión en infraestructuras, equipamientos y aumento de sueldos del personal de salud", asegura a este diario Mudarra, "todavía queda mucho camino. Para 2020 el presupuesto de salud es 3.888 millones de dólares, que no cubre las necesidades actuales ante el alto nivel de contagio. Solo por aportar un dato, el país cuenta solo con 1.183 camas de UCI, insuficientes para dar tratamiento adecuado". Lamentablemente, recuerda, "es una situación que se repite en otros países latinoamericanos".

Bolivia no está mucho mejor, precisamente. El covid no solo ha llegado al propio gobierno (la presidenta interina, Jeanine Áñez, ha estado contagiada), sino que además el país se ve incapaz de asumir la crisis sanitaria: ha tenido que indultar a los presos mayores de 58 años para descongestionar las cárceles, los hospitales rechazan a enfermos por no poder atenderlos e incluso hay muertos que se agolpan en la calle por no poder ser enterrados.

Además, el país compró respiradores procedentes de España por un precio tres veces superior al real. A todo ello se suma la proximidad de las elecciones, que iban a celebrarse el 6 de septiembre pero que, por miedo a la pandemia, se han trasladado al 18 de octubre ante la posibilidad de disturbios en las calles que pudieran aumentar todavía más los contagios.

Mudarra recuerda que "el gasto público en salud en España es de 79.315,8 millones de euros, lo que equivale al 6,37% del PIB de 2019, mientras que en el conjunto de América Latina en 2018 fue del 2,2% del PIB. Esto da lugar a menos capacidades para atender una enfermedad nueva que conlleva dramáticas consecuencias y unos tratamientos muy especializados. Por lo tanto, no hay una preparación para afrontar una curva de contagios como el que se está viviendo".

A las capacidades en materia de salud "hay que añadir el nivel de desigualdad de ingresos existente en las sociedades latinoamericanas. Pese a sus avances económicos y sociales de los primeros años de este siglo, América Latina aún es la región más desigual del planeta, según se demuestra en los últimos informes de la CEPAL o el PNUD. Esta desigualdad conlleva que millones de personas no puedan acceder a servicios básicos, como la salud, la educación e, incluso, a una vivienda digna o directamente a una alimentación adecuada. Millones de personas expuestas ahora a una enfermedad que no pueden enfrentar".

Es en este contexto donde Enrique Ramírez, junto a su equipo y el resto de instituciones colaboradoras, ha decidido poner su particular gran de arena para echar una mano en la lucha contra el covid a las regiones más desfavorecidas del mundo y, con suerte, a todas las demás que puedan venir por delante.

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