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Cómo ganarse la vida a los 23 años con las cartas (inexistentes) de un videojuego
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'Hearthstone' es un videojuego gratuito

Cómo ganarse la vida a los 23 años con las cartas (inexistentes) de un videojuego

Se ha convertido en un fenómeno global del videojuego. Este título gratuito ha alimentado a una generación de jugadores capaces de ganarse la vida gracias a él

Foto: Un grupo de jugadores de 'Hearthstone' se reúnen en un evento de Blizzard. (Reuters)
Un grupo de jugadores de 'Hearthstone' se reúnen en un evento de Blizzard. (Reuters)

Victor Combret tiene 23 años. Este francés, consultor estratégico, acaba de finalizar un máster y está poniendo los cimientos para construir "una compañía de robótica con un grupo de científicos". Pero Combret no tiene un trabajo convencional en la actualidad. Hasta que la compañía eche a andar, Víctor se gana la vida dando clases y jugando a torneos de un videojuego de cartas que no existen en el mundo real. Esas cartas, su principal fuente de ingreso, son enteramente virtuales. Víctor no puede, ni podrá, palparlas con sus manos.

"Hearthstone es mi principal fuente de ingresos en la actualidad aunque nunca ha sido un objetivo ni me he planteado ganarme la vida con ello", explica Combret a Teknautas. Den es el nick por el que se conoce a Víctor en el juego lanzado por Blizzard —creadores de World of Warcraft— el año pasado y que se ha convertido en una de las sensaciones de la industria.

Según cifras del portal Statista, Hearthstone fue el séptimo título más jugado del pasado mes de noviembre, justo por detrás de Minecraft, y por delante de Diablo III, Grand Theft Auto V o FIFA 16. La consultora SuperData cifró el pasado mes de agosto en 20 millones de dólares los ingresos que el juego genera cada mes. Un videojuego que es gratuito y cuyo modelo de negocio se basa en la compra de sobres que van desde algo más de dos euros por un par hasta cerca de 42 para el pack de cuarenta. Las partidas, de pocos minutos de duración, enfrentan a dos jugadores que deben crear una baraja con 30 unidades.

La aventura de Combret con Hearthstone comenzó el día en el que se encontró con otro jugador francés. Den había llegado casi a lo más alto del rango competitivo —estaba en el décimo puesto del nivel leyenda en Europa, el más elevado al que se puede acceder en un mes natural— cuando su rival le hizo una oferta: "Le gustó mi baraja y me dijo que podría estar en un equipo. Me dio el contacto de su manager, que estaba a la caza de jugadores, y desde entonces formo parte del equipo. Pero no tenía ni idea de que podía jugar a ese nivel antes de aquel encuentro".

Combret ha llegado a embolsarse más de mil euros al mes gracias a las clases de Hearthstone

Los ingresos de un jugador de videojuegos profesional todavía están lejos de los lujos que la prensa especializada vende a menudo. "En España es muy difícil saber cuánto gana un jugador porque nadie suelta prenda —ilustra Sergi Mesonero, director de la Liga de Videojuegos Profesional, la organización española más importante de eSports—. Un jugador en un club español, y sólo hay dos o tres, se embolsa entre 200 y 300 euros al mes. Los premios, que son el gran incentivo, van aparte".

En el caso de Combre, ese complemento de su salario son las clases particulares que imparte a través de la web eGG-one School. "Actualmente gano entre 600 y 800 euros al mes sólo con las clases. También escribo guías para crear barajas y juego en torneos, lo que me supone un bonus. El pasado verano tuve mis meses más prolíficos, gané más de mil euros en julio y en agosto. Supongo que sucedió porque la gente tenía más tiempo libre", relata.

Jérémy Cahen, CEO y cofundador de eGG-one tuvo la idea después de haber organziado "un torneo de StarCraft 2 con los 16 mejores jugadores de Francia". Cahen explica a Teknautas que esos mismos jugadores daban clases de manera particular y ese negocio paralelo comenzó a crecer hasta el punto de que los propios jugadores le pidieron que "creara una plataforma para organizar su actividad y hacer que el negocio creciera".

Fue en ese momento cuando decidieron montar una plataforma en la que un usuario cualquiera puede recibir lecciones de jugadores profesionales. Los precios los marca el propio profesor. En el caso de Combre, la hora se paga a doce euros aunque hay descuentos en función de las clases contratadas: un bono de 15 horas se queda en 120 euros.

El modelo de negocio de eGG-one consiste en quedarse con un tanto por ciento de cada clase. "Se dan entre 2.000 y 3.000 horas al mes y nos embolsamos un 15%", enumera Cahen. En la actualidad, la plataforma cuenta con más de 1.500 profesores registrados aunque sólo hay dos que den lecciones en castellano.

Dedicación exclusiva

Convertirse en jugador profesional de videojuegos no es un logro que se consiga de la noche a la mañana con un par de partidas por la tarde al regresar del trabajo. "No sólo hay que jugar. También hay que estudiar —apunta Mesonero—. Tienes que analizar partidas y leer muchísimo. Dedicarle a ese aspecto, cómo mínimo, cuatro horas al día. Y luego no basta con jugar, tienes que ir a torneos, campeonatos, jugar partidas por dinero, retransmitir tus enfrentamientos para darte a conocer. Un jugador completamente dedicado tiene que emplear entre ocho y diez horas al día".

Esteban Serrano se ha embolsado 13.000 euros gracias a sus resultados en torneos durante el último año

Uno de esos jugadores españoles, quizá el mejor del momento, es Esteban Serrano. A sus 26 años, AKAWonder, como se le conoce, forma parte de SK Gaming, "un club alemán que tiene jugadores de toda Europa, Asia y América", ilustra Mesonero. Romero se convirtió en el mejor jugador español de Hearthstone cuando en diciembre de 2014 se impuso en Gamergy, un torneo a nivel nacional. "Ahí empecé a darme cuenta de que los éxitos que estaba cosechando no eran casualidad", afirma.

Serrano no puede desvelar el sueldo que percibe en SK Gaming aunque ofrece algunas pistas: "No es ninguna barbaridad. El director de un banco cobraría más que yo. El ciudadano medio en España, menos". Consultado al respecto, Mesonero cifra en 15.000 euros lo que se puede percibir en este nivel pero advierte: "No son cifras concretas, pero es lo que se suele mover en la industria".

El campeón español no se dedica a la docencia pero sí obtiene complementos salariales por otras actividades. Ha ganado 13.000 euros en torneos en el último año, suma otros 3.600 al año por retransmitir sus partidas y tiene otros patrocinadores: "Tengo uno personal y la ganancia es variable. Depende del número de horas que dedique a jugar. Cobro 60 euros por cada partida contra un famoso y un fijo de 2.400 al año"

Pero Serrano, como Combret, es consciente de que vive en un entorno tan competitivo que su estilo de vida depende del rendimiento en el tablero virtual de un juego protagonizado por cartas que jamás podrá tener entre sus manos.

Victor Combret tiene 23 años. Este francés, consultor estratégico, acaba de finalizar un máster y está poniendo los cimientos para construir "una compañía de robótica con un grupo de científicos". Pero Combret no tiene un trabajo convencional en la actualidad. Hasta que la compañía eche a andar, Víctor se gana la vida dando clases y jugando a torneos de un videojuego de cartas que no existen en el mundo real. Esas cartas, su principal fuente de ingreso, son enteramente virtuales. Víctor no puede, ni podrá, palparlas con sus manos.

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