LA CRISIS HA AFECTADO AL SECTOR A PARTIR DE 2010

La burocracia y los costes excesivos ahogan a los inventores españoles

Tramitar una solicitud de patente en España tiene un coste aproximado de 3.000 euros, y el proceso de concesión alcanza los 22 meses. La nueva ley de 2017 endurecerá los requisitos de patentabilidad

Foto: Un submarino que analiza la calidad del agua fue uno de los inventos de la Feria de los Inventos de la Universidad Politécnica de Valencia de 2013. (EFE)
Un submarino que analiza la calidad del agua fue uno de los inventos de la Feria de los Inventos de la Universidad Politécnica de Valencia de 2013. (EFE)

Cuando el inventor Pedro Monagas llegó con su hijo recién nacido a casa, el bebé no paraba de llorar y, en lugar de buscar el porqué en libros o en foros de internet, decidió crear un traductor de lloros que le permitiese entender qué le pasaba a su hijo. Lo primero que hizo este doctor en ingeniería biomédica y profesor en la Universidad Politécnica de Cataluña fue preparar un registro de los tipos de lloro y de las circunstancias en que se producían, pero decidió ampliar la muestra, por lo que visitó guarderías hasta llegar a estudiar más de 8.000 llantos. 

El resultado de un trabajo de cuatro años es el dispositivo Why Cry, destinado a padres primerizos, que capta los lloros del bebé y los analiza para presentar un pronóstico de la causa (hambre, sueño, aburrimiento, etc.). Su llegada al mercado tuvo lugar en 2002 pero, como paso previo, Monagas solicitó en 1998 la patente de su invención ante la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), que se la concedió en el año 2000. Además, amplió la protección de la patente por vías internacionales para comercializar el producto en otros países, lo que conlleva mayores costes y tiempo de tramitación. En concreto, el periodo medio de concesión de una patente en España es de unos 22 meses con un coste aproximado de 3.000 euros, a lo que hay que añadir las anualidades que el inventor debe abonar a la OEPM durante los 20 años de protección máxima de la patente. En el caso de una solicitud europea, la concesión puede llevar de tres a cinco años con costes de entre 12.000 y 15.000 euros. 

Dibujo técnico de la patente sobre el dispositivo de Pedro Monagas.
Dibujo técnico de la patente sobre el dispositivo de Pedro Monagas.

Con todo este bagaje a sus espaldas, casi una veintena de patentes concedidas y con experiencia en los tribunales por haber actuado para preservar sus derechos como inventor, Monagas no se siente “ni contento ni satisfecho”. Por ello, ha decidido continuar con su actividad de inventor, pero, en lugar de abonar y realizar todos los trámites, negocia directamente con empresas, que son las que se encargan de patentar los dispositivos mediante acuerdos de licencia. Así, renuncia al registro del producto a su nombre a cambio de un beneficio directo, aunque reconoce que "apenas se cobra nada”. “Es como el caso de los agricultores, que realizan todo el trabajo y luego se encuentran la fruta en los mercados a un precio más caro”, señala. 

A su juicio, en España los inventores tienen que ser como Juan Palomo y hacerlo todo, desde la idea hasta el desarrollo del prototipo, porque “en las empresas no se apuesta por la innovación” y todo el mundo quiere al “caballo ganador”. “Siendo el país de inventores como Juan de La Cierva, Isaac Peral o Ramón y Cajal, la profesión de inventor es la de ser un chalado, mientras que, por ejemplo, en Estados Unidos eres un héroe”, lamenta.

A pesar del panorama que describe, Monagas reconoce que los inventores siempre tienen “un cajón” repleto de ideas y permanentemente están invirtiendo en nuevos proyectos. En este punto coincide con otro inventor, Pere Sallent, quien considera que crear cosas nuevas es “un vicio”. Sallent se dedica a la gestión de cines y, en la actualidad, cuenta con dos inventos cuya concesión ha sido aprobada, y otros tres o cuatro en marcha. Uno de los concedidos es un soporte para vasos y cucuruchos de palomitas que permite llevar ambos elementos de manera más fácil que si se transportan por separado, y que se coloca en las butacas de cine que ya disponen de un espacio para depositar la bebida. Además, incluye un vaso refrigerante para mantener fría la bebida. Este dispositivo ha sido protegido como modelo de utilidad, una fórmula que implica una protección de duración inferior a la de la patente, concretamente de 10 años, y cuya tramitación en España puede tener un coste aproximado de unos 2.000 euros. 

En 2014 se presentaron 3.031 solicitudes de patentes nacionales y este año, hasta el mes de octubre, se han registrado 2.313, según los datos de la OEPM

Tras el tiempo y el presupuesto destinado a este invento, Sallent ha decidido no continuar con su comercialización en este momento por la respuesta recibida al tantear el mercado. Según cuenta, si bien la experiencia del espectador sería más cómoda, surge la duda de si sería posible cambiar las costumbres de los usuarios de las salas de cine. “Son proyectos que llevan mucho tiempo y sabe mal cuando dedicas tanto esfuerzo e inversión y lo tienes que parar”, apunta Sallent, quien, a pesar de este contratiempo, tiene claro que no abandonará su afición por inventar. “Todo mi esfuerzo lo centro en intentar patentar disposiciones mejoradas de salas de cine”, resalta.  

El impacto de la crisis en las patentes

Los casos de Sallent y Monagas son solo dos de los muchos que tienen lugar en España cada año. En 2014 se presentaron 3.031 solicitudes de patentes nacionales, y este año, hasta el mes de octubre, se han registrado 2.313, lo que apuntaría a un ligero descenso frente al año anterior. Por tipo de solicitante, el ejercicio pasado los inventores particulares representaron el 40,45%; las empresas, el 36,22%, y los organismos públicos, el 23,33%. En lo que se refiere a los modelos de utilidad, hasta octubre de 2015 se han presentado 1.905 frente a las 2.689 solicitudes de todo 2014. 

Dibujo técnico de la patente sobre el dispositivo de Pere Sallent.
Dibujo técnico de la patente sobre el dispositivo de Pere Sallent.

La directora del Departamento de Patentes e Información Tecnológica de la OEPM, María José de Concepción Sánchez, explica que la crisis ha marcado el descenso del número de patentes presentadas, especialmente a partir de 2010 y 2011. “Las patentes son, normalmente, el resultado de un proyecto de investigación, y la crisis empieza afectando primero al presupuesto que se destina a ello. En años posteriores es cuando nos llega a nosotros el efecto en la presentación de solicitudes”, señala. No obstante, destaca que sí perciben un mayor movimiento con respecto a los dos últimos años y que la vía internacional se está potenciando. “Al cerrarse los mercados a nivel nacional, los solicitantes intentan buscar otras vías de protección fuera de España, sobre todo en patentes europeas”, indica.  

La situación de España, desde el punto de vista inventivo, con respecto a otros países vecinos en Europa, no es muy halagüeña. Por ejemplo, en 2013 Francia registró 16.886 solicitudes presentadas e Italia, 9.212, frente a las 3.244 españolas, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. En opinión de De Concepción, el motivo se debe a la falta de cultura de la innovación en España: “El nivel de la investigación y de la publicación científica es muy bueno pero no se corresponde con el número de patentes que se presentan”. En este sentido, Álvaro González, agente oficial de la propiedad industrial de Protectia Patentes y Marcas, añade que nuestro país carece de una cultura estatal y empresarial que motive la I+D, y que se trata de un ámbito maltratado históricamente. “Hay que dejar de ser el país que inventó la fregona para ser el país que cure el cáncer”, declara.  

El examen previo será obligatorio

La nueva Ley de Patentes, que entrará en vigor el 1 de abril de 2017, supone un endurecimiento de los requisitos necesarios para la concesión de patentes. En la actualidad, hay dos procedimientos, uno el general y el otro con examen previo, una vía por la que solo se decanta un 3% de las solicitudes, según De Concepción. Con la nueva ley, todas las solicitudes deberán pasar ese análisis previo de novedad y actividad inventiva, realizado por parte de la OEPM. 

El nivel de la investigación y de la publicación científica en España es muy bueno pero no se corresponde con el número de patentes

Para la directora del Departamento de Patentes e Información Tecnológica, este cambio podría implicar un descenso inicial en el número de presentación de solicitudes, que luego se recuperará, y dará como resultado patentes “fuertes” que “puedan competir en el mercado”, al estar al mismo nivel que las procedentes de la mayor parte de las oficinas nacionales del mundo. 

Por su parte, Álvaro González considera que contar con un trámite más rígido es necesario, e implicará un incremento de la seguridad jurídica de los inventores, pero también un aumento de los costes, por incluir obligatoriamente un paso más. A esto se une que en abril de 2017 desaparecerán las exenciones para aquellos que carecen de medios económicos y para las universidades públicas, aunque la nueva ley contempla posibles bonificaciones para estos centros educativos y las pymes. “Detrás de una patente tiene que haber una investigación previa seria, y eso cuesta dinero. Lo que hay que incentivar es otro tipo de I+D con un soporte tecnológico que realmente proporcione una patente fuerte”, concluye González. 

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