¿'Workaholics' o pringados? Los efectos devastadores del correo del jefe a deshoras
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estos trabajadores ofrecen un peor rendimiento

¿'Workaholics' o pringados? Los efectos devastadores del correo del jefe a deshoras

Si el empleado no llega a desconectar fuera del horario de trabajo, no sólo pondrá en riesgo su salud, sino que además se convertirá en un elemento pernicioso para la compañía

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Sábado por la noche. Es maravilloso poder disfrutar de estos momentos de relajación acompañado de la familia. Todos arremolinados en el salón tapados con mantas y disfrutando de una película en familia. La atención está centrada en la pantalla cuando de repente pita estrepitosamente el móvil. Lo miramos con pereza y alargando la mano comprobamos con horror el contenido: un correo del jefe, y parece urgente.

Un rápido vistazo a las cuatro primeras líneas del email nos arranca sin piedad de la paz familiar. Nos sentimos invadidos y de pronto nuestros latidos se aceleran. Es como si el jefe estuviera delante mirando reprobadoramente nuestro plan de palomitas y manta en familia ¿Es que este hombre no tiene vida? ¿Es tan urgente este correo que no puede esperar al lunes? Pero no. Ahí está ese correo perentorio del que ya no hay manera de zafarse. Uno está obligado a abrir el portátil y responder, o bien dejarse ojos y dedos en la pantalla del smartphone. Un secuestro de nuestro oasis que, como veremos, sale muy caro.

“¿Te puedo llamar? Son sólo dos minutos”, la última línea del mail hace trizas definitivamente el fin de semana y la necesaria carga de pilas. A ver quién le dice al jefe que mejor no, que el fin de semana es para descansar. Y lo peor es que siempre habrá compañeros de trabajo que respondan inmediatamente a correos enviados en domingos o a altas horas de la noche, en un intento por parecer productivos.

En nuestro país ha calado muy hondo la estampa del empleado estirando la jornada hasta bien entrada la noche

¿Lo son realmente? La experta en productividad Maura Thomas nos habla de los efectos devastadores de estas comunicaciones intempestivas, y no sólo para la salud mental del trabajador, sino para la productividad de la empresa. No hay que darle muchas vueltas a una evidencia clara: el ser humano necesita descansar, y en una sociedad tan conectada como la actual, el reposo llega de una obligada desconexión.

Si el empleado no llega a desconectar fuera del horario de trabajo, no sólo pondrá en riesgo su salud sino que además, contra lo que se pudiera pensar, el rendimiento del trabajo es inferior.

El falso mito de los 'workaholics'

¿Difícil de comprender? Imaginen a un atleta corriendo sin descanso maratones. Es ridículo, ¿verdad? Pues esto es lo que está sucediendo en un creciente número de empresas. Son los llamados workaholics, gente que ha situado de forma voluntaria al trabajo como el centro de sus vidas, pero pagando un precio muy elevado por ello: un pobre rendimiento, un inevitable desgaste y el posterior efecto contagio al resto del equipo.

Así las cosas, los que trabajan a todas horas despreciando el descanso y la desconexión, no sólo ponen en peligro su salud y por contagio, la de sus compañeros, sino que además ofrecen una calidad del mismo mediocre. Y según esta perspectiva, en lugar de ser productivosse convierten en un elemento pernicioso para la organización, tanto en rendimiento como en el trabajo en equipo.

En nuestro país ha calado muy hondo la estampa del empleado estirando la jornada hasta bien entrada la noche, tanto que hasta parece que irse del trabajo a la hora es visto como una osadía de alguien con poco aprecio a su puesto.

Si en una oficina el grueso de los empleados está dispuesto a contestar emails en fin de semana, el que no lo haga es visto como un vago

Hablábamos antes del efecto contagio, y es que el hábito de contestar correos o atender llamadas fuera de horas de trabajo coloca a quienes no lo hacen en una complicada posición en la organización. Si en una oficina el grueso de los empleados está dispuesto a contestar emails en fin de semana, el que no lo haga corre el riesgo de verse como un vago, y ya se sabe el futuro que puede correr.

Este fenómeno del que aparentemente no hay salida es conocido como la telepresión, o la necesidad de estar permanentemente conectado y disponible para cualquier demanda del trabajo. “Los trabajadores víctimas de este fenómeno ofrecen un rendimiento mediocre”, explica Larrissa Barber, profesora de la Northern Illinois University y que lidera al equipo de investigadores que han acuñado este término. Sin embargo, el verdadero problema surge cuando es el jefe (y habitualmente suele serlo), quien inicia esta perniciosa dinámica.

¿Qué lleva a una persona a entregar su tiempo al completo al trabajo? Thomas describe dos escenarios: el del ambicioso, que quiere despuntar en la organización dando a entender que es una máquina insaciable de trabajo, o bien la falta de atención, algo muy común en este tipo de trabajadores, que están con un ojo en el móvil y otro en la pantalla del ordenador pero obsesionados por responder lo antes posible para adelantar al resto.

En ambos casos hay dos grandes perdedores: la empresa, que obtiene una calidad del trabajo mediocre, y el propio trabajador, que tarde o temprano sufrirá las consecuencias físicas y mentales de la conexión permanente.

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