Europa se 'olvida' de la investigación contra el sida, la malaria y la tuberculosis
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LOS FONDOS DE LA UE SON LA ESPERANZA DE LA CIENCIA ESPAÑOLA

Europa se 'olvida' de la investigación contra el sida, la malaria y la tuberculosis

Por primera vez en una década, Europa apenas menciona la lucha contra la tuberculosis, la malaria y el VIH entre sus prioridades en investigación para los

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Europa se 'olvida' de la investigación contra el sida, la malaria y la tuberculosis

Por primera vez en una década, Europa apenas menciona la lucha contra la tuberculosis, la malaria y el VIH entre sus prioridades en investigación para los próximos siete años. Se trata de las tres principales enfermedades infecciosas que cada año se llevan la vida de seis millones de personas, el 99% de ellas en países en desarrollo.

Desde 2002, la UE ha financiado ambiciosos proyectos para desarrollar nuevas vacunas y tratamientos contra estas dolencias y ha creado grandes consorcios de investigación para hacerlos realidad. Pero los nuevos presupuestos para investigación hasta 2020, llamados Horizonte 2020, que aún se están negociando, dejan fuera las menciones específicas a estas y otras enfermedades dentro de sus prioridades en el área de la salud. En los dos últimos Programas Marco, entre 2002 y 2013, Europa invirtió un total de 650 millones de euros en la investigación sobre estas tres enfermedades.

La omisión no es casualidad. Se debe a una profunda reforma de la manera en la que Europa otorgará casi 70.000 millones de euros para I+D+i hasta 2020. Tras pasar una década basándose en presupuestos específicos que definían al máximo el área en el que debían gastarse los fondos de ciencia, el Ejecutivo comunitario ha dado un giro hacia unas cuentas menos complejas y dirigidas a impulsar la innovación y la generación de empleo. Este cambio no es posible sin víctimas y algunos investigadores alertan de que la investigación de las enfermedades que más se ceban con los países en desarrollo pueden ser las primeras damnificadas.

“Representantes de la UE nos han dicho que esta vez no va a haber un programa específico para financiar la vacuna contra la tuberculosis”, explica Carlos Martín, investigador de la Universidad de Zaragoza y líder de la vacuna española contra la tuberculosis, llamada MTBVAC. El equipo de Martín busca una nueva inmunización contra esta enfermedad, que mata a casi dos millones de personas cada año. Su proyecto comenzó a crecer a principios de la década pasada al calor de una sustancial inyección de fondos por parte de la UE.

En unos años, el de Martín pasó de ser un pequeño laboratorio a formar parte de un consorcio internacional en el que participan 35 centros de investigación de 11 países. Su objetivo es desarrollar nuevas inmunizaciones, en muchos casos compitiendo con otros equipos del mismo consorcio. 

El programa, llamado New TBVAC, ha generado varias de las vacunas contra la tuberculosis más prometedoras del momento que ya se están probando en humanos. Desde 2004, este consorcio ha recibido 29 millones de euros de la UE. Cantidades similares financiaban otros grandes grupos encargados de desarrollar nuevos tratamientos contra la malaria o el VIH.

Aquellos tiempos de abundancia se han acabado y equipos como el de Martín temen que un bajón en la financiación dé al traste con el trabajo de una década. “Somos un proyecto estrella, pero en el momento en que haya un año sin financiación, se acabó”, explica.

La misma preocupación expresa Stefan Kaufmann, investigador del Instituto Max Planck de Biología de Infecciones (Alemania) y líder de otra vacuna contra la tuberculosis que ya se está probando en bebés en Suráfrica. Su equipo también bebe de los fondos de New TBVAC. “Representantes de la UE nos han dicho que Horizonte 2020 seguramente no financie investigación específica en cada enfermedad”, asegura el investigador. 

Ahora tendrán que competir por fondos más genéricos destinados, por ejemplo, para “el desarrollo de vacunas”. “Esto va a causar algunos problemas a varios grupos”, reconoce.

La UE es totalmente consciente del problema. Una de las principales críticas a su sistema era el tormentoso proceso burocrático por el que había que pasar para conseguir fondos, algo que perjudicaba más a los grupos pequeños que a los grandes. El Ejecutivo comunitario quiere que en Horizonte 2020 se reduzca en 100 días el proceso burocrático para lograr una subvención. Además, el acento del programa no está en generar grandes consorcios, sino en favorecer grupos de investigación medianos y apoyar a sus equivalentes empresariales, las pymes.

“La tendencia ahora es hacia temas transversales, a primar innovación e industria y tal vez no haya tanto énfasis en asuntos de salud global”, reconocen fuentes de la Comisión. La idea es que los fondos para I+D+i cubran todas las fases del desarrollo de una idea científica hasta su aplicación directa. Por eso se han unificado por primera vez los fondos de ciencia, competitividad e innovación en unos presupuestos con dotación sin precedentes que iban a recibir hasta 80.000 millones de euros.

Hace unas semanas, la propuesta de la Comisión ya afrontó su primera gran dosis de realismo de mano de los primeros ministros de los 27, que acordaron una reducción del 13% en el presupuesto para ciencia, hasta los 69.000 millones de euros. Ahora es el Parlamento Europeo el que debe dar su visto bueno y el Gobierno español sigue intentando influir en esa decisión.

La enrevesada negociación de los presupuestos comunitarios se ha convertido en una lucha por las palabras. Para España, incluir más referencias a la tuberculosis en el texto de Horizonte 2020 es una “prioridad”, al igual que lo es añadir más referencias la obesidad o las enfermedades neurológicas, según fuentes de la Secretaría de Estado de I+D+i, dependiente del Ministerio de Economía. “Por ahora seguimos negociando para que se incluyan estas palabras y para que así estén presentes en el posterior desarrollo de los programas de trabajo”, señalan las mismas fuentes. 

Lograrlo aumentaría las posibilidades de que la UE acabe otorgando subvenciones específicas a esos campos. Según estas fuentes, varios estados miembros han incluido enmiendas que incluirían más menciones expresas a la tuberculosis en el texto final. De hecho, la propuesta original sí menciona la malaria, la tuberculosis y el VIH de forma genérica como ejemplos de enfermedades infecciosas y también dentro de un programa específico para ensayos clínicos en África para el cual aún no se han fijado fondos.

“España también ha votado a favor de una enmienda que reconocería esta enfermedad no sólo como un problema de países en desarrollo, sino también como una dolencia que está reapareciendo en el mundo desarrollado”, añaden desde la Secretaría de Estado.

Los presupuestos de la UE son cruciales para España. Tras varios años de recortes al presupuesto nacional de I+D+i, especialmente desde la llegada del PP al poder, los fondos europeos se ven como la única vía de mantener el nivel de calidad científica que España ha logrado en la última década. Pero el empeño por arañar fondos de la UE también deja al descubierto un doble discurso, ya que el propio Gobierno ha recortado ayudas estatales que hicieron posible, por ejemplo, la vacuna española contra la tuberculosis en la que trabaja Martín.

Por ahora, ni la Comisión ni el Gobierno de España ponen la mano en el fuego por que vaya a haber fondos para grandes consorcios como el de la tuberculosis o los de la malaria. “Es demasiado pronto para saber cómo se organizarán las convocatorias”, señalan fuentes de la Comisión. El retraso también está agobiando a muchos equipos de investigación. Algunos afrontan “uno o dos años sin financiación de la UE” debido al término de los presupuestos actuales este año y el comienzo de Horizonte 2020, previsto para principios de 2014, alerta Kaufmann. 

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