córcega quiere la independencia en 10 años

Autonomía, cooficialidad de la lengua y presos: Macron, frente al 'Puigdemont corso'

Macron tiene cita con Talamoni, presidente de la Asamblea de Córcega. Para los franceses, el independentismo corso ya no es objeto de burla. El ejemplo catalán les ha cambiado el gesto

Foto: El presidente de Francia, Emmanuel Macron, saluda a la vuida de Claude Erignac durante su visita a Córcega. (Reuters)
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, saluda a la vuida de Claude Erignac durante su visita a Córcega. (Reuters)

Emmanuel Macron tiene cita hoy con 'el Puigdemont corso', Jean-Guy Talamoni, el presidente independentista de la Asamblea de Córcega. El jefe del Estado francés pasará dos días en la isla, en su primera visita oficial desde su triunfo en las elecciones de mayo. Los nacionalistas corsos, mayoritarios en su Parlamento local tras los comicios de diciembre, han calentado el desplazamiento de Macron organizando una manifestación el pasado sábado bajo el lema 'Democracia y respeto para el pueblo corso'. Los convocantes se congratularon del éxito, que cifraron en 20.000 personas. La policía rebaja el número y anunció 6.000 participantes.

La guerra de cifras forma parte de la batalla política que Macron, como representante del Estado, debe afrontar desde la victoria de los nacionalistas en diciembre. Las urnas dieron el poder a una coalición formada por el independentista Talamoni, bautizado como "el Puigdemont corso" por periodistas de 'Le Monde', y el 'autonomista' Gilles Simeoni. Diferencias semánticas que no ocultan el objetivo de ambos: iniciar el proceso por la independencia de la isla dentro de 10 años.

Inevitablemente, Cataluña es para los corsos un ejemplo, o mejor un sueño, como podría ser también el grado de autonomía de cualquier región española. Talamoni celebró y "reconoció" en octubre el "nacimiento de la nueva república catalana". Los independentistas o autonomistas corsos saben muy bien que la diferencia entre las dos entidades se refleja sobre todo en la participación en el producto interior bruto del país al que pertenecen. Córcega es una de las regiones más pobres de Francia y contribuye con un 0,5% al PIB nacional. París subvenciona a la isla con 3.600 millones de euros al año.

En realidad, entre las principales preocupaciones de los corsos destacan el acceso a la sanidad y el empleo (el 28% de los jóvenes está en paro)

Aun así, los nacionalistas aseguran que en dos lustros pueden empezar a soñar con la independencia efectiva, y para ello van a exigir a Macron una serie de medidas que pongan la base política a su plan.

Los nacionalistas piden autonomía política y reconocimiento de estatus diferencial de la isla con respecto a otras regiones de Francia. La medida exigiría una revisión constitucional, algo necesario también para la cooficialidad de la lengua corsa, otra de las reivindicaciones principales. El acercamiento de los presos corsos y una amnistía para los "prisioneros políticos" forman parte de las demandas, que incluyen también la exigencia de una "estatuto de residente", para impedir a los franceses del continente comprar propiedades en la isla.

La cooficialidad de la lengua es un tabú para París y para la mayoría de las fuerzas políticas francesas, que se opondrían a una revisión constitucional. En cuanto a la amnistía, para Macron, como para los anteriores gobiernos de distinto signo, "no existen en Francia prisioneros políticos".

El presidente del consejo ejecutivo de Córcega, Gilles Simeoni (d), y el presidente de la Asamblea de Córcega, Jean Guy Talamoni (i). (EFE)
El presidente del consejo ejecutivo de Córcega, Gilles Simeoni (d), y el presidente de la Asamblea de Córcega, Jean Guy Talamoni (i). (EFE)

Concesiones a Córcega o "café para todos"

¿Qué puede ofrecer entonces el nuevo mandatario a un Talamoni que no se considera francés y que va a recibir a Macron como dirigente de "un país amigo"? Durante la campaña para las elecciones presidenciales, Macron habló en "la isla de la belleza" de la posibilidad de revisar la Constitución para "permitir a Córcega desarrollar sus potencialidades".

En su discurso en la localidad de Furiani, en abril del año pasado, el entonces aspirante al Elíseo manifestó también: "El lugar de Córcega está dentro de la República, y la República es lo suficientemente fuerte como para admitir particularidades en su seno". Todo un ejemplo de la ambigüedad de la que se acusó a Macron en sus discursos políticos de campaña.

Macron habla de liberar Córcega de cierta rigidez administrativa, impuesta por el jacobinismo imperante, para desarrollar su economía. Los nacionalistas lo entienden de otra manera: la autonomía debería ser política, económica, fiscal y cultural. Las peticiones de autonomistas e independentistas ya recibieron el no del primer ministro, Edouard Philippe, en diciembre. Pero el entorno de Macron señala que el presidente va a presentar alguna propuesta, mantenida en secreto hasta su llegada a la isla. Las especulaciones llegan también a sugerir que las concesiones a Córcega podrían ser generalizadas a otras regiones, una especie de 'café para todos a la francesa'. Representantes de Alsacia han pedido también un estatus especial el pasado sábado.

Guerra de banderas

La visita presidencial será la más difícil hasta ahora de su mandato. Incluso los diputados corsos que le apoyan en París han firmado el comunicado donde quedan impresas las exigencias nacionalistas. La tensión llega también, por supuesto, al protocolo. Macron ha exigido la presencia de la bandera francesa en todos sus actos y encuentros. Un miembro del entorno de Talamoni le respondió con ironía: "Por supuesto, lo hacemos con todos nuestros visitantes; cuando recibimos a una delegación de Costa de Marfil pusimos la bandera marfileña".

El 'Puigdemont corso' dejaba entender pocas horas antes del desplazamiento presidencial que todavía no existe la confirmación de un encuentro con Macron. El Elíseo anunciaba la reunión para la tarde del martes. El presidente francés va a poner los pies en Córcega en este ambiente de desconfianza, consciente de que los nacionalistas le pueden preparar una trampa que enturbie su, hasta ahora, tranquilo mandato.

Talamoni no ha condenado nunca el terrorismo, o lo que él llama "la lucha armada", causante de cientos de muertes en cuatro décadas

El viaje se ha hecho coincidir con el vigésimo aniversario del asesinato del prefecto de la isla Claude Erignac, tiroteado en plena calle cuando se dirigía sin escolta a un festival de cine español. La muerte del primer representante del Estado en la isla, bajo mandato del socialista Jospin, fue un mazazo psicológico para toda Francia. Cuatro años después del atentado, el nacionalista Yvan Colonna fue arrestado. En 2012, después de tres juicios, fue condenado a cadena perpetua como autor material del asesinato.

Un aniversario simbólico

Macron inaugura en la mañana de este martes un monumento en memoria de Erignac al que no asistirá el 'presidente corso'. Jean-Guy Talamoni no ha condenado nunca el terrorismo, o lo que él llama "la lucha armada", causante de cientos de muertes durante los últimas cuatro décadas. En junio de 2014, el principal grupo armado local, el Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC), anunció su desmilitarización y el abandono de la clandestinidad. Para el histórico dirigente independentista Edmond Simeoni, padre del actual jefe del Gobierno local, "el terrorismo es contraproducente a la causa independentista". Edmon Talamoni estuvo implicado en 1975 en la ocupación armada de un dominio vitícola que terminó con la muerte de dos gendarmes y un nacionalista.

Gilles Simeoni, el jefe de Gobierno local y cara amable del nacionalismo, sabe que el 55,5% de los votos obtenidos (47,5% de abstención) en diciembre por las formaciones nacionalistas en las elecciones para la Asamblea corsa no refleja que los ciudadanos corsos apoyen la independencia en ese mismo porcentaje. Votar nacionalista es también una manera de intentar poner fin a las políticas que partidos dependientes de París, aliados a los clanes corsos, han llevado a cabo en los últimos años y que se han distinguido por el clientelismo y la inefectividad. En realidad, entre las principales preocupaciones de los corsos destacan el acceso a la sanidad, el empleo (el 28% de los jóvenes está en paro), la vivienda y la formación profesional.

'Unionistas' preocupados

Pero ello no tranquiliza a los 'unionistas'. Una de las figuras históricas del centro-izquierda corso, Nicolas Lafonsi, de 82 años, reconoce que los nacionalistas están ganando la batalla de las ideas. Afirma en el diario 'Le Figaro' que si estuviera ante Macron le diría que "no cediera en nada". "El peor error", advierte, "sería admitir a Córcega en la constitución", asegura.

El líder de la derecha nacionalista corsa, Jean Charles Mondoloni, se alarma por el sentimiento de rechazo creciente a Francia. "Ya no se quema la bandera francesa, pero se admite que los dirigentes nacionalistas la hayan retirado de sus despachos".

No hay, de momento, fractura entre independentistas y unionistas en Córcega. La Constitución y la esencia misma del Estado francés frenan las aspiraciones, también por el momento, de los nacionalistas. La visita de Macron debería definir el futuro inmediato de la tensión centrífuga en la isla. Para los franceses, el independentismo corso ya no es objeto de burla. El ejemplo catalán les ha cambiado el gesto.

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