matrimonios postmortem

Ni la muerte nos separa: así es la ley francesa que te permite casarte con tu pareja fallecida

El Código Civil galo ofrece la oportunidad de contraer matrimonio con una persona que ha muerto, siempre y cuando pueda demostrarse que existían planes de boda entre ambos

Foto: Magali Jaskiewic el día de su boda con Jonathan George
Magali Jaskiewic el día de su boda con Jonathan George

Magali George. Karen Jumeaux. Christelle Demichel. Étienne Cardiles. No les conoce, pero todos ellos tienen dos cosas en común: poseen pasaporte francés y se casaron con un muerto. Porque Francia es el único país del mundo que permite contraer nupcias con una persona ya fallecida, bajo la figura del matrimonio postmortem.

Aunque es prácticamente desconocido para la mayoría de los frances, se calcula que, cada año, unas 20 personas se casan con su pareja fallecida. El último, Étienne Cardiles, viudo del policía Xavier Jugelé, asesinado por un yihadista el 20 de abril en los Campos Elíseos. Cardiles y Jugelé se convirtieron en marido y marido en una ceremonia oficiada hace una semana por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, y en presencia del expresidente François Hollande. Con este gesto, Étienne Cardiles pasó a ser el primer hombre que solicita un matrimonio postmortem, tradicionalmente reservado para las mujeres.

La figura del la boda postmortem está recogida en el artículo 172 del Código Civil galo y nació bajo el mandato de Charles de Gaulle. Fue en 1959 cuando, tras la rotura de una presa en Fréjus, la joven Iréne Jodart solicitó al presidente permiso para continuar con sus planes de boda con su prometido, André Capra, fallecido en las inundaciones. Según las crónicas de la época, De Gaulle le contestó que "pensaría en ello" y, un mes más tarde, le concedió el permiso para contraer matrimonio póstumo con Capra.

La ley francesa marca que el contrayente vivo tiene que solicitar permiso al presidente de la república, quien a su vez remitirá la petición al ministerio de Justicia. Será un juez el encargado de comprobar que la familia del fallecido está de acuerdo y se cumplen todos los requisitos legales. Entre ellos, poder demostrar que la pareja ya tenía planes de boda. "Lo mejor es contar con un anuncio oficial o tener fecha reservada en alguna iglesia o en el juzgado", explica una abogada parisina consultada para realizar este artículo, quien prefiere no dar su nombre. "Hay mujeres que lo piden porque descubren que esperan un bebé después de la muerte de su pareja, pero eso no es suficiente".

"No quería que fuera el funeral, segunda parte"

En febrero de 2004, Christelle Demichel se convertía en la viuda de Eric Demichel el mismo día de su boda. El novio había fallecido 17 meses antes, en un accidente de tráfico. "Dar este paso es lo más natural", aseguró Demichel ante los medios de comunicación congregados en Niza ante el insólito acontecimiento. Semanas más tarde, la novia escribió una carta en 'The New York Times' explicando qué motivo su decisión.

Christelle Demichel, el día de su boda
Christelle Demichel, el día de su boda


"Sé que mi marido está muerto. Esto no es un ejercicio de negación, solo quiero honrar a la vida que hubiéramos tenido juntos", escribía Demichel, quien además aseguró que su boda fue muy divertida: "No quería que se convirtiera en la segunda parte del funeral. Con el matrimonio he podido reconstruir algo que sé que hubiera ocurrido si Eric no hubiera muerto". Al final de la misiva, Demichel explica que decidió celebrar su boda de forma pública porque quería "que la gente sepa que existe esta opción de honrar a la persona que amaron".

Las bodas postmortem son legales a todos los efectos en Francia. Su estado civil cambia automáticamente de soltero a viudo, y si en un futuro el contrayente quisiera volver a casarse, tendría que divorciarse. Un proceso que, según la abogada, "es bastante rápido, ya que no hay una contraparte que vaya a pelear". El consorte también tiene derecho a adoptar el apellido de su pareja, si quisiera. Eso sí, no puede solicitar pensión de viudedad ni parte de la herencia.

Este tipo de ceremonias suelen seguir el guion de una boda normal, aunque con algunas variaciones obligadas por las circunstancias. No hay novio, que suele estar representado por una fotografía. En vez de leer los votos se lee el documento que da permiso para oficiar la boda. Y, por supuesto, a nadie se le ocurre decir que el matrimonio durará "hasta que la muerte os separe". Porque eso ya ha ocurrido.

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