"ESPERAMOS QUE VUELVAN LOS TRABAJOS PERDIDOS"

Los jóvenes se preparan para vivir en un Irán sin sanciones

La juventud espera más oportunidades laborales y una caída de los precios para conseguir un mejor nivel de vida, pese a la incertidumbre sobre cómo afectará a la economía el fin de las sanciones

Foto: Iraníes celebran el acuerdo nuclear en las calles de Teherán, el 14 de julio de 2015. (Reuters)
Iraníes celebran el acuerdo nuclear en las calles de Teherán, el 14 de julio de 2015. (Reuters)

La palabra que más se repite en las calles de Teherán es esperanza. El acuerdo firmado el pasado 14 de julio entre Irán y el Grupo 5+1 (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China, Rusia y Alemania) ha devuelto al país persa a la comunidad internacional después de haber pertenecido al ‘Eje del mal’ y tras 36 años de aislamiento del mundo. Un hermetismo que los jóvenes han conseguido quebrar gracias a las nuevas tecnologías.

Durante más de tres décadas, Irán ha sabido desarrollar una industria propia a fuerza de ver restringido cada vez más su acceso al mercado internacional. Esta situación también ha impulsado una educación exigente para formar a una población en las necesidades de una economía ‘de resistencia’, que a su vez ha generado grandes ambiciones. Sin embargo, desde que Naciones Unidas impuso las duras sanciones de 2006 tras descubrir el programa nuclear secreto, la situación ha empeorado, agravada por el embargo petrolero de la Unión Europea en 2012 y el paquete de sanciones estadounidense.

“Durante los últimos años de sanciones, muchas empresas fueron a la quiebra. El Gobierno decide los proyectos y los ofrece a las empresas para que los hagan. Pero en los últimos años, el Ejecutivo ha sido incapaz de ingresar más dinero mediante exportaciones o la venta del petróleo, lo que ha supuesto menos oportunidades de trabajo para la gente”, cuenta Salar, estudiante de ingeniería mecánica en la Universidad de Teherán. “Ahora que el Gobierno volverá a ingresar dinero esperamos que los trabajos perdidos vuelvan”, indica con alegría.

Una esperanza en la que coincide Nilufar, de 31 años, quien trabaja en la empresa de su padre. “No creo que este acuerdo afecte a mi vida diaria, aunque vendrán muchas empresas extranjeras que crearán trabajo para los jóvenes que impulsará la economía”, asegura a este diario. Lian, empleada en una empresa de joyería, afirma que el aperturismo mejorará la economía, pero que tras años de autarquía pueden suponer un ‘shock’ para muchos sectores que han visto como el Gobierno legislaba a su favor con altos aranceles y ayudas fiscales. “En Irán es fácil conseguir dinero y encontrar trabajo con una buena idea. Ahora aumentará la competencia”, asevera.

Estudiantes forman filas para entrar en clase en el colegio Pishtaz, en Teherán (Reuters).
Estudiantes forman filas para entrar en clase en el colegio Pishtaz, en Teherán (Reuters).

Una nueva forma de pensar

El consenso general entre los jóvenes es ese aumento de las oportunidades laborales y la entrada de divisas que favorezcan una caída de los precios para conseguir un mejor nivel de vida a pesar de la incertidumbre que existe aún sobre cómo afectará a la economía el fin de las sanciones. Con tasas de inflación que llegaron a superar el 40% en 2012 y 2013, muchos productos se encarecieron y la población vio mermado su nivel de vida. En 2008, el Gobierno admitió los billetes de un millón de riales, que debido al aumento del IPC hoy sólo equivale a unos 30 euros. “Coches, apartamentos, incluso el pan o las frutas se volvieron tres veces más caras. Esperamos que el fin de las sanciones traiga más divisas que controlen la inflación”, razona Salar.

Baharan, estudiante de arte dramático y profesora de inglés, destaca que el acuerdo ha traído una nueva forma de pensar en positivo, que se trasladará a la economía más pronto que tarde. “El fin de las sanciones afectará a la vida diaria de los iraníes muy pronto. Ya ha aumentado el nivel de esperanza de la gente, la esperanza de un futuro mejor y de intentar vivir una vida mejor. Por supuesto, si el precio de los dólares cae, la calidad de vida aumentará, lo que se une a las reformas liberales del presidente puestas en marcha”, asegura.

La demonización del rival americano no ha calado entre los jóvenes, que no comparten la retórica antiestadounidense de los líderes de línea dura

En este punto no existe demasiado consenso. Hasan Rouhaní asumió el poder en agosto de 2013 procedente del ala pragmática de la política iraní. Sus intentos de reformas recuerdan a Mohamad Jatamí, jefe de Gobierno entre 1997 y 2005, que consiguió avances en materias sociales y que hoy se encuentra denostado por el extremismo de los más radicales de la República. Rouhaní sabe que cualquiera de sus decisiones pasa por el líder supremo, Alí Jamenei, poco proclive a los cambios. Barack Obama ya ha advertido que el acuerdo nuclear no guarda pretensiones de un cambio de régimen en Irán.

“Habrá más flexibilidad en nuestras vidas en ámbitos como los negocios o en viajes, pero no habrá grandes diferencias porque tenemos muchos problemas internos, que se han unido estos años a los problemas causados por las sanciones”, indica a El Confidencial Sara, profesora en la facultad de arquitectura de una universidad de Karaj, a las afueras de Teherán.

El régimen de los ayatolás sabe que tiene un problema en convencer a una vasta población joven que no vivió los primeros años de la Revolución Islámica, la guerra entre Irán e Irak y que cuentan que otros referentes a través de internet o la televisión por satélite, ambas muy restringidas legalmente en el país. Sin embargo, existen pequeños avances y declaraciones de dirigentes que podrían ir acorde a cierto aperturismo.

Como ejemplo, con el inicio de las altas temperaturas del verano, el pasado mes de junio Rouhaní pidió a las fuerzas de seguridad una interpretación más abierta del código de vestimenta islámica, ya que la forma de vestir pertenece a la esfera privada de cada persona. El levantamiento a la obligación de llevar velo en público parece lejano, pero las iraníes ya no sufren las detenciones de los años 90 por mostrar partes de su cabello. “Ningún Gobierno con este régimen será progresista”, concluye Lian, de 26 años.

Iraníes celebran en las calles el acuerdo nuclear con las potencias occidentales (Reuters).
Iraníes celebran en las calles el acuerdo nuclear con las potencias occidentales (Reuters).

EEUU: de enemigo a rival

En esta situación de un aperturismo económico y un deseo de liberación social, Estados Unidos aparece como el gran referente entre los nuevos iraníes. La demonización del rival americano no ha llegado a la población joven, que en su mayoría no comparte la retórica antiamericana de los líderes extremistas de la República Islámica. Sin embargo, el nacionalismo sí ha impregnado a todas las capas sociales y advierten de que la nación iraní nunca se doblegará ante nadie, independientemente de quienes sean sus líderes.

Estados Unidos no es el enemigo y el Gobierno no lo considera así, sino más bien una potencia que intenta un control absoluto con la que es muy difícil negociar”, asegura Baharan, de 22 años. Por su parte, Sara advierte de la posible entrada de empresas estadounidenses en algunos sectores económicos “Creo que Estados Unidos mostrará una cara más amable, pero se trata de un comportamiento colonial y nunca van a querer marcharse”, asevera.

Este amor y defensa de la nación iraní traspasa a sus dirigentes e impregna todas las clases sociales

Por su parte, Nilufar coincide en que ciertos sectores de la economía no deberían abrirse a las potencias extranjeras. “Lo que temo es que el acuerdo suponga un pacto de larga duración para vender petróleo a Estados Unidos y sigan dando armas a Israel y acaben atacándonos a través de alguno de sus aliados regionales”, opina esta mujer que vivió durante cinco años en San Francisco, pero nunca dejó de ser iraní.

Este amor y defensa de la nación iraní traspasa a sus dirigentes e impregna todas las clases sociales y cualquier grupo de edad. Pero la educación les ha vuelto más ambiciosos, muchos no creen que sus expectativas puedan verse cumplidas en su país. “A pesar de que me puedan ofrecer un buen trabajo, prefiero vivir en un país del primer mundo. No sólo tenemos problemas económicos e incluso, aunque toda la economía mejore de forma espectacular, lo cual no lo hará, sigo queriendo irme”, afirma Salar, a punto de terminar su carrera con 23 años. Destino: Estados Unidos. “¿Por qué no?”, concluye.

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