se desconoce si la víctima iba armada

Las últimas horas de 'África', el mendigo acribillado en Los Angeles por la Policía

Más de 3.500 indigentes acampan desde hace años en cuatro calles en el centro de Los Angeles. Uno de cada cuatro tiene graves trastornos mentales y la ciudad no sabe qué hacer con ellos

Foto: La Policía de Los Ángeles ha matado a un mendigo en plena calle (YouTube)
La Policía de Los Ángeles ha matado a un mendigo en plena calle (YouTube)

Un grupo de agentes de la Policía de Los Ángeles forcejea con un mendigo aparentemente indefenso en el tristemente famoso barrio de Skid Row. Se oyen gritos, disparos y el indigente cae herido. Minutos después, muere en el hospital. Las imágenes, grabadas el domingo con varios teléfonos móviles y desde diferentes perspectivas, han estremecido a la sociedad estadounidense, enfrascada en un perenne debate sobre la brutalidad de sus fuerzas de seguridad.

No es un hecho aislado. Aunque no hay cifras oficiales sobre el número de personas que fallecen en enfrentamientos con la Policía en todo el país, se estima que la cifra se situaría por encima de las mil cada año. En la era digital, cada vez es más frecuente que la ciudadanía vea con sus propios ojos como se producen algunos de estos "accidentes".

La Policía de Los Ángeles no tiene la mala fama de otros departamentos. Desde el año 2000, “sólo” han muerto 12 civiles en enfrentamientos con agentes en el centro de la ciudad. Y ninguno desde 2013. Hasta el domingo. 

En vídeos aparecidos en Internet, y grabados desde diferentes ángulos, puede verse con claridad cómo los agentes intentan reducir al sujeto, un hombre negro de unos 35 años. Todo en plena calle y frente a varios testigos. Según la versión policial, el sospechoso habría intentado hacerse con el arma de uno de los agentes, un extremo que no queda claro en las imágenes. 

Las reconstrucciones ofrecidas ante la prensa local por el jefe de la Policía de Los Ángeles, Charlie Beck, subrayan además que no fue uno, sino tres, los agentes que abrieron fuego. “Hubo un forcejeo por hacerse con el arma y recibió cinco tiros”, dijo Beck, recordando que uno de los agentes gritó que le habían arrebatado su pistola.

Durante el curso de la investigación abierta ayer se podrá revisar también lo registrado en dos cámaras de seguridad y en una tercera, instalada en el uniforme de uno de los policías implicados. Pero si nos atenemos a los precedentes es muy dificil, casi imposible, que ningún agente sea imputado o pierda su trabajo.

 

La víctima murió a los pocos minutos de llegar al hospital y su identidad se ha mantenido hasta ahora en secreto. Sus compañeros de acera y manta lo identifican como un mendigo que hablaba con un fuerte acento extranjero, que llevaba meses viviendo en las calles de Skid Row y que respondía al apodo de “África”. Como tantos otros indigentes de la zona, parece que tenía graves problemas mentales y decía haber pasado una década en un centro psiquiátrico. 

Se estima que hay unas 3.500 personas viviendo en las cuatro calles que forman Skid Row, en el centro de Los Ángeles, y donde se concentra una de las mayores comunidades de mendigos de EEUU. Casi la mitad viven en tiendas de campaña repartidas por las aceras y los solares y se calcula que uno de cada cuatro tiene problemas mentales serios.

Se alimentan y asean gracias a la beneficencia y a trabajos esporádicos. Algunos se prostituyen, otros trapichean con drogas y no son infrecuentes las broncas entre ellos. La Policía está acostumbrada a intervenir y a recoger cadáveres de la zona: sobredosis, peleas, enfermedades sin tratar... Por cada uno que desaparece llega otro nuevo y los sucesivos intentos de "limpiar" el área, codiciada por los promotores inmobiliarios, se han encontrado con la resistencia de los mendigos, que se niegan a mudarse.

Varios compañeros de “África” hablaron ayer con la prensa local, pero resultaba complicado hacerse una idea de la identidad del fallecido. En las páginas del diario Los Angeles Times, un tal James Attaway lo describía como un hombre que “había venido de un país africano”, que “estaba buscando a Dios, muy entregado a ello” y que siempre trató a sus vecinos como “un hermano”, aunque “a veces perdía los nervios”.

Otros vecinos de Skid Row han montado un pequeño altar con dos velas y un trozo de madera roto. Desde allí, guardando un menesteroso luto, lo describían como un “hombre compasivo”, que “sólo quería que lo dejasen en paz”. 

“Era gentil y sincero. Alguien muy tranquilo de quien te podías fiar y que venía a menudo a la tienda para defenderme”, decía Mecca Harper, propietaria de un pequeño colmado, uno de los pocos negocios abiertos del barrio. Horas antes de morir, narró Harper, África había sido atacado por tres personas diferentes. “Se veían venir los problemas”. Cuando se desató el tercer altercado de la mañana, alguien llamó a la Policía.

Según la versión policial, cuando los agentes llegaron al lugar de los hechos, África se negó a cooperar y se resistió “en una lucha brutal, brutal”. Intentaron reducirlo con una pistola eléctrica pero “continuó resistiéndose violentamente”. Desde el suelo, “agarró con fuerza la cartuchera de uno de los oficiales”. Minutos después fallecía en el hospital con varios agujeros de bala en el cuerpo.

Una reforma necesaria

La muerte a tiros del joven afroamericano Michael Brown, y los disturbios que se desataron en la ciudad de Ferguson (Misuri), volvió a despertar con virulencia el año pasado el debate sobre los excesos policiales. 

El presidente Barack Obama ordenó crear una comisión de expertos en diciembre, un comité cuyas primeras conclusiones fueron presentadas ayer por la Casa Blanca. Se proponen cambios profundos para mejorar la relación entre la población negra y la policía, genera confianza mutua, y reducir las muertes por disparos de agentes.

La Comisión, integrada por cargos policiales y expertos legales, incluye 59 recomendaciones y se basa en la capacidad de las autoridades federales para influir en los cuerpos policiales de los estados. Se exige más supervisión y rendición de cuentas, menos violencia y un enfoque más centrado en la prevención. 

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