LA ABLACIÓN EN EL MUNDO MUSULMÁN

De clítoris y yihadistas

Los militantes del Estado Islámico (antes llamado de Iraq y Siria, ISIS) ordenaron hace meses practicar la ablación del clítoris a todas las mujeres

Foto: Una mujer con niqab camina por una calle de Raqqa, capital del autodenominado Estado Islámico, en Siria. (Reuters)
Una mujer con niqab camina por una calle de Raqqa, capital del autodenominado Estado Islámico, en Siria. (Reuters)

Los militantes del Estado Islámico (antes llamado de Irak y Siria, ISIS, ahora universales) ordenaron hace meses practicar la ablación del clítoris a todas las mujeres bajo su dominio en Mosul. Así lo aseguraba entonces una portavoz de Naciones Unidas, muy preocupada.

Horas después del anuncio surgió que la noticia era falsa, o al menos no comprobada, que sólo había un mensaje en Twitter que algún –supuesto– simpatizante del EI calificó de falso, aunque otros creen que pudo reflejar una orden auténtica emitida hace un año en Alepo, si bien allí nadie se enteró entonces.

¿Una jugada de propaganda negra para añadirle una pincelada de crueldad al Estado Islámico? ¿O una ocurrencia real de una guerrilla que se hace llamar islámica pero que está compuesta en gran parte por mercenarios sin nada que perder y europeos postadolescentes que en sus guetos de Berlín, París o Londres sueñan con el “islam”, del que saben más o menos tanto como yo de fútbol? Sabemos que las filas de esta milicia se nutren de extranjeros que creen ver la luz divina en el fuego de un mortero, sin conocer nada del país en el que combaten. Es perfectamente posible que a alguno de ellos se le ocurriera meter la ablación del clítoris en esa parafernalia califal con la que tratan de darse un aura de mil y una noches.

¿Una jugada de propaganda negra o una ocurrencia real de una guerrilla que se hace llamar islámica pero que está compuesto en gran parte por mercenarios sin nada que perder y europeos postadolescentes?Fuera quien fuese, el efecto ya se ha conseguido: ahora parece que la ablación es uno de los ritos del islam. Un mito tenaz que circula desde hace tiempo. El que sea completamente falso no ayuda a erradicarlo.

¿Completamente falso? Eso lo habría dicho hace pocos años. Ahora sólo me quedo en “casi completamente falso”. No es que yo haya cambiado de idea. El islam ha cambiado de idea.

Sí, sí, lo admito: los especialistas en denigrar al islam y los especialistas en predicar sus vertientes más severas –no hay mucha diferencia entre ambos– siempre han sabido encontrar teólogos que, en algún momento de la historia, defendían la ablación. El que no aparezca en el Corán desde luego no importa a nadie: se ha conseguido encontrar un hadith (dicho del profeta Mahoma), y con esto basta. Basta, aunque cualquier persona dotada de raciocinio que lea este hadith concluiría que el profeta está recomendando practicar la ablación lo menos posible.

Pero de raciocinio no se trata a la hora de inventar, estandarizar y difundir escritos sagrados. Se trata de colocar un marco oficial a las tradiciones de la población a la que se le quiere imponer una religión (no seamos tan ingenuos como para tragarnos el cuento de que los hadith tengan una base histórica). Doctores tiene la Iglesia para justificar que los capirotes de la Semana Santa tienen algo que ver con el Evangelio.

Mujeres en una tienda de Raqqa, capital del autodenominado Estado Islámico, en Siria (Reuters).
Mujeres en una tienda de Raqqa, capital del autodenominado Estado Islámico, en Siria (Reuters).

Cristianos, musulmanes y animistas

De ahí que en las regiones donde este cruel rito de pasaje de la niñez a la adolescencia –eso es lo que ha sido la ablación desde un punto de vista antropológico– se ha practicado de toda la vida, no han faltado nunca teólogos expertos en hacer volutas y arabescos para justificarlo. Como Egipto, por ejemplo, casualmente centro teológico del mundo islámico desde hace siglos. Y en los países donde no se ha practicado nunca (Magreb, Siria, Irán...) tampoco se ha debatido siquiera, porque no hace falta gastar tinta en un rito que nadie conoce y que obviamente no forma parte del islam. Obviamente, para los musulmanes que lo desconocen.

Así estábamos hasta hace pocos años: la ablación se localizaba en África al sur del Sáhara, extendiéndose por el valle del Nilo hasta el Mediterráneo. Que no era algo islámico lo podía ver cualquiera que se diera una vuelta por África para estudiar el asunto (yo lo hice en 1996 por Burkina Faso): los musulmanes la practicaban asegurando que lo manda el Corán, los cristianos, aseverando que viene en la Biblia, y los animistas, diciendo que lo habían hecho ya sus bisabuelas. Y en el pueblo vecino, habitado por otra etnia, no la practicaba nadie.

En Etiopía, con una prevalencia de la ablación del 75%, la mitad de la población es cristiana y la tiene por costumbre muy arraigada, al igual que la judía (hoy trasladada a Israel)Por si hace falta insistir: en Etiopía, con una prevalencia de la ablación del 75 %, la mitad de la población es cristiana y la tiene por costumbre muy arraigada, al igual que la judía (hoy trasladada a Israel). En Egipto, la población copta la practica también, y las circulares de la Iglesia copta para desterrarla no parecen haber hecho mucho más efecto que las fetuas de los máximos clérigos islámicos, que también llevan años prohibiéndola... de boquilla, forzados por el Gobierno, porque Egipto no se puede permitir legalizar una práctica tan cruel.

Pero el que los cristianos coptos hayan adoptado la costumbre “por presión de la población musulmana dominante”, como se lee a veces, es una chorrada de manual: como si los hombres musulmanes, que por norma no se casan con coptas, tuvieran interés en el estado genital de las chicas cristianas. Dicen las expertas que la ablación ya fue conocida en la fase tardía del Antiguo Egipto, al menos según los autores griegos.

Ya que estamos con los mitos falsos: no, la ablación no es un método del hombre para controlar la sexualidad de la mujer. Es cierto que así lo suelen afirmar los teólogos musulmanes, siempre necesitados de buscarle una explicación racional a sus mandamientos. Pero la idea de que una mujer deja de sentir deseo porque le corten el clítoris es tan absurda que también se ha defendido lo contrario: la eterna insatisfacción por la falta de orgasmos provocaría un mayor estado de excitación. En resumen, es una construcción teórica de índole patriarcal para explicar un rito incomprendido.

Y desde Burkina al Kurdistán hay una constante, a través de toda etnia y religión: se trata de una ceremonia de mujeres para mujeres. Los hombres ni se enteran, a menudo. O no quieren enterarse. Si se les pregunta, son indiferentes o incluso están en contra. Quienes insisten en someter a sus hijas a esta mutilación son las madres, las tías, las abuelas –por incomprensible que parezca– y casi nunca los padres. Por qué es así es una pregunta que aún nadie ha sabido responder. Pero que la prédica del imam sobre la necesidad de controlar la sexualidad de la mujer convenza a un hombre en la mezquita y que este, al llegar a casa, ordene a su mujer cortar a la niña... así no era.

Kurdistán es el caso que descalabró la teoría del origen africano. La noticia saltó hace solo diez años, gracias a una investigación de la organización alemana Wadi, y sorprendió incluso a algunas mujeres kurdas, que no sospechaban la existencia de esta práctica. Pronto, ellas se organizaban para combatirla. Con bastante éxito: los imames locales no se oponen y los hombres se desentienden.

¿Qué tiene en común Kurdistán con África? Según Wadi, el islam: si se investigara, también se descubriría la existencia de la ablación en el resto de Irak, Siria o Jordania, cree la ONG. A mi juicio, se equivoca: sus propios estudios demuestran que entre las familias kurdas de la misma provincia, la ablación es dos veces más habitual que entre las de etnia árabe.

Un congreso que Wadi convocó en mayo en Estambul dibujó un mapa más amplio aunque se limitaba al llamado mundo musulmán y silenciaba que se han descubierto prácticas similares en tribus indígenas de Colombia y Perú. Fuera de África, concluyeron las participantes, la costumbre está muy extendida en Omán, en algunos pueblos de Irán alrededor del Estrecho de Ormuz y en el Kurdistán iraní. En todas estas zonas se trata de una costumbre tribal y tradicional, sin especial connotación religiosa  (si bien en una sociedad arcaica, todo rito es parte de la religión, así sea algo tan pagano como encender una vela a un santo).

Kurdas iraquíes con sus hijos en el campo de refugiados de Cukurca, en Turquía (Reuters).
Kurdas iraquíes con sus hijos en el campo de refugiados de Cukurca, en Turquía (Reuters).

La brutal islamización del Irak post-Sadam

La sorpresa vino al descubrirse que también una de cada cuatro mujeres en la región centro-sur de Irak ha sufrido la ablación. La investigadora, una médico iraquí, nunca había oído hablar de ella, pero sus entrevistadas le aseguraban que era “tradición”. Curiosamente, era dos veces más frecuente en las ciudades que en los pueblos, a la mitad de las entrevistadas se la habían practicado después de cumplir los 18 años y, aún más curiosamente, en más de la mitad de los casos era por deseo del marido, la familia del marido o por decisión propia.

Esto es algo completamente inimaginable para un rito tradicional de ablación que, salvo rarísimas excepciones, se practica en la niñez o adolescencia, siempre mucho antes de casarse. Incluso en los pueblos árabes de Kirkuk, virtualmente no hay casos después de los 13 años.

Será un corte más en la operación de trasplantar una nueva religión, el wahabismo saudí, al cuerpo del islam, mutilado hasta resultar irreconocible como una mujer con burka, como el sexo sin clítorisCabe una conclusión: se trata de un rito de reciente introducción, asociado a la brutal islamización de Irak tras la caída de Sadam Husein en 2003, y que hoy se intenta presentar como tradición. El estudio no aclara la confesión -suní o chií- de las afectadas, pero puede que importe poco: el radical integrismo wahabí, tal y como se exporta desde hace décadas desde Arabia Saudí, no es muy distinto del integrismo chií que proclaman los máximos clérigos de Irán y que se está imponiendo en Irak.

No consta que los clérigos chiíes hayan exigido imponer la ablación (no forma parte de la cultura persa), pero sí sabemos que numerosos predicadores saudíes la defienden como obligatoria, pese a que en Arabia tampoco es habitual. Y sabemos que ese predicamento, con toda su carga patriarcal y misógina, con su razonamiento del deber de “controlar la sexualidad de la mujer”, está dando sus frutos, especialmente en el sureste de Asia, fértil receptor del ideario wahabí más extremo (y de sus petrodólares asociados) desde hace décadas.

En Indonesia, hoy, la ablación se expande con un fervor nunca visto. En Malasia –Estado islamista– fue incluso declarada obligatoria por las autoridades religiosas en 2009. Hay quien recuerda que el rito tradicional malayo o de Sumatra –que existía desde hace siglos– no era precisamente cortar el clítoris, sino apenas hacer una incisión o, simplemente, frotarlo o mancharlo. Hoy es difícil establecerlo con exactitud, porque se está reemplazando en las últimas décadas por la ablación 'estándar' egipcia, realizada en hospitales y promovida por las fundaciones islamistas: algunas pagan a las madres para que traigan a sus hijas a ceremonias colectivas de “circuncisión”.

En otras palabras: no, la ablación nunca fue un rito islámico. Sí, la ablación se está convirtiendo en nuestra generación en un rito islamista. Ahora sí es el imam el que la predica y la grey la que empieza a cumplirla “para controlar la sexualidad de la mujer”. Hemos convertido por fin el mito falso en realidad. Y si el Estado Islámico realmente no emitió aquella fetua de Alepo o de Mosul, probablemente no dejará pasar la oportunidad de apropiársela y difundirla con entusiasmo, hoy o mañana.

Será un corte más en la operación de trasplantar una nueva religión, el wahabismo saudí, al cuerpo del islam, mutilado hasta resultar irreconocible como una mujer con burka, como el sexo sin clítoris.

Ilya U. Topper es co-fundador y director de la revista digital Mediterráneo Sur

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