UNA SOCIEDAD OBSESIONADA CON LA ESTÉTICA

Teherán, la capital mundial de la rinoplastia

Las concurridas calles de Teherán son el escaparate de una sociedad obsesionada con la estética. En cualquier rincón, rinden un culto especial a la belleza

Foto: La dependienta de una tienda de productos de belleza en Teherán, capital de Irán (Pilar Cebrián).
La dependienta de una tienda de productos de belleza en Teherán, capital de Irán (Pilar Cebrián).

Coloridos hiyabs de seda, trajes largos de hilo o labios pintados de rojo… las concurridas calles de Teherán son el escaparate de una sociedad obsesionada con la estética. En cualquier rincón del área metropolitana, desde la burguesa zona del norte hasta los suburbios del sur, ellas y ellos rinden un culto especial a la belleza. En la avenida Pasdaran, una mujer se retoca en un pequeño espejo de bolso; con absoluta normalidad, arregla la tira blanca que cubre su nariz; junto a la parada del autobús, un hombre que habla por teléfono lleva el mismo tipo de vendaje; al otro lado de la calle, una adolescente camina con el rostro completamente cubierto de gasas.

Durante los últimos años la República Islámica ha experimentado el boom de la cirugía estética y los salones de belleza. Concretamente, Teherán se ha convertido en la capital mundial de la rinoplastia, donde más de 200.000 iraníes pasan cada año por el quirófano para modificar su nariz. Según la Sociedad de Rinología del país, en Irán se realizan siete veces más operaciones per cápita que en Estados Unidos. La proliferación de los centros de estética invade la ciudad, y las iraníes acuden además mensualmente a arreglarse el pelo, las manos o el maquillaje y gastan un 10% de sus ingresos en productos de cosmética.

Durante los últimos años la República Islámica ha experimentado el boom de la cirugía estética. Teherán se ha convertido en la capital mundial de la rinoplastia. En Irán se realizan siete veces más operaciones per cápita que en EEUULos cirujanos destacan “la importancia del rostro femenino en la sociedad iraní”. La imposición del hiyab (velo) y del mantó (la camisa larga hasta las rodillas) restringe las capacidades de expresión femenina. Por esto, “muchas mujeres practican arte en la única zona visible para definir su identidad”, dicen. La nariz persa adquiere el protagonismo fundamental; gruesa y prominente desde la antigüedad, se ha vuelto el objetivo de casi todos los retoques. Pero la 'fiebre cosmética' se interpreta también como una forma de rebelión. Tras el estallido de la revolución islámica de 1979, el régimen prohibió a las mujeres llevar cualquier tipo de maquillaje. Durante los meses siguientes, la venta de productos cosméticos aumentó un 60%.

“La cirugía estética se ha convertido en una epidemia”

En el norte de Teherán, la clínica del reputado doctor Ali Esmaeili abre sus puertas. En menos de diez minutos el recibidor se llena de hombres y mujeres que vienen a hacerse una revisión. Un paciente joven hojea impaciente una revista; las heridas de su cuero cabelludo son consecuencia de los implantes capilares. A su lado, una mujer de edad avanzada muestra las secuelas de haberse sometido a un lifting. Pero, sin duda, la mayor parte de ellos luce la característica tirita blanca sobre su nariz, ya que el doctor Ali, especialista en cirugía facial, es un experto en rinoplastia. “¡Asia Hafezi!”, se escucha desde el interior de un despacho. Una mujer vestida de negro y con la cara todavía hinchada, se levanta y abandona el recibidor. 

Asia decidió lanzarse al quirófano hace dos meses porque “sus amigas ya se habían operado antes”, dice a El Confidencial entre risas. Con marcas moradas todavía bajo los ojos, muestra su nariz de perfil, “antes era un poco más grande”, cuenta. Su marido ha tenido que pagar 77 millones de riales (2.170 euros) por el cambio estético, un coste muy alto en un país donde el salario medio no supera los 400 euros mensuales. Y es que la fijación por la cirugía plástica no sólo afecta a las clases adineradas. Asia es ama de casa, no trabaja y se casó cuando apenas tenía 14 años. Desde la puerta, su marido explica molesto que no estaba de acuerdo con la operación. “77 millones es mucho dinero para nosotros”, comenta.

Una mujer en la sala de espera de la clínica del doctor Ali (Pilar Cebrián).
Una mujer en la sala de espera de la clínica del doctor Ali (Pilar Cebrián).

“La cirugía estética en Irán se ha convertido en una epidemia, en una moda”, cuenta a El Confidencial Mariam, una coordinadora de ventas en una compañía textil. Según explica esta bella iraní de 24 años, algunas de sus amigas han recurrido al bisturí sin necesitarlo, simplemente por el estatus que otorga ponerse en manos de un cirujano. Mariam se ha colocado un relleno en la barbilla porque “tras la operación de nariz no me reconocía”, dice. Para ella, la apariencia es muy importante en su trabajo, “ahora tengo más confianza en mí misma. El peligro es que todas tenemos las mismas narices, los mismos rasgos, y al final tienes la misma cara que tus amigas”.

Según el periódico conservador Etemad, en Teherán sólo hay 157 cirujanos con licencia, pero cerca de 7.000 centros practican de manera ilegalLos hombres también son asiduos al bisturí; se calcula que forman un tercio del total. Aidin, como la mayoría de clientes masculinos, acudió a la consulta porque, dice,  “tenía problemas respiratorios” y aprovechó el paso por el quirófano para disminuir el tamaño de su nariz. Aidin cree que todo el asunto se trata de estatus social. “La sociedad iraní se ha vuelto muy superficial y tener acceso a la cirugía es sinónimo de éxito”, cuenta a El Confidencial. Algunos personajes políticos, como el antiguo consejero de Mahmud Ahmadineyad, Esfandiar Rahim Mashae, reconoció públicamente haberse realizado un lifting en los párpados. El Gobierno y los líderes religiosos evitan pronunciarse sobre el asunto y no hace falta un permiso oficial para someterse a una operación. Excepto en el caso del pecho en las mujeres, que necesitan un documento aprobado por su marido.

Años dorados para el sector

La conocida clínica del doctor Ali Esmaeili practica 30 rinoplastias mensuales. El boom comenzó hace 20 años y el número de consultas legales e ilegales se ha multiplicado en la capital. Según el periódico conservador Etemad, en Teherán sólo hay 157 cirujanos con licencia, pero cerca de 7.000 centros practican de manera ilegal. “A veces es el propio asistente el que realiza la operación”, cuenta Ali a este diario. Como consecuencia, algunos resultados son desastrosos y parte de los iraníes tiene la nariz completamente desfigurada. En algunos casos, las mujeres se han sometido a 20 rinoplastias seguidas y sus narices son irrecuperables. El Ministerio de Justicia se vio obligado a crear una oficina especial para tramitar las quejas, que superan el millar.

Como buen iraní, Ali también opina que “la belleza es muy importante”. Después de graduarse en medicina por la Universidad de Teherán, un accidente de coche cambió su carrera profesional. Ali quedó marcado con varias cicatrices faciales y vivió en primera persona el estigma de no tener el rostro adecuado. Aun así no es muy optimista al contestar cuáles son las razones del fenómeno, “los motivos son psiquiátricos. La población iraní no está satisfecha con nada”. Él cree que la mayoría de sus compatriotas “están deprimidos. La constante represión, las estrictas normas y la religión han creado una sociedad enferma”, asegura.

El doctor Shariati durante una intervención en una clínica de Teherán (Reuters).
El doctor Shariati durante una intervención en una clínica de Teherán (Reuters).
Un espacio para la libertad

Los salones de belleza han adquirido un especial significado en Irán porque, como todos los espacios interiores, escapan de los ojos de los ayatolás. Aquí las mujeres se quitan el velo, ríen entre ellas y visten ligeras camisas de tirantes. Las peluquerías son un pequeño espacio femenino para la libertad. Desde primera hora de la mañana, el salón “Gol”, uno de los más antiguos de Teherán, se llena de clientas. Al entrar por la puerta, todas se quitan el velo y acuden a la recepción. El ruido de secadores se mezcla con las risas y las voces de 40 mujeres. Sobre las paredes, cuelgan fotografías de voluptuosas novias sin velo, que las autoridades intentaron prohibir en el pasado.

Los cirujanos destacan la importancia del rostro femenino en la sociedad iraní. La imposición del hiyab (velo) y del mantó (la camisa larga hasta las rodillas) restringe las capacidades de expresión femenina. Por esto, muchas mujeres practican arte en la única zona visible para definir su identidadLos servicios más demandados son “las cejas, mechas y manicura”, dice Parisa, una esteticista rubia de baja estatura. Unas cejas nuevas, generalmente rubias o rojizas, cuestan 160.000 riales (4,5 euros); unas uñas de porcelana, 600.000 riales (17 euros); un nuevo peinado, 400.000 riales (11 euros). El canon popular iraní se compone de cejas tatuadas en forma de V, nariz afilada y labios gruesos de color. El pelo tiene que quedar abultado bajo el velo. Negar, una joven de 28 años que ha venido para hacerse unas mechas rojas, dice a El Confidencial que “se trata de una cuestión cultural. Las mujeres del imperio persa ya eran conocidas por los cuidados que le daban al cabello, por su maquillaje o su bisutería. Somos una civilización coqueta”.

Sea una cuestión cultural, una moda o una forma de rebelarse, la sociedad iraní parece caminar en la dirección opuesta a los dictámenes impuestos por su gobierno. Lejos de la vida interior que promueven los líderes religiosos, el pueblo iraní vive más pendiente de su aspecto que de su religión. Una tendencia que muchos utilizan como elemento diferenciador, para hacer gala de su cultura persa frente al resto de países árabes de la región; quizá sea una manera de rescatar un gusto refinado frente a la sobriedad de un régimen estrictamente religioso; o quizá sea un simple modo de evasión, un alegato a su belleza que ha caído en la exageración. 

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