LA SEGUNDA urbe POR pib, EN DECADENCIA

Nueva York, ciudad en vías de desarrollo

Aterrizar en Nueva York es regresar al pasado y superar toda una serie de obstáculos: ratas, casas insalubres, infraestructuras en decadencia...

Foto: Una excavadora, entre los restos de la explosión en Harlem. (Reuters)
Una excavadora, entre los restos de la explosión en Harlem. (Reuters)

Las dos primeras ciudades del mundo en Producto Interior Bruto generado (PIB) son Tokio y Nueva York. La economía nipona crea cada año 1,9 billones de dólares, el doble del PIB español, y la estadounidense llega a 1,4. Sin embargo, mientras que viajar la capital japonesa es ir hacia el futuro y la opulencia, aterrizar en Nueva York es regresar al pasado y superar toda una serie de obstáculos arquitectónicos. Tokio deja boquiabierto al visitante por sus infraestructuras: trenes bala, edificios inteligentes, espacios optimizados; Nueva York provoca desconcierto por su decadencia. La capital financiera global vibra, sí, pero tiene asignaturas pendientes dignas de una urbe en vías de desarrollo.

La explosión de gas y posterior derrumbe de un edificio de viviendas en el Harlem hispano de Manhattan podría haber ocurrido en cualquier lugar. Pero se da la circunstancia de que uno de los dos edificios afectados acumulaba decenas de denuncias por irregularidades: fallos estructurales y violaciones de la normativa de seguridad, según el senador Adriano Espailla. El drama, que provocó al menos ocho muertes, ha puesto de manifiesto la precariedad de una buena parte del sector inmobiliario neoyorquino. A ello se suman serios problemas de salud pública como las ratas, la pintura con plomo y asbestos en los apartamentos, los socavones del asfalto o la escasa iluminación nocturna. La foto de la ciudad no está a la altura de lo que representa.

Se estima en casi 50.000 millones de dólares, 35.000 millones de euros, lo que se necesita gastar durante los próximos cinco años para reparar las infraestructuras públicas de la ciudad, según el Centro Para el Futuro Urbano (The Center for an Urban Future). Es una cantidad equivalente a los ingresos por impuestos de todo un año, pero ínfima si se compara con el volumen de riqueza generado. Invertir en renovaciones ahora, además, ahorraría cuantiosos gastos de mantenimiento. Un ejemplo son los millones de dólares anuales gastados en las obras de la red de cañerías de la ciudad: más de 1.500 kilómetros de tuberías centenarias que sufren una media de 400 roturas cada año.

Pasajeros en el metro de Nueva York. (Reuters)
Pasajeros en el metro de Nueva York. (Reuters)
El octavo infierno de Dante

Una de las experiencias más extremas en una capital occidental es viajar en el metro neoyorquino en verano. La ausencia de sistemas activos de ventilación (sólo hay unas rejillas muy básicas) y el hecho de que esté construido justo debajo del asfalto lo convierten en un horno. Mientras, en las vías y en los andenes se pasean ratas bien nutridas que rebuscan entre la basura pestilente por el calor y la humedad. Algunos lo llaman “el octavo infierno” de Dante.

El problema de los roedores es serio: cada año cien neoyorquinos sufren mordiscos de ratas o ratones, según las estadísticas del Departamento de Salud. Esta institución lista los detalles de estos desagradables acontecimientos: una niña de tres años que recibe un bocado en la espalda, ratones que se suben a las cunas de los bebés y los atacan... Las más afectadas son las zonas subdesarrolladas del Bronx, donde se encuentra por cierto uno de los distritos más pobres del país.

Archiconocido es el vídeo de una plaga de ratas en un restaurante de KFC de Greenwich Village, uno de los barrios de moda de la ciudad. Aunque las estadísticas varían, se estima que hay más ratas que habitantes en la ciudad. Por supuesto, alrededor de todo ello se ha levantado un lucrativo negocio. En las drug stores tienen amplios estantes con todo tipo de trampas para roedores. Una búsqueda en Google Maps muestra que hay al menos un servicio de “exterminadores” o controladores de plagas por cada dos o tres bloques de edificios.

Restaurante NY ratas

La caza al ratón forma parte de la idiosincrasia de la ciudad. Varios neoyorquinos escriben blogs dedicados a cómo deshacerse de los roedores en las casas. Afirman con sorna que los animales de la ciudad han evolucionado tanto que ignoran los cebos tradicionales, se han acostumbrado a evitar las trampas con los olores tradicionales. Para intentar solucionar el problema, la ciudad investiga ahora una nueva generación de cebos para ratas. Se trata de engañar a los roedores añadiendo al veneno sabores y olores que les atraigan, es decir, los más habituales en la basura callejera neoyorquina, como pizza de pepperoni o perrito caliente.

La nueva línea en la parte este de Manhattan, cuyos túneles horada la española Dragados, ha sufrido tantos retrasos por falta de presupuesto que ya se la conoce como 'la línea de metro que el tiempo olvidó'Otro de los grandes problemas made in NY son las chinches, un bicho que vive normalmente en los colchones y que se nutre de sangre humana, provocando hinchazón y picor con sus mordeduras. En el metro casi siempre se ve algún anuncio de fundas especiales para los colchones. Existe, de nuevo, todo un “tercer sector” alrededor de la eliminación del desagradable animal: con frío en chorro, con perros que las detectan para después eliminarlas químicamente…

Un metro olvidado y viviendas insalubres 'high cost'

El pavimento de las calles sigue restando puntos al desarrollo de la ciudad. Su mal estado provoca baches enormes que pueden tumbar al ciclista más experto. En invierno, la nieve penetra el asfalto y hace de cuña, creando socavones que este pasado invierno han obligado a cortar el tráfico en varias calles. El resto de las infraestructuras no están en mejor estado. Los principales túneles y puentes, la única forma de entrar y salir de la isla de Manhattan, datan en su mayoría de principios del siglo XX. El metro y el tren son bastante eficientes, a pesar de todo, al menos de lunes a viernes y si no hay averías. Pero necesitan urgentemente un remozado, que se hace por partes durante los fines de semana. El gran proyecto suburbano, la nueva línea en la parte este de Manhattan, cuyos túneles horada la española Dragados, ha sufrido tantos retrasos por falta de presupuesto que ya se la conoce popularmente como “la línea de metro que el tiempo olvidó”.

Pero la principal preocupación del neoyorquino no son las infraestructuras, sino la vivienda. Es un mercado altamente especulativo, con una demanda feroz. Más de la mitad de los ciudadanos viven en apartamentos que no pueden permitirse -es decir, que destinan al alquiler o a la hipoteca más de un 30% de su renta disponible, según datos municipales-. A pesar de ello, las condiciones en las que viven a menudo son insalubres e inseguras.

Vista aérea de la ciudad. (Reuters)
Vista aérea de la ciudad. (Reuters)
La protagonista de la conocida serie Girls, en pleno discurso sobre lo lamentable de su vida en Nueva York, se quejaba de tener que vivir constantemente preocupada por la eventual presencia de asbestos en las paredes de su apartamento. En Estados Unidos cada año mueren 10.000 personas a causa de este mineral, utilizado en construcción, que provoca cáncer y enfermedades pulmonares. En el Departamento de Sanidad hay hasta una unidad especial para tratar de poner coto al problema.

Lo mismo ocurre con el plomo. La pintura con ese metal pesado puede pasar a la sangre de los niños y provocar daños cerebrales. Se estima que uno de cada seis menores de seis años en Estados Unidos tiene niveles considerados intolerables. En Nueva York, la ley obliga a revisar las casas anteriores a 1978, año en que se prohibieron las pinturas que contuvieran el metal. Sin embargo, no se vela por su cumplimiento. Lo que único que se hace es un examen a los niños de un año para detectar los niveles de plomo de su organismo y alejarles de la fuente en caso de que den positivo. Es decir, se pone un parche a posteriori.

Nueva York es una gran ciudad sobre todo porque consigue atraer a millones de personas, la mayoría jóvenes, del país y de todo el mundo: los que quieren triunfar en las finanzas, el cine, el teatro, o los que necesitan un puesto de trabajo en las decenas de miles de restaurantes de la ciudad para mandar dinero a sus familias en México o Puerto Rico. Eso crea una marea humana vibrante. Pero también es una ciudad con una altísima rotación. Se vive de paso. Los apartamentos no se reparan como si fueran para toda la vida, las calles no se cuidan, y recibe cada año a millones de visitantes. El resultado es que la ciudad de la magia se convierte, en ocasiones, en una urbe precaria, casi en vías de desarrollo.

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