EL CRONISTA DE LA CÁMARA DE LA MUERTE

“He visto más de 300 ejecuciones”

"Cada tres semanas veo morir a alguien". Cuando el pentobarbital inundar las venas de los condenados, Graczyk tiene ya preparado el cuerpo de la noticia

Foto: Michael Graczyk, el periodista que ha cubierto más de 300 ejecuciones en Texas.
Michael Graczyk, el periodista que ha cubierto más de 300 ejecuciones en Texas.

"Cada tres semanas veo morir a alguien”. Para Michael Graczyk la pena de muerte es una rutina laboral y cuando el pentobarbital empieza a inundar las venas de los condenados, él tiene ya preparado el cuerpo de la noticia. “Los procedimientos son siempre iguales y también es parecida la reacción de los presos”, dice. La mayoría suspira, pierde la consciencia y se queda clavado en la silla, normalmente con los ojos bien abiertos.

El anestésico que se les inyecta en la Unidad Carcelaria de Huntsville tarda entre 5 y 15 minutos en matar, siempre que no haya accidentes y que el paramédico encuentre a la primera una vena. Graczyk aprovecha este tiempo para tomar notas y estudiar la reacción de la audiencia. El público es variado. El estado de Texas permite que acudan autoridades, grupitos de periodistas y dos sectores familiares, como si se tratase de una boda con la muerte. Por un lado están los allegados del ejecutado; por el otro, los de sus víctimas. Les separa un muro para no intensificar la tragedia.

Texas es el estado de EEUU que más presos ha ejecutado (509) desde que se reinsertó la pena de muerte en 1976. Y Graczyk es la persona que más casos ha presenciado. Por ello, está considerado el hombre vivo con más experiencia en el patíbulo, al menos en Occidente. 'He visto más de 300 ejecuciones, la verdad ya no sé cuántas, hace tiempo que perdí la cuenta'En 1984, Graczyk era un periodista más en la sede de la agencia AP en Houston. Hasta que le tocó cubrir la condena de James Cowbow Autry, un tipo que le metió a la dependienta de una tienda un tiro entre los ojos mientras peleaban por un pack de seis cervezas. “La primera vez definitivamente te deja una fuerte impresión”, cuenta a El Confidencial. Aquel caso fue histórico y cambió la manera de hacer las cosas en Texas. “La Corte Suprema paró la ejecución cuando Autry tenía ya la vía intravenosa puesta. Desde entonces, se espera a que todas las apelaciones queden resueltas antes de llevar a un reo al patíbulo, para evitar que nadie pase por eso dos veces”.

Cowbow Autry fue finalmente ejecutado y Graczyk recuerda con nitidez lo que una amiga suya murmuraba en sus minutos finales. “Hablaba del bonito color de los ojos de Autry. Luego esos ojos se abrieron de par en par, dejando al descubierto por última vez ese tono marrón”. El veterano reportero ha pasado cientos de horas dentro del edificio de ladrillos rojos de Huntsville, cuyas paredes han visto más “muertes legales” que ningún otro lugar de Estados Unidos.

“Suelo llegar un par de horas antes y avanzo algo de trabajo desde la sala de prensa. Si todas las apelaciones se han agotado, nos conducen a la sala de la muerte sobre las seis de la tarde. Normalmente salimos de la prisión 40 minutos después y a veces tenemos opción de entrevistar a alguno de los testigos, si ellos quieren. A los verdugos no podemos entrevistarlos nunca”, explica.

"A veces hay sorpresas en la cámara de la muerte"

La cama de ejecuciones de Hunstville (Reuters).
La cama de ejecuciones de Hunstville (Reuters).
Graczyk acumula un siniestro anecdotario. “A veces hay sorpresas en la cámara de la muerte”, dice. Por ejemplo, la que ofreció Ponchai Wilkerson, quien escupió una pequeña llave cuando la droga letal empezó a hacerle efecto. Graczyk descubrió después lo que había pasado. Wilkerson, un recluso indomable que se había escapado dos veces del corredor de la muerte, forcejeó hasta el último momento con la policía penitenciaria y, en un descuido, logró quitarles la llave de sus esposas sin que se diesen cuenta. Al final, no le sirvió de nada.

También recuerda a Jonathan Nobles cantando Noche de paz en sus momentos finales. “Desde aquel día, las Navidades no han sido lo mismo para mí”, dice. La ejecución de Bob Blacks también se le quedó grabada. “Cuando entré en la cámara de la muerte me saludó por mi nombre y me preguntó qué tal estaba. ¿Qué le dices a un hombre perfectamente sano que va a morir en pocos minutos?”.

También recuerda la aguja desprendiéndose del brazo de Raymond Landry y rociando la sala de líquido letal, así como las últimas palabras de Johnny Frank Garrett, quien después de agradecerle a su familia el cariño que le había dado, añadió: “El resto del mundo me puede besar el culo”. Las últimas palabras de los reos suelen ser una fuente inagotable de sorpresas. “Al menos dos prisioneros les agradecieron a los Dallas Cowboys (equipo de fútbol americano) el haberles hecho la vida más entretenida”. Pero el más creativo al despedirse fue probablemente Patrick Knight, quien organizó una suerte de concurso, abierto a todo el mundo, para escoger un chiste con el que despedirse de este mundo. “El que eligió fue decir que él en realidad no era Patrick Knight. Luego sus huellas dactilares confirmaron su identidad.

También recuerda a Jonathan Nobles cantando 'Noche de paz' en sus momentos finales. 'Desde aquel día, las Navidades no han sido lo mismo para mí', dice. La ejecución de Bob Blacks también se le quedó grabada. 'Cuando entré en la cámara de la muerte me saludó por mi nombre y me preguntó qué tal estaba. ¿Qué le dices a un hombre perfectamente sano que va a morir en pocos minutos?'Texas es el estado de EEUU que más presos ha ejecutado (509) desde que se reinsertó la pena de muerte en 1976. Y Graczyk es la persona que más casos ha presenciado. Por ello, está considerado el hombre vivo con más experiencia en el patíbulo, al menos en Occidente. “He visto más de 300 ejecuciones, la verdad ya no sé cuántas, hace tiempo que perdí la cuenta”. Mil veces ha explicado que abandonó la lista cuando se dio cuenta de que podía ser malinterpretada. “Había gente que lo veía como si estuviese haciendo muescas en mi revólver, como una lista personal”, dice. A sus 63 años atesora una experiencia única en uno de los asuntos más polémicos de EEUU, pero se niega a opinar al respecto. “Es irrelevante lo que yo piense de la pena de muerte. Yo vengo aquí para hacer mi trabajo, que es reportar y contar la historia”, dice. Nadie, ni siquiera sus compañeros, han conseguido sacarle un comentario.

Graczyk acudió a su última ejecución este mismo miércoles, un par de horas después de hablar con El Confidencial. Presenció la muerte del mexicano Edgar Tamayo y, como siempre, su crónica fue precisa y rica en detalles. En el tercer párrafo decía así. “Cuando un guardián le preguntó si tenía una última declaración, (Tamayo) musitó 'no' y movió la cabeza. A medida que la dosis letal de pentobarbital comenzó a hacer efecto, respiró unas cuantas veces y luego hizo un ronquido ligeramente audible antes de dejarse de mover por completo. Fue declarado muerto 17 minutos después de que le administraran la sustancia, a las 9:32 de la noche”.

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