Pesca fantasma: cómo matar el mar a cambio de nada
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Conservación de los océanos

Pesca fantasma: cómo matar el mar a cambio de nada

El abandono de redes y aparejos de pesca supone uno de los mayores problemas para la conservación de la biodiversidad marina y los recursos pesqueros

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Tortuga marina atrapada en restos de redes de pesca en aguas de Canarias (EFE)

Redes de pesca abandonadas a la deriva, enmalladas con plásticos y otros residuos artificiales como los dispositivos para concentrar la pesca (FAD, por sus siglas en inglés) constituyen una amenaza muy real para la biodiversidad de los océanos. Conocida como “pesca fantasma”, este fenómeno no es nada paranormal sino una verdadera trampa mortal que acaba cada año con la vida de más de 100.000 ballenas, delfines, focas tortugas y en torno a un millón de aves marinas.

Estos residuos pesqueros pueden suponer hasta el 10 por ciento de los 6,4 millones de toneladas de residuos marinos que, según la ONU, se vierten al mar cada año. Se trata de redes de pesca, cestas, trampas, palangres o dispositivos de agregación de capturas que se pierden con las corrientes o las tormentas y que surcan lo mares fuera de todo control. Precisamente uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU se centra en atajar este grave problema.

placeholder Redes de pesca fantasma en el fondo marino. (EFE)
Redes de pesca fantasma en el fondo marino. (EFE)

Pero además, en su viaje a ninguna parte, liberan sustancias contaminantes que perjudican a los ecosistemas marinos. Muchas veces los FADs proceden de la pesca ilegal y son rudimentarios, hechos con botellas de plástico y redes colgantes en las que finalmente queda atrapada la fauna.

Solo en el Mediterráneo occidental se calcula que van a la deriva entre 50.000 y 60.000 artefactos. El pasado verano la Fundación Palma Aquarium en Baleares se vio desbordada por la entrada de tortugas enmalladas. La Fundación Save The Med realizó entonces una campaña de recogida de dos meses de duración en la que recuperaron 82 aparejos del fondo marino, una buena cifra pero que apenas representa la punta del gigantesco iceberg de la pesca fantasma.

Retirar todo eso de ahí abajo

Bajo el nombre de ‘Med Ghost Fad’ esta fundación trabaja en colaboración con entidades científicas pero sobre todo con la gente del mar: cofradías de pescadores y navegantes de embarcaciones de todo tipo, que bajo el lema de campaña ‘Todos por la mar’ buscan sacar todos esos residuos de los fondos marinos. También colaboran el Servicio de Vida Silvestre y Pesca de Estados Unidos (USFWS) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), además del Proyecto LIBERA de SEO/Birdlife y Ecoembes y la Fundación Reina Sofía.

El problema es global y a nivel internacional la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) impulsó la Iniciativa Global sobre Redes Fantasma (GGGI) y directrices voluntarias para el mercado de artes de pesca. Asimismo, en 2015 se creó la Global Ghost Gear Iniciative de la que forman parte más de 90 organizaciones ambientales, agencias intergubernamentales y empresas de todo el mundo.

El Objetivo numero 14 de los ODS señala la necesidad de conservar los mares y utilizar sosteniblemente los recursos marinos

En los años 80 Francia e Italia introdujeron las peligrosas redes a la deriva pelágicas como arte para la pesca de pez espada y atún y a finales de la década, en 1987 aparecieron las primeras en España. Fueron los propios pescadores palangreros los que entonces se unieron a Greenpeace y exigieron al Gobierno su prohibición. Hubo que esperar hasta 2001 para lograr ese objetivo, pero algunas flotas las siguieron usando años después.

Más allá del Mediterráneo, en las aguas profundas de los océanos la flota atunera despliega decenas de miles de dispositivos para concentrar la pesca en el Índico, el Pacífico y el Atlántico donde genera un impacto devastador. Las principales organizaciones pesqueras se han dado cuenta de que la situación es insostenible y han comenzado a desarrollar dispositivos de menor impacto, con materiales biodegradables como el bambú e incluso boyas que llevan incorporados un GPS para facilitar su localización y recuperación para evitar su pérdida.

España posee una de las mayores flotas atuneras que faenan por todo el mundo. Desde 2016 la Organización de Productores Asociados de Grandes Atuneros Congeladores (OPAGAC) mantiene un proyecto en Islas Seychelles con la Island Conservation Society (ICS), la Island Development Compani (IDC) y la Autoridad Pesquera de Seychelles (SFA), para retirar los dispositivos FAD y evitar el riesgo de varamiento en las playas y arrecifes. Allí faenan más de 15 barcos españoles. El proyecto ha recibido una subvención del Fondo Ocean Stewardship (OSF) el programa de la certificadora MSC que reconoce y premia las prácticas pesqueras sostenibles.

Ahora es el momento de que otras flotas se unan al proyecto para ayudar a las Seychelles a lograr entornos de arrecifes y playas totalmente libres de desechos FAD en un futuro cercano”, ha manifestado el director gerente de OPAGAC, Julio Morón.

placeholder Tiburón martillo atrapado en una red fantasma. (EFE)
Tiburón martillo atrapado en una red fantasma. (EFE)

También la Confederación Española de Pesca lleva también varios años realizando un proyecto de pesca sostenible de la mano de WWF para reducir el impacto de esta actividad, que incluye diversas acciones para reducir la pesca fantasma. Una actividad a la que también contriuye

La tecnología de rastreo vía satélite es otra de las herramientas para luchar contra esta lacra, una de las muchas que amenazan los océanos. Por ejemplo, la empresa española de telecomunicaciones Satlink y la empresa de reciclaje Bureo lograron recolectar 100 toneladas de redes de pesca a lo largo de la costa de Chile para su posterior clasificación y reciclaje.a través del proyecto ‘Net100-Net+Positiva’, que obtuvo el segundo premio Latinoamérica Verde a las mejores iniciativas para proteger el ecosistema marino.

Uno de los retos internacionales que quedó pendiente en 2020 fue el de lograr un Tratado Global de los Océanos que logre proteger el 30 por ciento de su extensión de aquí a 2030 preservando esas áreas de la pesca industrial. Ello supondría un gran avance en la mejora de la salud de los océanos, la conservación de los recursos pesqueros y la rica biodiversidad que albergan.

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