'La hija del txakurra': un ex guardia civil relata el drama de las víctimas de ETA
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'La hija del txakurra': un ex guardia civil relata el drama de las víctimas de ETA

El ex guardia civil José Alfonso Romero cuenta la parte más personal y humana de las víctimas de ETA en 14 relatos llenos de experiencias en primera persona

placeholder Foto: Agentes de la Guardia Civil, durante el registro de un domicilio en San Sebastián. (EFE)
Agentes de la Guardia Civil, durante el registro de un domicilio en San Sebastián. (EFE)

En 14 relatos sobre la violencia que ejercía ETA, José Alfonso Romero quiere poner en valor la parte más personal de las víctimas. Este ex guardia civil estuvo destinado en San Sebastián durante los años más duros de la banda armada, cuando los asesinatos eran casi diarios y la sociedad les marginaba en todos los aspectos. Después de más de 30 años, ha decidido rendir homenaje a todas esas personas que conoció y con las que compartió sufrimiento a través del libro 'La hija del txakurra'.

Pregunta. ¿Por qué comenzó a escribir este libro?

Respuesta. Yo estuve destinado en San Sebastián como guardia civil. Todo lo que vives allí te marca. También en un momento entendí que debía hacer algo, porque me preocupaba que se empezaba a desdramatizar a ignorar la parte humana de las víctimas. En general, del civil, del guardia civil o del policía, de todos. Se reducía al uniforme o a aspectos exteriores, pero no se hablaba del verdadero drama que un asesinato lleva detrás. Ahí es donde nace la idea de hacer algo que ponga en valor la visión humana indiscutible, que a veces parece un poco ingenuo, pero es así.

P. El primer relato, que se puede descargar gratuitamente, se llama ‘Once años después de morir’, y cuenta el asesinato de un ex guardia civil contado por su mujer. ¿Su idea era contar ese sufrimiento de mano de los familiares?

R. Lo que en el fondo quiero es hacer un homenaje y, sobre todo, que se visualice la brutalidad de todas estas acciones. He escrito los relatos con elementos de lo que ocurría, no es que invente nada sino que con esos elementos creas una serie de relatos que efectivamente no se ciñen a lo que pasó realmente. Porque si hablas de una persona en concreto, reduces mucho el espectro para que una persona visualice y causas también un dolor añadido a la persona. Quiero que la gente se vea más reflejada en el dolor de una viuda, por ejemplo, que a lo mejor en el hecho en sí de que han asesinado a su marido. Por otro lado, la sociedad también tiene una idea más general de que muchas más personas vivieron esa situación.

Es muy curioso ese primer relato con el que empieza el libro, que trata de ese agente que en su momento acompañaba a José Ángel Pardines, el primer Guardia Civil que mató ETA, y después a los 11 años, cuando ya estaba retirado, lo asesinan. Es algo simbólico, empiezo con él por el simbolismo de cómo se cierra el círculo.

P. En el título, ‘La hija del txakurra’, puede que muchos no entiendan el término despectivo para denominar a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado... pero para otros es un término muy fuerte.

R. Sí, efectivamente. De hecho, igual a personas cercanas que lo han sufrido les puede echar para atrás un poco el título. Cuando intentas ir a esa parte, es decir, a lo humano, entiendo que es importante poner esos elementos. En este sentido, el título lo cojo del segundo relato del libro, que habla de la situación de los niños. En el libro digo que los niños eran la parte más inocente de toda esta situación, y realmente llegó un momento en que toda esa deriva que se produce con la violencia les iba a afectar. Había un rechazo en las escuelas porque la presión era muy alta y la gente quería congraciarse con ellos.

La idea de este relato viene de cuando yo estaba de servicio en la puerta de la Comandancia en Guipúzcoa, y pasaba por delante un autobús con niños que iban al colegio. Nosotros teníamos prohibido montarnos, lo que se me quedó muy grabado. Con todo esto del autobús, hilo este relato: cuando matan al padre de una de esas niñas, uno de los profesores dice: “Por fin se ha quedado huérfana la hija del 'txakurra”.

P. ¿Qué es lo que pretende realmente reflejar con este libro?

R. Lo que quiero es contar la parte que no se ha contado. Es decir, las víctimas han sido siempre como un catálogo, como números. La cuestión era hablar de esas personas que tienen ilusiones, una novia, una mujer a la que dejan viuda, una familia detrás de ese latigazo que es una huella indeleble. El que muere muere, pero los demás deben vivir con ese drama. La Historia se va a dirigir a contar los acontecimientos importantes, como la lucha contra el terrorismo, pero yo quiero hablar de la gente. Intento a través de la literatura reflejar cómo sufrimos. Realmente no se habla del drama que vivíamos dentro, éramos personas, eso no está en ningún informe de la Guardia Civil. Intentar conciliar esa vida con la violencia, el rechazo social. Hablo de nuestros miedos, de nuestra desesperanza, porque éramos muy jóvenes. La edad media eran 25 años.

P. En la presentación del libro, habla de una sociedad acomplejada en los años ochenta. ¿A qué se refiere?

La sociedad española estaba acomplejada por la dictadura y siempre lo estuvo respecto a ETA. De hecho, le fue bien porque se entendió en un principio como la respuesta a la dictadura y se le fue dando un valor que no tenía. Era un grupo que, para bien o para mal, tenía una idea muy clara respecto a la independencia que tanto reclamaba. Lo demás le importaba tres pitos. El primer complejo está en el propio Estado porque no aplicó los principios del derecho. Hubo un momento en que hizo dejación y ahí quedábamos nosotros en tierra de nadie. Había un atentado y se rasgaban las vestiduras, pero al día siguiente ya se volvía a hablar de conflicto. Ya no te digo nada del Gobierno vasco que, por ejemplo, decía que era una brutalidad y al día siguiente les llamaba 'soldados vascos'. Esto era desalentador.

Creo que el complejo era general, pero en el País Vasco había miedo. ETA metafóricamente era el Estado, tenían más poder que los demás. Nosotros podíamos representar porque éramos los que aparecíamos armados, pero la parte represiva realmente la ejercía ETA. Congraciarse con ETA era una seguridad. Tú podías hacer muchas estupideces de estas que se hacían, porque muchas veces allí las personas hacían cosas que no se deberían consentir, pero las hacían porque estaban rotos, había gente que estaba mal. Gente que llevaba cinco años allí sometida a esa presión y estaba rota. Nunca se dijo, porque por parte del Estado interesaba que fuéramos siempre de granito y que no te corrompieras. En la sociedad vasca había miedo y era lógico. Hablar con nosotros podía ser causa de que te mataran. Simplemente eso.

P. ¿Cómo era la vida de un guardia civil en San Sebastián en aquella época?

R. La vida era totalmente irregular. Yo llegué allí en el año 1979 y estuve hasta mediados de los años ochenta. Una situación anómala, perversa en todos los aspectos, y no te aportaba nada. Era una situación de violencia. En la calle era un rechazo continuo, la sensación que tenías era de que la gente te odiaba. Estabas sirviendo a una sociedad que no tenía sentido. Por la calle tenías que ir con mucha precaución.

P. ¿Qué le dejó esta experiencia?

R. A mí me rompieron el sistema nervioso, a partir de ahí me fui, pero he estado siempre mal. Anímicamente te rompes porque no lo acabas de superar. Vas pensando que alguien te puede matar. Yo era una persona que no había tenido nunca ningún problema y llegué allí con 19 años. Y llega un momento en que te das cuenta de que es imposible defenderse. Entender y aceptar que si te quieren matar, lo van a hacer es muy duro.

P. ¿Cree que ha habido un cambio de actitud de las instituciones con el paso de los años?

R. La soledad que vivían las víctimas era general y es verdad que eso fue cambiando. Lo que sigo viendo es que hay que intentar sacar a las víctimas del contexto político. Porque la política todo lo justifica, es decir, en función de cada uno y de sus intereses. Yo creo que se debe contar la historia y el dolor, porque eso es incontestable. El dolor rige para todos, no es algo opinable. Algunas directivas de asociaciones se han posicionado y eso ha causado mucho dolor a las víctimas.

P. Ha escrito otros libros, pero supongo que este será el más especial.

R. Lo que he querido en este es hablar de la persona, no decir un número o 'txakurra', y sacarlo de esa sospecha. Imagínate un civil: si no era porque había sido alcalde franquista, era porque había sido de la UCD, y si no, llegaba un momento en que se decía “algo habrá hecho”. Y no lo decía ETA, lo decía la sociedad. Eso es terrible. Cuando pasaron los años empecé a entender que había la necesidad de hacer un gesto, al margen de que yo fuera guardia civil. Dejar claro que somos personas. Ahora lo considero un homenaje a todas esas personas que conocí.

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