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El enigma del metano de Valdemingómez: la ESA compara a Madrid con Bangladesh
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GRANDES EMISIONES SIN EXPLICACIÓN

El enigma del metano de Valdemingómez: la ESA compara a Madrid con Bangladesh

La agencia espacial europea alerta de una misteriosa emisión de metano, la mayor de Europa, procedente de los vertederos de Madrid. Nadie sabe qué está sucediendo

Foto: El vertedero de Valdemingómez, al sur de Madrid (Efe)
El vertedero de Valdemingómez, al sur de Madrid (Efe)

El metano es uno de los gases que se producen durante la descomposición de la materia orgánica, en este caso de la basura depositada en los vertederos. No es peligroso para el ser humano siempre que esté disuelto en el aire, si bien presenta otros inconvenientes: es un gas de efecto invernadero, inflamable y con un olor pútrido. Además, existe una directiva comunitaria de 1999 que obliga a los vertederos que utilicen el metano para generar energía o quemarlo, pero no expulsarlo a la atmósfera. Con las cantidades detectadas por la agencia espacial se podría abastecer a 350.000 hogares, en torno a un tercio de los que hay en toda la ciudad.

placeholder Imagen satélite del vertedero de Valdemingómez con su nube de metano. (ESA)
Imagen satélite del vertedero de Valdemingómez con su nube de metano. (ESA)

No se sabe a ciencia cierta de dónde procede el metano de Valdemingómez, el vertedero a donde llega toda la basura de la ciudad. En teoría, del tiempo que se deja la basura al aire libre para que se pudra y empiece a emitir gases, que a la postre son convertidos en electricidad. No obstante, los vertederos tienen la obligación de sellar sus instalaciones para que esta pérdida sea mínima o nula. ¿Está Valdemingómez perdiendo metano? Mientras que la ESA confía en sus mediciones, desde el ayuntamiento de Madrid indican que estos datos no coinciden con los que ha recabado la corporación muncipal a lo largo de los meses de abril, mayo y julio y que, por tanto, podrían tratarse de una emisión puntual. Además, desde Cibeles recuerdan que las imágenes se tomaron desde gran altura y que estas nubes de metano no tienen porqué coincidir con los puntos exactos de emisión. Esto es, que podrían haber viajado por el aire procedentes de otro lugar.

En esta línea opina el físico Roberto San José, profesor de la Universidad Politécnica y experto en calidad de aire: "Estoy de acuerdo con la versión del ayuntamiento. Esa expulsión de metano puede deberse a un momento puntual y también es cierto que el satélite tiene una capacidad limitada de medición en altura y que esas imágenes en concreto están en el límite de su resolución", explica. "Y tampoco es venenoso para el ser humano, de hecho es el 70% de lo que lleva el gas natural de casa, si bien el CH4 (metano) es un gas menos pesado que el aire y que, en consecuencia, tiende a subir. Cuando alcanza una altura en torno a 12 kilómetros, el rango en el que vuela un avión en un trayecto largo, destruye el ozono troposférico, lo que genera un calentamiento de la zona".

"El metano no es un gas peligroso para el hombre, pero sí liquida la capa de ozono troposférico"

San José considera que es importante frenar estas emisiones de metano, unos de los principales responsables del cambio climático, pero descarga al ayuntamiento de responsabilidades: "Hay una lista de 6 u 8 contaminantes criterio y el metano no está entre ellos. Al no tratarse de un gas regulado, el ayuntamiento no tiene por qué preocuparse ni siquiera de medirlo. Otra cosa sería si hablásemos de Estados Unidos, donde los olores están mucho más restrigidos, porque es innegable que el metano huele muy mal".

Olores y furanos

Más preocupante es la comparación que hace la agencia espacial con la situación de los olores Madrid. "Madrid no es la única ciudad que tiene vertederos (con gran liberación de metano) cerca de las casas. En abril, el satélite Hugo detectó grandes cantidades de metano (aproximadamente 4.000 kg por hora, la mitad que en Madrid) procedentes del vertedero Matuail, en el sur de Dhaka, Bangladesh, una ciudad de casi 22 millones de personas".

En torno a Valdemingómez hay varios núcleos de población. A 2 kilómetros al norte está en ensache de Vallecas; a otros dos al este, Rivas, y a 4 al oeste, la pedanía de Perales del Río. Este periódico ha podido comprobar que en los tres lugares existe un olor residual y constante a basura, si bien los vecinos han acostumbrado su olfato y casi ni lo perciben. El problema llega cuando el viento va en su dirección: "Entonces sí que llega el olor. Es horroroso, si estás en casa tienes que cerrar las ventanas, la gente no sale a correr y las terrazas se vacían, porque es como si se parasen a tu lado veinte camiones de basura mientras te tomas una caña", dice Rosi Pérez, vecina de Vallecas.

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Vecinos se manifiestan por el cierre de Valdemingómez en el Ensanche de Vallecas. (Efe)

La lucha de Rosi y sus vecinos viene de atrás. Desde que el barrio se conformó en 2006, no ha pasado una sola semana sin que los vientos nauseabundos se pasen por el barrio. Cuando aparecen, el barrio tiene que encerrarse en casa con las ventanas cerradas, algo que se hace especialmente doloso durante los meses cálidos. "Durante el verano es peor, es cuando más huele. Yo me paso los veranos con las ventanas cerradas, sin posibilidad siquiera de ventilar por las mañanas", dice Pérez.

Tan acostumbrados están al olor que incluso son capaces de identificar matices en la putridez: "Hay cuatro tipos de olores. El clásico, olor a basura fresca, muy parecido al de un camión de basura. Otro como a cenicero, un tercero que es muy intenso y parecido al de una almazara, los molinos donde se obtiene el aceite, y por último uno químico, como a gas, que puede incluso despertarte de noche. Todos son desgradables, pero los dos últimos son repugnantes", lamenta la vecina. En el Ensanche han encargado varios estudios de impacto odorífero en la zona que siempre señalan al vertedero como fuente principal del problema. Es lógico: los restos de pescado del vecino de Chamartín, el pañal usado de una casa de Carabanchel y los desperdicios de un vuelo que acaba de aterrizar en Barajas acaban en el mismo lugar, a dos kilómetros de sus casas. "Pero cómo no va a oler mal aquí, si cada día se vierten 4.000 toneladas de basura que quedan al aire libre al otro lado de la carretera (M-50)", suspira Rosi.

En 2015 los vecinos se plantaron y denunciaron al ayuntamiento por los olores. No llegó la sangre al río: los vecinos retiraron la demanda después de una negocación en la que se consiguió que el ayuntamiento instalase nuevos biofiltros en el vertedero, además de una actualización de los conductos de la planta de compostaje y la creación de un protocolo más estricto en la apertura y cierre de puertas del vertedero. Las medidas sirvieron para paliar el problema, pero no para erradicarlo. La llegada de este presunto alud de metano no ha hecho sino ponerles de nuevo en alerta: "No nos preocupa tanto el olor del metano como la disparidad de criterios. Creemos que la ESA no es precisamente una fundación o cualquier chiringuito, sino que sus mediociones deben ser tenidas en cuenta. Y, como no coinciden con las del ayuntamiento, tememos que esto pueda ser habitual y que otras mediciones, como las de las dioxinas y los furanos, que son cancerígenos, también estén siendo falseadas", dice Rosi.

placeholder Rosi Pérez firma un acuerdo con la exconcejal Inés Sabanés. (Efe)
Rosi Pérez firma un acuerdo con la exconcejal Inés Sabanés. (Efe)

No obstante, los olores del vertedero son una molestia inmediata para los vecinos, pero lo que más les preocupa son los gases que no perciben, los de la incineradora. La instalación, propiedad del grupo chino Ying Zhan Investment, lleva un año y medio funcionando de forma irregular. Por causas burocráticas y de ausencia de un plan alternativo de eliminación de resiudos, la planta y el ayuntamiento están funcionando sin contrato, aunque se espere que se firme uno nuevo antes de final de año que prorrogue la vinculación con la incineradora hasta 2026.

Tanto los vecinos como las asociaciones ecologistas manejan informes que sostienen que la emisión de dioxinas y furanos, propios de la combustión de la basura, pueden generar problemas de salud en los núcleos de viviendas próximos a la incineradora. "Nosotros estamos a favor del desmantelamiento de la incineradora de Valdemingómez", dice Raúl Urquiaga, de Ecologistas en Acción. "Preferimos métodos más baratos y eficientes, porque lo que deberíamos estar haciendo es mejorar la recogida de residuos en origen, porque ese es el motivo de que los vertederos estén llenos de materia orgánica, algo que no debería de suceder desde la ley de 2011".

"Valdemingómez está en un parque regional... ¿alguien se imagina una incineradora en El Pardo?"

En cuanto a las mediciones de la ESA, desde Ecologistas también se muestran preocupados: "En Valdemingómez no se hacen públicos los resultados de las mediciones y, cuando lo hacen, es de una forma muy simple. Por poner un ejemplo, no son los mismos gases cuando se queman unos materiales y otros, pero no se hace distinción. La fuga de metano nos indica que algo está fallando en la incineradora, que los protocolos de captación del biogás están funcionando mal, pero no podemos saber por qué, porque el ayuntamiento siempre nos dice que todo está bien".

Por último Urquiaga, como todos los vecinos del sur de Madrid, exigen que las instalaciones contaminantes se dispersen por la ciudad y no se centralicen en las zonas pobres. Compartir un marrón que nadie quiere tener enfrente. "Hay un estudio de la Carlos III que demuestra que en las calles de Vallecas se respiran tres veces más dioxinas que en el barrio de Salamanca. No es lógico que todo el tratamiento de basuras de ciudad se concentre en un solo punto, donde los vecinos siempre van a sufrir", dice Urquiaga. "Para colmo, Valdemingómez está en un parque regional protegido, el del Sureste... ¿alguien se imagina tener una incineradora en El Pardo? ¿No, verdad? Con el sur las reglas son distintas", zanja Rosi Pérez.

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