LA FISCAL, SU MANO DERECHA

Olga Sánchez, la sombra del juez Del Olmo, de "retiro dorado" en el Supremo

La fiscal fue de la mano con el juez Juan del Olmo y se sentó durante cinco meses en el juicio para acusar a la célula islamista de la matanza

Foto: Olga Sánchez, la sombra del juez Del Olmo, de retiro dorado en el Supremo

La fiscal que fue de la mano con el juez Juan del Olmo y que se sentó durante cinco meses en el juicio para acusar a quienes ella pensaba habían participado de una u otra manera, sigue teniendo muy presente a las víctimas diez años después de los atentados. En este X aniversario quiere quedarse al margen para evitar que se robe ni un poco el protagonismo de quien realmente lo merece, las víctimas, quienes le han demostrado su capacidad de superación. Gracias a este lamentable suceso, ha conocido a personas increíbles.

Así lo hice ella misma, quien tiene todavía muy adentro el sufrimiento de tantas familias, que han luchado todo este tiempo para salir adelante. Todavía hay algunos que no han superado las secuelas físicas provocadas por el atentado y que siguen día a día intentando recuperarse. Para ella, el trato con las víctimas fue una experiencia enriquecedora.

Ahora, Olga Sánchez está destinada en la Fiscalía del Tribunal Supremo, donde sus compañeros alaban su labor. Otros fiscales del Alto Tribunal sostienen que hace un excelente trabajo aunque a día de hoy no le ha tocado ningún caso de especial relevancia mediática que haya podido destacar más. Dejó su despacho de la sede de la Audiencia Nacional, donde circulan diariamente presos esposados, con los despachos y juzgados llenos de papeles, tomos y archivadores, para hacer un notable cambio a un edificio que respira nobleza.

Logró ese ascenso en 2008 después de que el que fuera fiscal general del Estado, Cándido Conde Pumpido, le propusiera para el puesto tras su magnifica labor en la causa del 11-M. El “retiro dorado” decían en aquel momento otros compañeros. Esa mujer menuda, rubia y con gafas pasea alegre por su actual destino, lejos de las presiones vividas en aquella época. Al contrario que Del Olmo, esta fiscal no puso templar los nervios cuando los ataques hacia su persona eran una constante por parte de algunos medios.

En aquella época, Sánchez vivió enfrentamientos a la cara con algún periodista de medios de comunicación que defendían la teoría de la conspiración y se empeñaban en afirmar que ETA había tenido algún tipo de participación en los atentados. Para mantener esa tesis, descalificaban el trabajo hecho por la fiscal y el juez, y les acusaban de destruir pruebas, como los propios trenes, con objetivos espurios, o ser cómplices de actuaciones policiales fuera de la legalidad, como la supuesta colocación a posteriori de una mochila que no estalló en uno de los vagones, con pruebas prefabricadas por la tarjeta del teléfono móvil a través del cual se localizó al principal condenado, Jamal Zougam.

A Olga Sánchez le sobrepasó la situación. Su estado de nervios llegó a su momento más álgido en el juicio. Por eso, el que fuera su jefe, Javier Zaragoza, le puso al fiscal Carlos Bautista, para ayudarla en los interrogatorios celebrados en la vista oral, por si la presión provocaba que se derrumbara. Ella aguantó hasta el final, pero le dejó huella. Desde la Fiscalía de la Audiencia reconocen que Sánchez necesitaba coger distancia con el 11-M porque le había llegado a afectar demasiado.

Momentos de flaqueza

Tras finalizar el caso y una vez con la sentencia que avalaban prácticamente todas sus tesis, recibió no sin cierto asombro el libro de Elisa Beni. En él, ésta reflejaba conversaciones privadas que había mantenido con su marido, el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, en las que, por ejemplo, le pedía que se tranquilizara por las cosas que que salían en la prensa. Aquellos que defendían las tesis extrajudiciales, pedían que se exhumaran los cadáveres para analizar el explosivo para intentar demostrar que lo que explotó fue otro tipo de dinamita que la apuntada en la investigación.

En algún foro, Sánchez ha reconocido que tuvo momentos de mucha flaqueza, entre otras cosas, por las críticas que recibió de algunos medios a los que no dudó en acusar de basarse en pruebas tergiversadas y manipuladas, a los que ha acusado en más de una ocasión de hacer crítica gratuita de manera intencionada, y todo por cuestiones políticas.

Ahora disfruta de su trabajo en el Tribunal Supremo aunque no olvida todos los momentos que vivió antes y después del 11-M. Como fiscal ya había llevado otros asuntos relevantes como el cierre del diario Egunkaria por su vinculación con ETA; contra el director de la revista "Ardi Beltza", Pepe Rei; y ha investigado numerosos atentados terroristas.

Especial décimo aniversario 11-M
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