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Valencia alquila la sede abandonada de la Copa América por 30.000 €
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EL ICONO DE CUANDO QUISO SER MÓNACO

Valencia alquila la sede abandonada de la Copa América por 30.000 €

No hay dinero, y lo que en su día fue el icono de una ciudad que se debatía entre los edificios de Calatrava, la F-1 y la Copa América, se alquila por 30.000 euros al mes

Foto: Miles de personas en el entorno del edificio Veles e Vents del puerto de Valencia, al término de la mascletá con la que ha quedado inaugurada la 33 edición de la Copa del América  que se celebró en 2010. EFE/Biel Aliño
Miles de personas en el entorno del edificio Veles e Vents del puerto de Valencia, al término de la mascletá con la que ha quedado inaugurada la 33 edición de la Copa del América que se celebró en 2010. EFE/Biel Aliño

Moët & Chandon, yates, fiestas privadas… La Valencia de 2007 rebosaba glamour al calor de la celebración de la 32 edición de la Copa del América, una de las competiciones deportivas más exclusivas del mundo. El puerto de la ciudad se había transformado para acoger este trofeo de vela coincidiendo con una etapa en la que nada parecía suficiente para poner a la Comunitat Valenciana en el mapa.

Ricos y famosos atracando sus embarcaciones en la dársena interior del recinto en el que un edificio, bautizado como Veles eVents ('velas y vientos', en referencia a un poema del valenciano Ausiàs March), ejercía como icono del nuevo puerto.

La ciudad, como toda la Comunitat Valenciana, vivía al galope del ladrillo y el dinero corría como si nunca se fuera a acabar. Pero lo cierto es que se acabó. La zona de la America's Cup, que pasó a llamarse Marina Real Juan Carlos I, empezó a languidecer tras la marcha de los equipos de vela. Y aunque la Fórmula 1 volvió a ocupar algunos de los edificios de forma temporal, lo cierto es que la dársena se agostaba. Los negocios que se abrieron cerraron y el Veles e Vents, con sus afiladas líneas diseñadas por el arquitecto David Chiperfield, acabó vacío, abandonado, casi como un símbolo del fin de la falsa opulencia que vivió la ciudad.

El problema es que todo lo que se levantó alrededor de la dársena para aquella fiesta está por pagar. El Consorcio Valencia 2007, formado a partes iguales por el Estado, la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de Valencia, se endeudó con el Instituto de Crédito Oficial (ICO) por 320 millones de euros para levantar el edificio emblemático, realizar obras en el puerto, construir las bases de los equipos… Y nunca ha tenido ingresos para devolver los créditos ni para pagar los intereses. La deuda supera los 400 millones.

La necesidad de recuperar aunque sea parte de ese dinero (el Gobierno se negó a condonar esa deuda, como pidió la alcaldesa de Valencia,Rita Barberá) y de dar vida a toda la zona portuaria semiabandonada de la ciudad hizo que el Consorcio aprobara hace algo más de un año un plan estratégico que pasaba por sacar a subasta por lotes todas las infraestructuras que fuera posible en régimen de concesión o alquiler. Así, se han subastado varias zonas recreativas, varias bases de equipos –que solo interesaron al conglomerado de formación y emprendedurismo de Juan Roig–y, finalmente, el Veles e Vents.

El edificio, que tuvo un presupuestode 155 millones de euros, ha salido al mercado en régimen de alquiler al precio de 30.000 euros al mes como base de licitación. El concurso es para seis años y el concesionario podrá instalar en sus 10.500 metros cuadrados de superficie los negocios que considere, fundamentalmente restaurantes, según cuentan fuentes del Consorcio.

El edificio, que ocupa un lugar privilegiado entre la dársena interior del puerto –que tiene cientos de amarres vacíos para yates–y la playa de Les Arenes, no puede ser modificado en su exterior. Sí en el interior, donde el concesionario podrá adecuarlo a sus necesidades, siempre bajo la supervisión por su especial protección como icono.

Un símbolo que por su sencillez contrasta con otras obras emblemáticas de la ciudad, en especial las de Santiago Calatrava, pero que se hizo con tantas prisas en su momento que el propio Chiperfield llegó a calificarlo de "porquería" por su mala calidad constructiva. El paso del tiempo sin uso también le ha afectado y el concesionario deberá darle algo más que una mano de pintura. Un emblema de cuando Valencia quiso ser Mónaco que ahora busca inquilino.

Moët & Chandon, yates, fiestas privadas… La Valencia de 2007 rebosaba glamour al calor de la celebración de la 32 edición de la Copa del América, una de las competiciones deportivas más exclusivas del mundo. El puerto de la ciudad se había transformado para acoger este trofeo de vela coincidiendo con una etapa en la que nada parecía suficiente para poner a la Comunitat Valenciana en el mapa.

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