Terra Mítica: aquí empezó todo

La Audiencia de Valencia inicia hoy el juicio contra los exdirectivos del parque que nombró Zaplana y un grupo de empresas que emitieron presuntamente facturas falsas por trabajos no realizados

Foto: Vista general de Terra Mítica . (EFE/Kai Försterling)
Vista general de Terra Mítica . (EFE/Kai Försterling)

La Audiencia de Valencia iniciará este lunes un macrojuicio en el que se sentarán en el banquillo casi cuarenta acusados. Se trata de la que fue cúpula de Terra Mítica durante la construcción y primeros pasos del parque temático y un grupo de responsables de empresas que participaron en las obras. Todos están acusados de un delito fiscal al, supuestamente, emitir facturas falsas por trabajos que no se realizaron en el recinto. 

El que se ha conocido como 'caso Terra Mítica' ha tardado 10 años en llegar a la sala de vistas. Fue en 2005 cuando la Agencia Tributaria presentó la denuncia contra una serie de empresas, incluido el parque temático, por un supuesto fraude que alcanzaba los 4,4 millones de euros. Durante este tiempo el juez ha realizado una instrucción que ha acabado en un sumario de 40.000 folios y 17 cajas con documentación adicional, 38 acusados y 330 testigos. El calendario del juicio se prolonga hasta septiembre.

Entre los acusados, al margen de responsables de las empresas que hicieron las obras, están cuatro de los directivos del parque en el momento de su puesta en marcha: el expresidente Luis Esteban, el exdirector general Miguel Navarro, así como los que eran responsables de contratación, Justo Valverde, y de servicios técnicos, Antonio Rincón.

Tanto Esteban como Navarro fueron las dos personas a las que el entonces presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, impulsor del parque, puso al frente de la sociedad en la que el capital público era mayoritario. De hecho, Navarro, cuando dejó el parque siguió ocupando puestos de responsabilidad en el segundo escalón del Gobierno valenciano hasta hace sólo unos meses, cuando se supo que seguía en nómina de otra empresa pública: Ciudad de las Artes y las Ciencias

Zaplana inauguró una forma de hacer política que continúo su sucesor Camps. (Efe Archivo)
Zaplana inauguró una forma de hacer política que continúo su sucesor Camps. (Efe Archivo)

Más allá del juicio que este lunes empieza, Terra Mítica es el inicio de una forma de hacer política que puso en marcha Zaplana con su llegada a la presidencia de la Generalitat y que continuó su sucesor, Francisco Camps, la de los grandes eventos e infraestructuras emblemáticas en las que se invirtieron centenares de millones de euros y que en la mayoría de casos han acabado quebradas y con sospechas sobre el destino final del dinero. 

El parque temático

Terra Mítica fue el primero de los grandes complejos que impulsó la Generalitat del PP. Aunque en el accionariado entraron un puñado de empresas privadas valencianas –animadas por Zaplana– el grueso de la inversión corrió a cargo de las arcas públicas y de las dos cajas de ahorros ahora desaparecidas: Bancaja y CAM. Su construcción tuvo unos sobrecostes elevadísimos: 480 millones sobre los 270 millones previstos. 

Nunca tuvo beneficios. Tras años acumulando pérdidas, suspendió pagos. Acumulaba una deuda de casi 300 millones y números rojos por más de 160. Era mayo de 2004, cuatro años después de su inauguración. Sobredimensionado para su negocio real –la previsión era de hasta cuatro millones de visitantes al año y nunca superó el millón y medio–, la Generalitat acabó vendiéndolo a la empresa de parques acuáticos de Benidorm Aqualandia, que asumió la deuda de 64 millones que quedó tras el concurso. 

Pese al estricto plan de adelgazamiento al que sometió el nuevo dueño al parque, con varios ERE y recorte de gastos, hasta la fecha el recinto sigue generando pérdidas. El último ejercicio contabilizado, el de 2013, fueron de 8 millones, superior a las del ejercicio precedente, que fueron 6. 

El Hemisféric y el Palau de les Arts de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. (Efe/ Manuel Bruque)
El Hemisféric y el Palau de les Arts de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. (Efe/ Manuel Bruque)

El recinto, que el año pasado sufrió un accidente mortal en una de sus atracciones, está a punto de iniciar su nueva temporada con la esperanza de alcanzar una rentabilidad que hasta ahora se ha convertido en casi una quimera. 

Pasión por el espectáculo

Terra Mítica fue el primer, pero no el único, recinto en el que la Generalitat invirtió con malos resultados. Cerca de allí, en Alicante, levantó los estudios de cine Ciudad de la Luz, unos platós en los que se gastaron 274 millones de euros de dinero público y que ahora están cerrados. La Comisión Europea los consideró una ayuda pública contraria a la competencia. Los años en que estuvieron funcionando fueron un chorro de pérdidas. Ahora están en venta y las pujas no permitirán al Gobierno valenciano recuperar ni la mitad de la inversión.

Aunque el proyecto inicial era de la era socialista, el PP de Zaplana modificó el diseño de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. El complejo diseñado por Santiago Calatrava –con la excepción de L'Oceanogràfic– ha costado más de mil millones de euros, una cifra que se disparaba cada año. Actualmente está en proceso de privatización de su gestión, aunque la deuda acumulada para su construcción seguirá pagándose con dinero público.

Pese al estricto plan de adelgazamiento, a día de hoy el recinto sigue generando pérdidas a sus dueños

Además de estas grandes infraestructuras –hubo otras que se quedaron en el aire, como el Auditorio de Castellón o la Ciudad del Teatro en Sagunto– en los años de Francisco Camps se puso más énfasis en los grandes eventos. La organización del Gran Premio de Fórmula 1 fue el mascarón de proa del expresidente valenciano. 

Aunque se prometió que no iba a costar ni un céntimo de dinero público, la realidad es que la Generalitat se gastó cerca de 300 millones de euros en una rocambolesca historia que ha sido denunciada por la Fiscalía Anticorrupción. Camps está siendo investigado por saltarse todos los procedimientos de contratación pública al firmar con Bernie Ecclestone los contratos.

Los grandes proyectos no sólo supusieron una fuerte inversión en el momento de su construcción. Las constantes pérdidas obligaban a ampliaciones de capital millonarias y a pagar intereses por la deuda contraída. Cuando Alberto Fabra llegó a la presidencia de una Generalitat incapaz de hacer frente a sus pagos ordinarios, anunció que la era de los grandes eventos había terminado. Pero la herencia de aquellos fastos sigue presente.

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