Rojipardos contra el 'mainstream': el abogado en mitad de la lucha por la izquierda española
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FUNDADOR DE EL JACOBINO

Rojipardos contra el 'mainstream': el abogado en mitad de la lucha por la izquierda española

Hace un año nadie sabía quién era Guillermo del Valle. Hoy es habitual en varias tertulias. ¿Su mérito? Fundar un 'think tank' que saca de quicio tanto a izquierda como a derecha

Foto: Guillermo del Valle, fundador de 'El Jacobino'. (RTVE)
Guillermo del Valle, fundador de 'El Jacobino'. (RTVE)

El pasado lunes 25 de octubre, Guillermo del Valle, un abogado madrileño de 31 años, se encontró, al hojear la prensa, con la siguiente noticia: ERC andaba exigiendo al PSOE blindar el catalán en las producciones de Netflix y otras plataformas audiovisuales a cambio de su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado. Poco después, entró en su cuenta de Twitter y comentó la noticia. "Netflix hace series en España mientras destroza las arcas públicas tributando en Holanda", escribió. Unos minutos después, y refiriéndose a ERC, añadió: "La agenda social siempre les ha importado una mierda. Primero es la nación étnica. Primero es la frontera. Primero es el supremacismo. Luego, por cierto, los brutales recortes sociales. La capital de la patria de sus socios convergentes estaba en Andorra".

Mientras su mensaje recorría las redes sociales –cosechó cientos de likes y unos cuantos insultos– Del Valle recogió sus bártulos, salió de su oficina, sita en una céntrica calle de Madrid, y caminó hasta la parada del 141, que conecta Atocha con el corazón de Vallecas. A cuatro paradas del final, en algún punto entre el parque de las Siete Tetas y la A3, se apeó y comenzó a callejear entre edificios de ladrillo rojo. La zona, conocida como Fontarrón, ha acaparado algunos titulares debido a su abandono y es que, por lo visto, hasta hace dos telediarios allí no se asomaban ni los barrenderos.

Foto: Marine Le Pen entrará en España por la izquierda, dicen. (Benoit Tessier/Reuters) Opinión

A Del Valle le esperaban en la asociación de vecinos del barrio, donde atiende 'pro bono' dudas jurídicas todos los lunes a partir de las siete de la tarde. Él lo llama "abogacía preventiva". Puesto de otro modo: "Consiste en asesorar a la gente antes de que la cague". Y luego, si hay que emprender acciones legales pues se emprenden. Los casos suelen variar, pero la mayoría tiene que ver con el derecho de consumo y el derecho laboral, dos de sus especialidades. Un tipo al que la compañía eléctrica ha dejado sin luz por no tener tarjeta de crédito, una señora de la limpieza con secuelas físicas a la que deniegan la ayuda que le corresponde, un matrimonio al que han concedido un piso de protección oficial en malas condiciones, etcétera.

Aquel lunes se dejaron caer dos personas por el cuartito que le presta la asociación; una mujer de mediana edad con el brazo escayolado, que buscaba saber si podía denunciar al causante de la lesión, y un hombre mayor que se había quedado sin coche por una gestión del seguro. En ambos casos, el abogado les pidió ver documentos que acreditasen la situación antes de tomar ninguna iniciativa. Indicó dónde podían hacerse con ellos y les emplazó a regresar para ver qué podía hacerse. Ante las muestras de agradecimiento, respondió lo que suele responder siempre que se despide de algún vecino: "Estamos aquí para ayudarle".

El laboratorio de ideas

En Fontarrón lo ignoran, pero Del Valle no es solo un abogado que los lunes por la tarde dedica un par de horas a ofrecer asesoramiento jurídico a cambio de un apretón de manos. También es el director de un "laboratorio de ideas" surgido hace año y medio, durante el primer confinamiento, cuya misión es introducir en el debate público la defensa de la unidad de España "desde una perspectiva socialista" y lo más alejada posible del federalismo que defienden el PSOE, Más País y Podemos. El Jacobino –así se llama el proyecto– defiende, en fin, una España centralizada, basada en la redistribución de la riqueza y en la que todos sus territorios –ya sea el País Vasco, Cataluña, Madrid o cualquier otro– se rijan por el mismo concierto económico. "Esto no va de emocionarse con la bandera de España, ni de darse golpes en el pecho", aclara cuando se plantean similitudes con el concepto territorial que defiende Vox. "Que cada uno se emocione con lo que le dé la gana; yo lo que quiero es que la familia que no tengo en Extremadura goce de los mismos derechos que la familia que sí tengo en Guipúzcoa. ¿Diversidad cultural? Maravilloso. ¿Pluralidad? Maravilloso. Pero igualdad de derechos". Eso, sentencia, es lo que hay que explicar.

Su ideología conjuga la defensa del estado central con la crítica al neoliberalismo porque, en su opinión, van de la mano. "Recuperar el 100% del Impuesto de Patrimonio y el 100% del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, establecer un mínimo exento nacional razonable, garantizar su progresividad y poner punto final a las grietas autonómicas que se han cargado dos impuestos esenciales", escribía en otra de sus intervenciones tuiteras. También ha arremetido contra las sucesivas reformas laborales y contra la liberalización del mercado, en general, y del mercado energético, en particular. "Hay que recuperar la intervención pública", explica durante una de las entrevistas realizadas para este artículo. "No nos tiene que dar miedo decir que en sectores estratégicos tiene que haber una participación estatal parcial… o mayor que parcial".

Cuando se le pregunta por referentes intelectuales, Del Valle cita inmediatamente a dos economistas: Félix Ovejero y Juan Francisco Martín Seco. El primero, autor de 'La deriva reaccionaria de la izquierda' y otra veintena de ensayos, impulsó en su día, junto a otros intelectuales catalanes, la fundación de Ciudadanos. El segundo fue secretario general de Hacienda con Felipe González antes de abandonar el PSOE rumbo a Izquierda Unida, donde asesoró a Julio Anguita en su voto contra el Tratado de Maastricht. Ambos, por cierto, ven con simpatía El Jacobino. Ovejero ha calificado la iniciativa como "una ventana para el encuentro, y el diálogo, entre las izquierdas que no han perdido la razón". Martín Seco, por su parte, ha dicho que "constituye una isla dentro del pensamiento de izquierdas, por desgracia hoy presa del sentimiento identitario y del independentismo".

"¡En aquella época se definía como liberal!"

Nadie sabe cuándo empezó a tomar forma la identidad política de este hombre, aunque es probable que los veranos que pasó de niño en San Sebastián tuviesen algo que ver. Su madre recuerda, por ejemplo, la impresión que le causó ver a Fernando Savater nadar en el mar acompañado de su escolta. Una visión que pudo poner en contexto gracias a la trayectoria de su padre; un profesor de instituto donostiarra que abandonó el País Vasco a comienzos de 1977, pocas semanas después del atentado contra Juan María Araluce Villar, su chófer y sus tres escoltas. "Entonces solo había tres opciones", recuerda el padre. "O te callabas, o te marchabas, o te mataban".

Sus padres se conocieron en Bilbao, donde ella, natural de un pueblo de Zamora, estudiaba la carrera. Ambos se mudaron a la capital en 1977 y, tras contraer matrimonio, echaron raíces en el barrio de Arganzuela. Tras concluir la educación secundaria en el instituto público Gran Capitán, situado a pocos metros del Vicente Calderón, barajó la idea de cursar la carrera de Periodismo. Reorientado por sus padres, que temían la precariedad imperante en el gremio, finalmente optó por estudiar Derecho. Lo hizo en la Universidad Autónoma de Madrid; una facultad profundamente elitista, muy técnica y en la que predominaba un perfil de profesorado alineado con el PSOE de Felipe González. Cursó, eso sí, la asignatura de Ciencia Política con el académico ácrata Carlos Taibo, un 'outsider'.

placeholder Del Valle, en Antón Martín (B.B)
Del Valle, en Antón Martín (B.B)

Luis Vega, un diplomático peruano destinado en Ginebra que compartió aula con Guillermo del Valle, recuerda que en aquella época se definía como liberal. "Había leído a Hayek, Popper, Rebel, Aron y otros autores del estilo", cuenta. "¡Incluso me invitó a ir con él a una charla en el Juan de Mariana!". "De todos esos autores –escribiría años después en Diario16– me atrajo, por encima de cualquier otra consideración, la constante búsqueda, al menos teórica, de la libertad individual".

Sin embargo, antes de licenciarse sucedieron dos cosas: la crisis económica del 2008, cuyas consecuencias empezaron a notarse en España dos años después, y el escrache que sufrió en 2010 la ex militante socialista Rosa Díez, entonces dirigente de un partido recién creado llamado Unión Progreso y Democracia que aspiraba a ocupar el espacio entre el PP y el PSOE y que se caracterizaba por su animadversión a los nacionalismos periféricos. "Ese hostigamiento, sumado al debate que existía en la sociedad española sobre el bipartidismo y sus consecuencias, despertó algo en Guillermo", cuenta Luis Vega. "Fue en ese momento cuando comenzó su acercamiento a UPyD".

Se acercó a UPyD tras el hostigamiento a Rosa Díez en la Universidad Complutense

Ese acercamiento a UPyD es interesante, incluso paradójico, porque el abogado sitúa en aquellos años –2012 y 2013– el comienzo de su evolución ideológica; su paso del liberalismo a un socialismo clásico y la defensa de un estado fuerte al servicio de la clase trabajadora. Una evolución que bebe directamente del ejercicio de la abogacía en un 'despacho de barrio' (sigue trabajando ahí) y de lo que ve durante sus primeras visitas a Fontarrón. "Allí me encuentro, pues eso, con ejecuciones hipotecarias, con cláusulas abusivas, con despidos… y eso hace que adquiera una perspectiva muy socialista", cuenta.

Cabe preguntarse por qué, asumida su nueva condición, no cambió UPyD por Podemos tras el surgimiento, en 2014, del partido de Pablo Iglesias. Su respuesta remite, una vez más, a la experiencia paterna y sus veranos en San Sebastián: "Hay cosas del 15-M que me parecieron interesantes, pero yo estoy muy predeterminado por la cuestión nacional y mi discrepancia con los planteamientos centrífugos del estado es total". En otras palabras: con Podemos y similares, ni a heredar. Y así es como terminó siendo "el rojo de UPyD", recuerda entre risas.

placeholder La entonces líder de UPyD, Rosa Díez, charla con el parlamentario vasco de esta formación, Gorka Maneiro en 2015 (José Antonio Gómez / EFE)
La entonces líder de UPyD, Rosa Díez, charla con el parlamentario vasco de esta formación, Gorka Maneiro en 2015 (José Antonio Gómez / EFE)

En el partido de Rosa Díez no pintó demasiado hasta que comenzaron los estertores. Fue entonces, en 2016, al asumir Gorka Maneiro el puesto de coordinador de la gestora del partido tras la dimisión de Andrés Herzog, cuando Del Valle entra a formar parte del consejo de dirección. No duró mucho; en cuanto Maneiro se desentendió de UPyD y montó Ahora –"una plataforma de la sociedad civil socialdemócrata, europeísta, laica, regeneradora y antinacionalista"–, éste siguió sus pasos. En el proceso no solo aprendió mucho en lo que a política de partidos y dinámicas internas se refiere ("fue como hacer un máster"); también conoció a Javier Maurín, un exmilitante de Ciudadanos y la persona con quien pondría en marcha, en junio del 2020, El Jacobino.

De Fontarrón a TreceTV

El martes 26 de octubre, veinticuatro horas después de su paso por Fontarrón, Del Valle hizo acto de presencia en un sitio muy distinto: el número 4 de la calle Alfonso XI. Una de las zonas más nobles de la capital. Allí, a pocos metros de plaza de Cibeles, se encuentran las oficinas del Grupo COPE. Había sido convocado en la sexta planta, donde tiene su plató el canal conservador Trece TV, para participar como tertuliano en El Cascabel. "Esta es la tercera vez que me llaman, pero Ana Samboal suele contar conmigo para Código Samboal, otra tertulia política del canal, desde hace un año", cuenta. Pregunto si le avisan con antelación de los temas a tratar y de los contertulios y, en caso afirmativo, si eso condiciona su presencia. "Lo único que condiciona mi presencia es el Atlético de Madrid", contesta. "Siempre he sacado ratos para eso", dice.

placeholder Plató de 'El cascabel' (Trece TV)
Plató de 'El cascabel' (Trece TV)

Las de Trece TV no son sus únicas apariciones en medios generalistas; desde que fundó El Jacobino también ha aparecido en una columna de 'El Mundo', ha firmado una tribuna en ese mismo periódico, otra en 'El Español' y su "laboratorio de ideas" ha sido mencionado varias veces en 'El Confidencial'.

Semejante exposición mediática, sumada a su defensa del estado central, ha hecho que la izquierda que él llama 'mainstream' lo considere a él y su proyecto como parte del espectro "rojipardo". Es decir: como parte de una izquierda nostálgica que "reniega de la diversidad territorial, la descentralización del Estado o la presencia de otros movimientos cuyas demandas definen el argumentario y los programas de las fuerzas progresistas", según la descripción hecha por el politólogo Eduardo Bayón en 'Público'. Una izquierda reaccionaria, en definitiva, cuyo máximo exponente hasta la fecha sería el Frente Obrero. "Son proyectos construidos en base a una falsa crítica; critican el nacionalismo mientras construyen un discurso desde la identidad española", añade Bayón durante la conversación telefónica que mantuvimos para este artículo.

"Acabo de escribir un artículo sobre la necesidad de derogar la reforma laboral y ningún medio de izquierdas me lo quiere publicar"

Frente a la etiqueta de 'rojipardo', Guillermo del Valle se revuelve. Ve en el feminismo una lucha tan legítima como necesaria y lo mismo con el ecologismo, por citar dos cuestiones predominantes. "Ahora bien", añade, "hay que legislar con cabeza y sin olvidarnos del eje principal: la clase trabajadora". En cuanto a España, vuelve a mencionar su rechazo al esencialismo, los golpes de pecho y las emociones patrioteras. "La identidad es compleja, cambiante, y la principal identidad colectiva es la de clase", sostiene. "Pero no hablemos de diversidad, ni de qué bonita es la diversidad, cuando estamos hablando de fiscalidad porque la diversidad en fiscalidad, así como en sanidad o educación, es desigualdad, y la desigualdad tritura a los más pobres". Y en lo que a exposición mediática se refiere, tiene dos cosas claras. La primera es que El Jacobino debe introducir lo que defiende en el debate público y no hay mejor manera de hacerlo que recurriendo a la televisión y, en menor medida, a los medios escritos de tirada nacional. Y la segunda es que si no va a medios de izquierdas es porque no le llaman. "Acabo de escribir un artículo sobre la necesidad de derogar, sin comillas, la reforma laboral y ningún medio de izquierdas me lo quiere publicar", cuenta. "Pregúntate por qué".

¿Qué es El Jacobino?

Hoy por hoy, El Jacobino es una iniciativa de cierto barniz intelectual enmarcada dentro del campo de la comunicación política. Pero no se quiere quedar ahí. "A mí no me gustan los Pepito Grillo; está muy bien pasar el día opinando sobre esto y sobre lo otro, pero llegado el momento hay que dar el paso y bajar al barro de la política", dice Del Valle. En otras palabras: El Jacobino aspira a convertirse en actor político, y en un actor político relevante. La pregunta es si lo conseguirá.

"Guillermo tiene muchas tablas, habla muy bien, y a mí, sinceramente, me gustaría que me representara alguien como él", dice Maurín. "Además, creo que las ideas que defendemos son necesarias y no están bien representadas". Luis Vega, el diplomático peruano, se expresa en los mismos términos: "Guillermo tiene una vocación de servicio genuina, la capacidad de presentar ante los españoles un proyecto serio identificado con la izquierda antinacionalista y por eso no me extrañaría verlo algún día ejerciendo de parlamentario".

En efecto tiene lecturas, sabe expresarse y su trayectoria laboral acredita una dedicación al prójimo: al despacho de barrio y los lunes en Fontarrón hay que sumar las guardias que realiza en el turno de oficio. Tampoco se atisba cinismo en su discurso. Lo cual es, a priori, una virtud. Sin embargo, el hueco que deja la ausencia de cinismo lo ocupan una visceralidad y un moralismo acentuado muy propio de políticos antisistema. Es decir: de políticos que no llegan a jugar en primera división, porque para jugar ahí debe primar el posibilismo. Es, para entendernos, un idealista. Y los idealistas rara vez consiguen la influencia que persiguen porque la política se desarrolla sobre un tablero de juego en el que las diferentes opciones dialogan, negocian y pactan. Es decir: ceden. A poder ser, menos que el de enfrente.

placeholder Del Valle, en su ruta hacia Vallecas (B.B)
Del Valle, en su ruta hacia Vallecas (B.B)

"El problema de El Jacobino no es el discurso social", explica un antiguo colaborador de la Fundación CEPS, el think tank del que salieron varios líderes de Podemos. "Su problema es el discurso territorial: a la izquierda vasca y catalana no la seduces con el discurso del estado centralizado, y en política o seduces o no te comes un rosco". Y añade: "Él habla de que la izquierda debe asumir España con naturalidad y me parece muy bien, pero es que a mí, que soy de Madrid, no me tiene que vender la idea; se la tiene que vender a la izquierda de la periferia. Y yo la pregunta que me hago es: ¿cómo piensa hacerlo?".

Pero Del Valle no parece muy por la labor de ponerse a hacer malabares en pro del pragmatismo. Su objetivo, insiste, es convencer mediante la dialéctica a esas izquierdas periféricas de que guiñándole un ojo al nacionalismo están apoyando "una ideología reaccionaria, filoracista y con componentes supremacistas" que ahonda en la desigualdad de los españoles. Y si no lo quieren ver, concluye, "es que igual no son de izquierdas".

Los padres del abogado acceden a hablar una tarde de domingo en una cafetería cercana al Manzanares, en el barrio donde echaron raíces tras abandonar el País Vasco. Quiero saber qué opinan sobre lo que está haciendo su hijo. Tras una hora de conversación, salgo del encuentro con la impresión de que siguen su aventura con una mezcla de orgullo y temor. Orgullo por lo que parece estar consiguiendo sin más ayuda que la de su propia preparación y su fuerza de voluntad. Y temor porque entienden los peligros que encierra la política: cainismo, corrupción y juego sucio. Ansían que su hijo logre su propósito, pero no a cualquier precio. Cuando les pregunto dónde ven a su hijo Guillermo dentro de diez años, responden encogiéndose de hombros. "Solo esperamos que mantenga su independencia y, sobre todo, su equilibrio personal", dicen.

"Puede ser la edad y los desencantos que, a veces, trae consigo el paso del tiempo", contesta en réplica al escepticismo de sus mayores. "Ya no tienen una fe tan sólida como la que pudieron tener cuando eran jóvenes".

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