SUS BENEFICIOS NO ESTÁN TAN CLAROS

Talibanas de la lactancia materna: "No me dejaban dar el biberón aunque sangrase"

Cada vez más mujeres se sienten 'malas madres' porque el único discurso que encuentran cuando dan a luz es dar el pecho, incluso cuando sus circunstancias no se lo permitan

Foto: Ilustración: El Herrero.
Ilustración: El Herrero.

Cuando Ángela tuvo su primer hijo, no sabía que sus pechos no iban a dar leche. Lo intentó de todas las maneras, pero de donde se suponía que tenía que alimentar a su bebé, solo salía sangre. Aun así, en el hospital de Huelva donde dio a luz, las matronas no le dieron otra opción: “Tienes que intentarlo más”.

“Me trataban como a una inútil, que no estaba haciendo lo suficiente, que tenía que seguir aunque me doliese... También fui a grupos de apoyo para madres, pero fue igual: solo me presionaban para amamantar”, cuenta.

A los pocos años, tuvo su segundo hijo. La cosa no mejoró, aunque ella ya lo tenía más claro: “En cuanto nació, pedí que me trajesen un biberón y las pastillas para cortarme la leche, pero me armaron una bronca horrible. Les expliqué la situación y nada, me decían que no lo habría hecho bien. Al final, amenacé con que si no me lo daban ellos, bajaba mi madre a comprarlos a la farmacia”.

Para Marisol, de Madrid, su primer mes como madre fue un “infierno”. Desarrolló una mastitis que le generaba mucho dolor cada vez que su hija quería alimentarse. “Fui a todos los sitios: a la matrona, al pediatra, a la sala de lactancia… y nunca me dieron la opción de dejarlo, solo de continuar aunque estuviese pasándolo fatal. Incluso la pediatra me dijo que prefería mil veces operar a mi hija del frenillo (por si ese era el problema) que dejar de darle el pecho”.

La pediatra dijo que prefería mil veces operar a mi hija del frenillo a que dejara de dar el pecho

No hay mujer que no haya sido madre en los últimos años que no conozca las bondades de la lactancia materna. Desde la matrona al pediatra pasando por los grupos de apoyo y los entornos familiares o sociales, el mensaje que más cala es que el pecho es la única vía posible, independientemente de las circunstancias, laborales o médicas, de la madre. Mientras, la leche de fórmula, que en los años setenta se convirtió en la gran emancipadora de las mujeres que empezaban a introducirse en el mercado laboral, se ha convertido poco a poco en un veneno a evitar a toda costa, aunque su composición sea más segura y completa que nunca.

“No hay ninguna duda de que la leche materna es buena, pero depende de las condiciones de la madre y de que le compense. El problema es que muchas veces se impone y no se respetan las decisiones de cada una”, señala Beatriz Gimeno, recién nombrada directora del Instituto de la Mujer y autora del libro ‘La lactancia materna’. “La leche de fórmula no es mala, una generación entera hemos crecido con ella y creo que no estamos tan mal”.

Sin embargo, Ángela se sentía cuestionada cada vez que sacaba el biberón en público cuando sus hijos tenían hambre: “Te tratan como a una delincuente, un acoso horrible, por eso digo que son talibanas de la teta, porque te hacen sentir mala madre”.

La presión viene de todos lados, aunque sus causas sean distintas, señala Gimeno: “La derecha lo defiende por una cuestión de tradición patriarcal, de reducirnos al papel de madres; mientras que la izquierda lo abandera desde la ecología y el ‘todo lo natural es bueno’. También por cierto feminismo muy centrado en la maternidad, o incluso desde el punto de vista anticapitalista, porque se ve la de fórmula como un producto de consumo”.

Ilustración: El Herrero.
Ilustración: El Herrero.

Hasta dos pediatras han declinado participar en este reportaje por miedo a las represalias de las acólitas de la lactancia materna. José María González Cano, ya jubilado de su puesto de jefe de Pediatría del hospital de Castelló, las vivió en sus carnes con la presentación de su libro ‘Víctimas de la lactancia’, que tuvo que cancelar por amenazas. “En los propios hospitales, se está sometiendo a una presión enorme a las madres para dar el pecho por parte de comadronas y médicos jóvenes, que lo defienden con gran fundamentalismo, mezclando lo que dice la ciencia con la sociología, la política, el feminismo y lo políticamente correcto”, afirma.

Sin cuestionar las bondades de la lactancia materna, “cuando se puede y durante un tiempo razonable”, Cano denuncia el extremo al que se están llegando en hospitales y grupos de apoyo materno. “Ahora mismo, por ejemplo, se ha establecido, aunque no esté escrito, que a los recién nacidos no se les dé agua para que la única opción que tengan sea la de ir a la teta. Eso es una burrada, porque las deshidrataciones son muy frecuentes cuando los riñones son inmaduros”.

Nos encontramos a bebés que toman pecho en percentiles rayando la desnutrición

Además, añade el médico, un 30% de bebés no sacan más de 30 o 40 mm de leche por toma, por lo que van perdiendo peso sin que nadie haga nada. “Nos encontramos a bebés que toman pecho en percentiles rayando la desnutrición. El problema es que hay pediatras que viven de promocionar la lactancia materna, consejerías de todo tipo que financian esto, porque social y electoralmente está aceptado. Lo que me sorprende es que no haya más denuncias, porque un médico o enfermera no puede saltarse así como así la voluntad de una madre”.

Evidencias científicas sesgadas

Parte de este discurso generalizado ha venido de la mano de la Liga de la Leche, una organización fundada en 1956 en Estados Unidos y presente en 85 países. Creada por siete madres de Illinois que querían ayudar a otras con problemas para dar el pecho, desde sus inicios tuvo un marcado carácter religioso (sus fundadoras pertenecían al Movimiento por la Familia Cristiana), aunque poco a poco su mensaje ha ido calando en todos los sectores.

Para Gimeno, la Liga de la Leche no promociona otros valores que los tradicionales del machismo: "Para ellos, la familia es el pilar que sostiene la sociedad, y esa familia está basada en una diferencia de género esencial, biológica e irreductible. Hay, además, un discurso de clase muy hipócrita: no se puede presionar a las mujeres para dar de mamar cuando no se apoyan políticas que las ayuden a criar como quieran. Pero la Liga de la Leche no se mete en ninguna medida laboral ni de conciliación, porque no defienden el trabajo fuera de casa ni la independencia económica”.

La Liga de la Leche fue fundada en 1956 en Estados Unidos por un grupo de madres cristianas

El discurso prolactancia utiliza para justificarse todas las bondades científicas que se atribuyen a la leche materna, como la menor tendencia a la obesidad, la diabetes, el asma, alergias, presión arterial, caries, cáncer y hasta un mayor coeficiente intelectual. Sin embargo, en los últimos años, van surgiendo voces de expertos en varios países (aquí, aquí o aquí) que señalan que estas evidencias están sobredimensionadas o poco fundamentadas.

“Se han exagerado los resultados científicos sobre los beneficios que tiene la lactancia en la salud del bebé a largo plazo”, declaraba el médico e investigador de la Universidad de McGill de Montreal, Michael Kramer, a la Agencia Sinc. La razón está en los sesgos que no se han tenido en cuenta en esos estudios a la hora de comparar los dos grupos. “Las familias que pueden dar el pecho, a menudo, tienen circunstancias socioeconómicas mejores, por lo que es difícil demostrar qué beneficios se deben a la lactancia, y no a que han crecido en lugares con mejor asistencia sanitaria, o en casas con mejor alimentación o nivel económico”, señala Rocío Benavente, periodista especializada en ciencia y madre de un bebé de tres meses.

No se puede presionar a las mujeres para dar de mamar cuando no se apoyan políticas que las ayuden a criar como quieran

Es más, cuando se han hecho estudios entre hermanos que han tomado uno lactancia materna y otro biberón, pero bajo las mismas condiciones socioeconómicas, las diferencias entre ambos han sido prácticamente inexistentes. Fue el caso de un estudio llevado a cabo en 2005 con 2.734 parejas de hermanos, de las cuales 523 se alimentaron de manera diferente. Salvo en la habilidad cognitiva, las diferencias en la salud entre ambos grupos tendían a cero. Incluso la protección ante posibles infecciones, si bien demostrada, se da solo durante el tiempo que se toma el pecho y no a largo plazo, como suele creerse.

Otros estudios llevados a cabo en China, donde amamantar no está tan extendido, han demostrado que tampoco hay diferencias cognitivas entre los que la toman y los que no. “La única evidencia científica que hay totalmente demostrada es, por un lado, que los bebés muy prematuros —800 o 900 gramos— evolucionan mejor con el calostro de la madre. Y también es muy buena en los casos de enterocolitis necrotizante [inflamación del colon]. Pero incluso en estas circunstancias, las sustancias químicas ya están identificadas y es cuestión de tiempo que se repliquen en las de fórmula”, apunta Cano.

El problema, afirmaba Kramer, es que la OMS y el resto de organizaciones que promueven la lactancia materna “nos citan cuando tenemos resultados que les gustan, y no lo hacen cuando no son de su agrado”.

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses, aunque por ejemplo en España, la baja maternal es de cuatro meses y después dos años de alimentación mixta. “Pero es que ya no vale ni sacarte la leche, tienes que estar amamantando, a demanda, y con colecho… Ya, pero es que también tengo que vivir, trabajar o irme de viaje. Es un poco ideológico, porque al final lo que te están diciendo es que hay que volver a encadenar a las mujeres a casa y al cuidado del bebé”, se queja Benavente. “Tú como madre desapareces, solo importa el bebé. En mi caso, daba el pecho pero me hacía daño, y en el hospital me recomendaron pezoneras. Bueno, pues luego la matrona del centro de salud me dijo que sin pezonera, que así era más natural y mejor. ¿Mejor para quién? Porque mira, es que a mí me está doliendo”.

Ya no vale ni sacarte la leche, tienes que estar amamantando, a demanda, y con colecho… Ya, pero es que tengo que vivir

Benavente también cuestiona que la OMS haga una recomendación general para todo el mundo, cuando países desarrollados y subdesarrollados no tienen las mismas circunstancias. En los segundos, la leche materna es más segura porque la potabilidad del agua no garantiza la desinfección de los biberones y, sin embargo, allí solo un tercio de las madres da el pecho, mientras que en los desarrollados la diferencia no es tan vital.

Pero, sobre todo, los críticos con la lactancia materna 'caiga quien caiga' denuncian que se están olvidando de algo que sí es fundamental para el menor: el propio bienestar de la madre. “Nadie te prepara para qué pasa si sale mal y no puedes amamantar. Simplemente, nadie te lo dice, todo está orientado a que es lo ideal y punto”, resume Benavente. “Tengo amigas que se sienten malas madres por darles el biberón. ¡Pero que es solo un biberón, no whisky!”.

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