SANGÜESA LLEVA AÑOS CONVIVIENDO CON EL MIEDO

Treinta minutos para salvar del naufragio a 5.000 personas en un pueblo de Navarra

Geólogos advierten de que la ampliación del embalse de Yesa amenaza la estabilidad del conjunto, que estuvo cerca del colapso en 2013. Un nuevo informe aviva la preocupación

Foto: Estado de las obras de recrecimiento del pantano de Yesa el pasado mes de diciembre, que casi triplicará su capacidad actual. (EFE)
Estado de las obras de recrecimiento del pantano de Yesa el pasado mes de diciembre, que casi triplicará su capacidad actual. (EFE)

El día en que el embalse de Yesa reviente, los 5.000 habitantes de Sangüesa (Navarra) dispondrán de entre 23 y 30 minutos para abandonar todo lo que estén haciendo y correr a un refugio seguro antes de que una ola de 24 metros de altura arrase el pueblo. El problema es que en Sangüesa nadie sabe hacia dónde tiene que correr, ni cuál es la señal de alarma que anunciará la catástrofe. El Ayuntamiento tiene redactado un plan de evacuación, pero nunca ha considerado oportuno hacer un simulacro. El embalse, conocido popularmente como mar de los Pirineos debido a su tamaño, podría desmoronarse mañana, dentro de 10 años o de 50. O tal vez nunca. Pero el riesgo existe y es elevado, según llevan alertando geólogos y asociaciones civiles desde hace al menos diez años. Nuevas grietas detectadas hace unos días y un informe técnico algo controvertido han vuelto a poner el foco en esta potencial bomba de relojería. La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), gerente del embalse, califica a los críticos de "alarmistas" y subraya que la presa cumple todos los estándares de seguridad y que esas grietas son antiguas.

Sangüesa (Navarra) cuenta 5.000 habitantes y se ubica a 8 kilómetros del pantano de Yesa
Sangüesa (Navarra) cuenta 5.000 habitantes y se ubica a 8 kilómetros del pantano de Yesa

La causa del peligro son las obras de recrecimiento del pantano, que pretenden convertir este viejo embalse inaugurado en 1960 y con capacidad para almacenar 447 hectómetros cúbicos (hm3) en un enorme vaso de 1.079 hm3, duplicando la superficie inundada, con el fin de garantizar el regadío en la región y el abastecimiento de agua potable en Navarra y Aragón. Las obras se iniciaron en 2003 y prosiguen 17 años más tarde sumidas en un sinfín de demoras y parches de urgencia para contener los deslizamientos. El presupuesto inicial de 113 millones, firmado en el año 2000, se ha cuadruplicado hasta alcanzar los 470 millones, y todo apunta a que se volverá a incrementar. La nueva fecha de finalización de las obras de ampliación es noviembre de 2021, pero también es probable que se tenga que volver a retrasar. Una sociedad integrada por ACS, FCC y Ferrovial es la adjudicataria de las obras, encargadas por la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) y financiadas por el Ministerio para la Transición Ecológica. Van ya por la cuarta modificación del proyecto.

Antonio Casas, doctor en Geología y profesor de la Universidad de Zaragoza, fue el primero en alertar del peligro hace 20 años y es uno de los expertos que ha realizado la proyección de los 30 minutos. Sostiene que el peligro hoy es más vigente que nunca. Esos cientos de hectómetros cúbicos soltados de golpe ("la presa se desmoronaría en cuestión de minutos") también arrasarían la vertiente aragonesa, llegando a inundar, 25 horas más tarde, media ciudad de Zaragoza bajo siete metros de agua (2,5 metros en la plaza del Pilar), según simulaciones realizadas con herramientas informáticas del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (Cedex). Además de Sangüesa, que sería engullida por un gigantesco sumidero de agua durante nueve horas, desaparecerían pueblos aguas abajo del río Aragón, como Cáseda y Gallipienzo.

El origen del problema es la ubicación misma del pantano, una superficie muy inestable y en movimiento constante, que para complicarlo todo se asienta sobre una falla cuyo último gran sismo data de 1923. Apenas una década después de ser inaugurado, ya se empezó a plantear su recrecimiento. El ingeniero jefe del pantano original, René Petit, le dijo en 1983 al diario 'Navarra Hoy' una frase que los críticos de la ampliación llevan años recordando como una profecía: "La ampliación de Yesa me daría mucho miedo", dijo Petit en referencia a las poco adecuadas condiciones del terreno, que ya dio problemas serios en su construcción original. Y remató: "Tenga en cuenta que al ampliar el volumen aumentan considerablemente las posibilidades de un fallo geológico. Si ahora existe una presión de diez kilos por centímetro cuadrado con esa ampliación puede doblarse a veinte... ¿Quién va a garantizar la seguridad de tal obra?".

Portada de 'Navarra Hoy' con la entrevista a René Petit
Portada de 'Navarra Hoy' con la entrevista a René Petit

Miguel Solana, presidente de la asociación Río Aragón, lo explica de forma gráfica: "Yesa tiene las laderas trituradas, brechificadas. Es como una tarta Comtessa, llena de capas, en la que el chocolate está roto y queda intercalado con la nata, mezclando las capas, y esa inconsistencia hace que la ladera se mueva y provoque grietas, que no son grietas locales que no afectan a la estabilidad, tal como dice la confederación, sino que son todo lo contrario, generan inestabilidad general. La prueba es que las tapan con máquinas y vuelven a aparecer. La presa debería estar asentada sobre un turrón de Alicante, una capa compacta y maciza, pero está asentada sobre una Comtessa, lo que obliga a estar gastando cientos de millones para algo que nunca va a dar seguridad absoluta".

Una ladera en 'equilibrio estricto'

La reciente publicación de un estudio técnico encargado por el Gobierno de Navarra y la aparición de nuevas grietas en una de las laderas de Yesa (que la confederación asegura que están ahí desde 2015) han vuelto a avivar el pánico y la indignación en Sangüesa y en los pequeños pueblos aguas abajo, que ya vivieron una oleada de terror en el año 2013, después de que las lluvias torrenciales levantaran el vaso de la presa varios centímetros y provocaran deslizamientos de hasta 13 milímetros al mes. En 2015, la confederación tuvo que solicitar la expropiación y demolición de 103 casas y el desalojo de 300 vecinos de dos urbanizaciones situadas junto a las obras debido a la repentina aparición de grietas en suelos y paredes.

El cuerpo de presa antiguo, marcado por el camino superior, quedará inundado tras la ampliación. (EFE)
El cuerpo de presa antiguo, marcado por el camino superior, quedará inundado tras la ampliación. (EFE)

El estudio, elaborado por la empresa Geoconsult con un coste al erario de 222.337 euros, evalúa la estabilidad y la seguridad de la ladera derecha del embalse de Yesa. Concluye que la ladera se encuentra en 'equilibrio estricto', con una velocidad de desplazamiento inferior a dos milímetros al mes. La consultora subraya que las obras de recrecimiento son viables en términos de seguridad, pero urge medidas adicionales para incrementar el margen de seguridad y minimizar los deslizamientos.

En la ladera derecha de Yesa, "las fuerzas que tienden a soportar todo el conjunto son las mismas que tienden a tumbarlo"

A primera vista, el mensaje parece claro: la ampliación del embalse no entraña peligro para la población y goza del visto bueno de técnicos independientes. Pero el concepto de 'equilibrio estricto' empleado por Geoconsult ha alarmado más si cabe a los expertos contrarios. "Cuando hablamos de que una ladera tiene equilibrio estricto significa que las fuerzas que tienden a soportar todo el conjunto son las mismas que tienden a tumbarlo. Se conoce como factor de seguridad 1. Si hablásemos de 1,2 o 1,3 sería que existe un 20-30% de margen de estabilidad, pero con 1 no hay margen", explicó días atrás el geólogo Antonio Aretxabala al portal Naiz.eus. La admisión de que ladera tanto puede aguantar como venirse abajo, unida a la presunta aparición de nuevas grietas, hizo que 500 personas se manifestaran en Sangüesa el pasado domingo para exigir a la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, "la paralización inmediata de las obras de recrecimiento".

Manifestación contra las obras de recrecimiento de Yesa. (EFE)
Manifestación contra las obras de recrecimiento de Yesa. (EFE)

La Confederación Hidrográfica del Ebro llama a la calma y afirma que "la presa actual y la presa recrecida, actualmente en obras [ya hay un 97% del cuerpo ejecutado], cumplen con la normativa de seguridad, la normativa sismorresistente, y con todas las garantías técnicas". Y subraya: "Todas las laderas del mundo se mueven y no se puede hablar en ellas de movimiento cero, aunque sea un movimiento imperceptible. Los datos constatan que no se ha registrado ninguna variación en las conclusiones desde que se realizaran las actuaciones de estabilización en 2013 y por ello sigue la misma línea que los anteriores informes (el último de mayo de 2018)".

"La presa actual y la presa recrecida cumplen con la normativa de seguridad y con todas las garantías técnicas", asegura la CHE

La confederación insiste en lo que afirmó después de las semanas de pánico en 2013: "Hasta que se consolide la ladera y su vegetación, los procesos de erosión hídrica van a favorecer la formación de cárcavas, colmatación discontinua de cunetas, movimientos puntuales de las mismas, aparición de grietas en pequeñas desestabilizaciones locales, etc.", y afirma que la conflictiva ladera derecha y toda la obra del embalse es monitorizada de forma constante. Sin embargo, el ente no es capaz de responder al alarmante 'equilibrio estricto' que señala Geoconsult, pues el informe no ha sido remitido todavía a los técnicos de la confederación.

Una de las múltiples grietas surgidas en las laderas del embalse de Yesa. (Miguel Solana)
Una de las múltiples grietas surgidas en las laderas del embalse de Yesa. (Miguel Solana)

El geólogo Casas critica la "falsa confianza" de la confederación, basada en que "es más probable que no pase nada a que pase en los próximos años", y le afea desmarcarse del comúnmente empleado equilibrio de fuerzas como baremo para calcular la seguridad de la presa para abrazar "otro indicador que se han inventado para cumplir con la normativa, que es el de velocidad de deslizamiento. Como la ladera se desliza poco no pasa nada, ya no hay que hacer caso al equilibrio de fuerzas que les demuestra que ya no queda margen. A poco que se desplacen los bloques de hormigón de la presa antigua o de la nueva puede producirse una catástrofe. Eso nunca lo sabemos hasta que ocurre. En Estados Unidos, evacuaron a 200.000 personas cercanas a la presa de Oriville porque parecía punto de desmoronarse, aunque al final no ocurrió. Aquí, en cambio, estuvimos al borde del desastre en 2013 y nadie en los pueblos afectados supo nada hasta tiempo después".

"No queremos morir monitorizados", ironiza Solana, de la asociación Río Aragón. "Por muchos controles que digan aplicar, la realidad dice que el factor de seguridad ha ido bajando con los años, siendo 1,4, luego 1,2 hasta situarse en 1, y ellos siguen con las obras. En países como Estados Unidos una obra de este tipo requiere un factor de seguridad mínimo de 2. Se está a punto de completar una obra que quiere albergar más 1.000 hm3 en un lugar sin margen de seguridad y donde hay una destacable actividad sísmica. Es una locura".

Habituados al terror

En Sangüesa se han acostumbrado a vivir bajo la amenaza, ya sea real o imaginaria, de morir ahogados. La última tragedia de este calibre en España ocurrió en Ribadelago (Zamora) el 9 de enero de 1959 y mató a 144 personas. Abruma pensar que algo parecido, incluso más mortal, pueda ocurrir en pleno siglo XXI. "Cuando hablamos del riesgo de morir cada uno hace lo que puede con la idea. Hay gente que cree que no pasa nada y hay gente que no quiere hablar del tema porque duerme mal", explica Iker Aramendia, portavoz de la asociación Yesa + NO. "Somos conscientes de que vivimos bajo un riesgo mucho más elevado del que cualquier persona considera razonable, nos están obligando a vivir bajo una presión inadmisible. Los protocolos de evacuación de todos los organismos, incluida la confederación, cifran en 25 minutos el margen para salvar la vida, y sabemos que es un tiempo insuficiente para casi todo el mundo que vive en Sangüesa, más si ocurriera de noche".

Este diario trató sin éxito de obtener el punto de vista del ayuntamiento de Sangüesa. El anterior alcalde, Ángel Navallas, reconoció en 2015 que la confederación convocó a distintos alcaldes de la zona a una reunión a puerta cerrada para exponerles su plan de evacuación en caso de catástrofe. En países como Francia, Alemania o Estados Unidos "el proyecto estaría paralizado a la espera de ver cómo evolucionan las laderas. Esto es una locura se mire como se mire. Solo pedimos que se nos trate como adultos", protestó Navallas.

Brecha en la pared de una casa de una de las urbanizaciones aledañas a Yesa, ya demolidas. (Documental 'Los malos sueños de René Petit')
Brecha en la pared de una casa de una de las urbanizaciones aledañas a Yesa, ya demolidas. (Documental 'Los malos sueños de René Petit')

Este pasado jueves, el vicepresidente primero del Gobierno de Navarra, Javier Remírez, admitió que su ejecutivo ha solicitado una reunión a la CHE e instará a "analizar medidas adicionales", si bien hizo un llamamiento a la calma en la misma línea expresada por la confederación. Adolfo Araiz, diputado de EH Bildu, advirtió de que "es alarmante que después de 18 años de ejecución de la ampliación del embalse, con casi 470 millones, el informe haga matizaciones de que existen incertidumbres", calificó la obra de "peligrosa" y exigió su paralización preventiva.

"Ampliar un embalse en equilibrio estricto es una locura. Nadie construye una casa si el factor de seguridad no es de 2 o 2,5. Pero han visto que es imposible parar el deslizamiento y han decidido cambiar la normativa para poder decir que sí es seguro. Ahora a la confederación el factor de seguridad ya no le parece relevante y se agarra a otros parámetros", afirma Casas. "Mientras la ladera se deslice a baja velocidad no pasará nada, pero llegará un momento crítico por condiciones de humedad o por su misma evolución. Cuanto más se mueve una ladera más difícil es de parar y más probable es que nos acerquemos a un punto crítico. En lugar de pararlo todo y esperar 5 o 10 años a ver cómo se comportan las laderas, o en lugar de buscar soluciones como construir balsas paralelas, la confederación hace lo contrario: más obras, más gasto de dinero público y peor situación".

En 2015 hubo que desalojar de forma permanente 300 casas en dos urbanizaciones
En 2015 hubo que desalojar de forma permanente 300 casas en dos urbanizaciones

En términos económicos, el Tribunal de Cuentas cuestionó en junio de 2018 el sobrecoste de las obras de recrecimiento y utilizó el proyecto como un ejemplo de despilfarro público en el que "la existencia de defectos o carencias en los proyectos iniciales, la falta de previsión o la ausencia de estudios, ha ocasionado su alteración sustantiva en cuanto a su ritmo de ejecución, su coste final o su rentabilidad social en términos de satisfacción del interés público al que debe responder".

Una vez concluyan las obras en noviembre de 2021 (si no hay nuevas demoras) y se llene por fin de agua el recrecido embalse, será el momento de la verdad. De contener el aliento por el lado de los críticos, que avisan de que en cuanto se llene de agua la presión sobre las laderas será mucho más potente y aumentará el riesgo de roturas, y del lado de la confederación, que ahora sí podrá, si todo sale según lo prometido, olvidarse de esta pesadilla de ingeniería y acallar a los agoreros. "Lo único que queremos es vivir con tranquilidad, sin esa preocupación constante de que podamos morir ahogados en cualquier momento", exclama el portavoz de Yesa + No. La confederación asegura que el portavoz y todo Sangüesa pueden dormir muy tranquilos.

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