declarado en abandono

Se subasta galeón por 152.000 euros: el chollo envenenado del 'Escorial del mar'

El galeón carece de permisos para estar atracado en el puerto o ser utilizado, y tiene problemas de seguridad. Una situación que la Administración quiere zanjar con su venta

Foto: Este era el aspecto del barco antes del traslado en 2017 que motivó las acciones legales. (EC)
Este era el aspecto del barco antes del traslado en 2017 que motivó las acciones legales. (EC)

Si su sueño siempre ha sido tener una carabela española del siglo XIX, puede que hoy sea su día de suerte. La Autoridad Portuaria de Alicante acaba de sacar a subasta pública una réplica del Santísima Trinidad, que se hundió en la batalla de Trafalgar en 1805. El precio de salida de la que llamaban 'el Escorial del mar', 152.000 euros. Una ganga, según su propietario, Rafael Ibáñez, que asegura que solo el hierro del armazón está tasado en 600.000 euros y que considera toda la operación "un robo a mano armada". Y es que él, pese a ser el dueño del navío, no va a ver ni un solo euro.

El galeón, que lleva años amarrado en el puerto de Alicante, cambiará de manos antes de final de este mes, cuando termina el plazo para presentar las ofertas de la "venta forzosa mediante subasta pública". Una decisión que la Autoridad Portuaria ha tomado tras declarar en tres ocasiones que el buque estaba "en estado de abandono". Algo que su propietario niega rotundamente. Según explica Ibáñez a El Confidencial, después de adquirir el barco y la sociedad propietaria de los permisos de explotación (antes era un restaurante), la Administración fue denegando sistemáticamente las concesiones asegurando que el estado del Santísima Trinidad suponía un peligro.

El interior del barco no está ni siquiera tasado. (EC)
El interior del barco no está ni siquiera tasado. (EC)

Y aunque Ibáñez, un empresario especializado en el negocio náutico, gastó "un dineral" que no especifica en reparar el barco y pedir auditorías externas, el puerto decidió trasladarlo en julio de 2017 a otro muelle para evitar que causase algún daño material por la posible caída de uno de los mástiles. Un traslado que ocurrió a la una de la mañana, "con nocturnidad y alevosía", según su propietario, que lo recurrió al Tribunal Superior de Justicia de Valencia.

[Álbum: así es el Santísima Trinidad que está amarrado en Alicante]

Después de aquel recurso, todo se precipitó. Ibáñez se negó a pagar el amarre del buque en el puerto, que asciende a 4.000 euros mensuales. La Autoridad Portuaria le prohibió entrar en la zona. El Santísima Trinidad empezó a deteriorarse y fue declarado en abandono. Pesa 2.500 toneladas, tiene un total de 2.400 metros cuadrados y cuatro plantas que un día albergaron un restaurante inspirado en la época.

"No me dejan visitar mi barco"

El estado actual de la réplica es ahora mismo un misterio. El dueño denuncia que no tiene agua ni luz, pese a estar amarrado en el puerto y estar considerado legalmente como un "artefacto flotante", puesto que carece de movilidad si no es remolcado.

"No me dejan entrar a visitar mi propio barco", se queja Ibáñez, que ha intentado mover el galeón de sitio en varias ocasiones pero se ha topado siempre con problemas en el resto de puertos, que no tenían espacio o se negaban a aceptarlo. Unos impedimentos que el empresario achaca a "una mano negra" desde el entorno del antiguo alcalde de Alicante que, asegura, nunca quiso que el barco fuese parte de la oferta turística de la ciudad.

El propietario denuncia que no le dejan entrar en su propio barco. (EC)
El propietario denuncia que no le dejan entrar en su propio barco. (EC)

Ahora poco puede hacer el propietario excepto "confiar en la Justicia". "Creo que al nuevo propietario sí le van a dar más facilidades" para explotar o trasladar el barco, dice Ibáñez, que cree que hay una enemistad hacia él porque "nos metimos claramente con el antiguo alcalde". El problema es que tras la enajenación y venta del buque, podría darse la circunstancia de que los recursos que siguen abiertos ante el TSJ de Valencia acaben resolviéndose a favor del dueño. "No entiendo que la propia Administración no espere a que la Justicia resuelva el caso", dice Ibáñez.

En cualquier caso, el dinero que se saque de la venta del navío se destinará a pagar las deudas que pesan sobre él, en su mayoría facturas impagadas del amarre en el puerto, y la inversión de Ibáñez quedará en nada. "Hemos calculado más de medio millón en gastos por adquirir el barco, repararlo y los letrados para presentar los recursos. Eso sin contar los beneficios que podríamos haber ingresado si el barco estuviese abierto al público", explica. Tienen intención de reclamar los daños y perjuicios que la operación les ha causado, pero lo más probable es que 'el Escorial del mar' acabe desguazado y lejos de Alicante.

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