vecinos contra el muro

Murcia arde a la sombra de Cataluña: "El AVE por abajo, nosotros por arriba"

"La situación es límite", avisa Adif, que advierte de una posible resolución del contrato para llevar el AVE a Murcia. Los vecinos no permitirán que pase por la superficie.

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Estos días el tema de conversación en Murcia va por barrios. Al norte del Segura los vecinos han colgado banderas de España en sus balcones y claman contra las tropelías constitucionales de Puigdemont en los bares. Saben que al sur de su ciudad hay altercados, y que tienen que ver con la llegada del AVE, pero abordan el asunto sin pasión, cansados de opinar sobre un conflicto que lleva demasiados años abierto como para conservar el ánimo.

Al sur de la ciudad el clima es bien distinto. La temperatura social sube a medida que se avanza por Torre de Romo, una amplia avenida que conecta el centro de la ciudad con el El Carmen, un barrio obrero de 24.000 personas que funciona como la puerta al sur de Murcia. Las rojigualdas de las terrazas norteñas van tornándose banderas blancas, a veces simples sábanas, con mensajes mucho más pragmáticos como “soterramiento ya” o “tren por abajo, nosotros por arriba”. Se refieren a las vías del tren que separan siete barrios del sur (Santiago El Mayor, Nonduermas, Barriomar, Pío X, El Progreso, Patiño y Ermita del Rosario) con el resto de la ciudad y que, con la llegada del AVE, serán reforzadas con unas pantallas acústicas de cinco metros que impedirán el tránsito humano. Los vecinos se refieren a ellas como "el muro" y no están dispuestos a permitir su construcción, que aislaría a varios de los distritos con menor renta y mayor tasa de la paro de la ciudad.

Sostienen que el muro dividirá Murcia, pero lo cierto es que Murcia ha crecido partida por la vías del tren. Para ir de El Carmen a El Progreso, Santiago el Mayor o cualquier pedanía del sur, hay que atravesar uno de los dos pasos a nivel: hay uno al final de Torre Romo y otro a la altura de la estación de tren Murcia del Carmen, separados por un kilómetro. En el paso de la estación hay también un pasaje subterráneo, sucio y con olor a orines, que los murcianos evitan aunque las barreras estén bajadas por el paso de un tren. Entre los pasos a nivel hay una tapia que, como la estación, fue inaugurada por Isabel II en el año 1862. El resto de la vía está cubierta con una verja y, como el tránsito de trenes es ligero, muchos vecinos se han acostumbrado a cruzar las vías por cualquier sitio con tal de ahorrarse el paseo. Esto lleva sucediendo 155 años.

Uno de los pasos improvisados.
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Uno de los pasos improvisados.

Muchos de los que cruzan a la torera son adolescentes que van y vuelven del instituto Mariano Baquero, justo en el cruce de Torre Romo. Lo hacen a la vista de todos, sin que nadie les advierta del peligro a pesar de que ha habido muertos. Abordamos in fraganti a uno de ellos, de unos 14 años, que vive justo enfrente de la verja: "Atravieso las vías tres o cuatro veces al día, como todos mis amigos y la gente joven del barrio, aunque también hay mayores. De mis amigos alguno ha tenido los cojones de saltar por ahí (señala a un boquete en la verja) con la bici al hombro, ¡una 'mountain bike'!", dice riéndose. "Si me tengo que ir al paso cada vez, me paso la vida andando calle arriba, calle abajo", afirma. "Si miras bien, no es peligroso" repite mientras se aleja, como si fuese un mantra aprendido de sus mayores. Como muchos de sus vecinos, este adolescente no tiene mayor interés en los conflictos políticos que acontecen en su barrio, pero tiene claro que las pantallas de metacrilato del AVE, con sus cinco metros, no podrá saltarlas, por eso se presenta en cualquier movilización contra las obras junto a sus padres y abuelos.

Esta es una de las claves del conflicto: la ciudad creció dividida por el tren, pero los vecinos se las han ingeniado para obviar el urbanismo y transitar diariamente sobre el tendido férreo, que acoge trenes de mercancias y algún Altaria con destino Madrid.

Aspecto del paso de Santiago El Mayor.
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Aspecto del paso de Santiago El Mayor.

En 2006 Fomento firmó un convenio por el cual el AVE llegaría bajo tierra a la ciudad y que, como hizo Córdoba en 1994, se aprovecharían las obras para soterrar las vías existentes y conectar así los barrios y pedanías del sur, que junto con El Carmen suman cerca de 180.000 personas. Nunca sucedió. Como tantas promesas electorales formuladas durante el 'boom' económico –y con la perspectiva que dan fiascos como los aeropuertos fantasma o el Auditorio de Ciudad Real–, Fomento fue mareando la perdiz hasta que los murcianos la perdieron de vista.

La última versión oficial sostiene que el AVE llegará por la superficie a Murcia y que, en un futuro cercano, en torno a 2020 o 2023, será soterrado. Afirman que será provisional, lo mismo que dijo el gobierno de Isabel II cuando fundó el apeadero de El Carmen, que iba a ser por un tiempo y terminó convirtiéndose en la única estación de tren de la ciudad. Durante los años de provisionalidad, y hasta que se construya un paso elevado que no tiene ni siquiera ubicación proyectada, los dos pasos a nivel y el subterráneo serán cegados. Los vecinos no se creen una palabra del Ayuntamiento, la Comunidad, Adif, el Ministerio o los medios de comunicación locales; en lo único que creen es en colaborar para que nunca se levante el muro entre los barrios. Al precio que sea.

Cayó el muro

El miércoles por la mañana el paso a nivel de Torre de Romo con la calle Pío XII, la principal conexión entre El Carmen y Santiago El Mayor, parecía un escenario de guerra. Pancartas y pintadas por las paredes, corrillos de vecinos en las aceras. Todos comentan la noche anterior: “Anoche debió hacer un vendaval terrible, mira cómo ha quedado todo esto”, dice uno de ellos, de etnia gitana, mientras sus acompañantes ríen. "¡No estaría bien sujetas si se las ha llevado el aire!", dice otro mientras señala con un bastón una ristra de paneles de hormigón, vigas metálicas y enormes pantallas de metacrilato arrancados de sus anclajes y partidas por la mitad como si fueran las galletas de un gigante. Cuesta imaginarlo al verlas en este estado, pero son las pantallas que aíslan el paso del AVE.

Más que un vendaval, parece un tornado. La lista de desperfectos calculada por Adif expone la magnitud de los acontecimientos de la noche del martes: “Una máquina elevadora destrozada y quemada, 46 vigas de pantallas acústicas destrozadas y tiradas a la vía, 148 m² de zócalos de hormigón de pantallas destrozados, 350-400 m² de pantallas de metacrilato destrozadas y 46 unidades de grupos de anclajes para cimentaciones de vigas de pantallas de metacrilato”. A estos daños hay que sumar los daños a la vía: “Sujeciones quemadas (15 o 20), como consecuencia del incendio de contenedores; traviesas de madera quemadas (15); señales de limitación de vía arrancadas; cerramiento roto y diverso material retirado de la vía (biondas, señales de limitación de velocidad, contenedores, postes de electrificación, vallado, etc.)”.

Se han juntado nazis, antifascistas, gitanos y personas con antecedentes para tirar el muro

Los vecinos saben que el responsable del destrozo no fue una catástrofe natural, sino un grupo de 150 jóvenes surgidos de los barrios y pedanías más populares movilizado para la ocasión, pero existe un pacto tácito de silencio. La noche del martes, mientras ardían las vías que separan el centro de la ciudad con la parte sur, muchos dejaron de grabar los incidentes a petición de los agitadores. “No lo subas a internet, que la Policía lo usará para identificarnos”, les decían. Fue, según el relato de una joven vecina de Santiago El Mayor, una singular reunión de “toda la escoria de Murcia” en torno a un objetivo común: destrozar los muros del AVE que parten la ciudad y simbolizan el maltrato al que se sienten sometidos los vecinos por parte de Fomento y Adif.

Había nazis, antifascistas, gitanos, gente con antecedentes… lo mejor de cada casa. Fueron llegando cuando escucharon que la Policía había cargado contra los vecinos y se organizaron para regresar con mazas y maquinaria para destrozar los anclajes y el hormigón. Los policías, los mismos que habían cargado contra los manifestantes pacíficos, ni se trevieron a acercarse a ellos, porque todos sabemos dónde están todos los antidisturbios ahora”, continúa la vecina, señalando al norte, en dirección a Cataluña. “A muchos no les ha gustado lo que hicieron, pero es que era lo suyo: ¿El problema es el muro del AVE? Pues a tomar por culo el problema”, zanja.

No todos los vecinos celebran la caída del muro. Joaquín Contreras, portavoz de la Plataforma Pro Soterramiento, lamenta que no se le haya dado importancia al problema, tanto política como mediáticamente, hasta que no han saltado a las portadas las imágenes de contenedores ardiendo en las vías. Este maestro jubilado lleva desde finales de los 80, a través de la plataforma, reclamando que se entierren las vías por la vía pacífica. Cuando vio "que se estaban riendo de nosotros", dio un paso adelante: congregó una concentración periódica, todos los martes, en el paso a nivel de Torre Romo: "Y no hemos faltado una sola semana nieve, llueva, truene o nos congelemos, hasta que Fomento y Adif nos escuchen", afirma. En los últimos meses, y a medida que avanzaban las obras del AVE, las convocatorias de la plataforma han ido ganando adeptos, hasta el punto de que el pasado domingo Contreras movilizó 50.000 murcianos exigiendo el soterramiento de las vías.

Imagen de la manifestación del pasado domingo.
Imagen de la manifestación del pasado domingo.

"La Policía no se esperaba el éxito de la convocatoria, seguramente la mayor concentración de la historia de la ciudad, y se debieron enfadar. Por eso el martes, cuando volvimos a manifestarnos ante las obras, saltó la chispa", relata Contreras. La Policía cargó esa mañana contra miembros de la plataforma, lo que generó la llegada de los violentos a última hora del día. "No podemos controlar a esa gente, que son criminales. Este asunto ya excede el control de la plataforma: hay grupos convocándose por su cuenta y destruyéndolo todo. Yo no daba crédito a lo que vi la otra noche, viendo cómo volaban por encima de las vías materiales que han traído con una grúa, son incontrolables", sentencia Contreras.

Incluso después de los desperfectos, y de que Adif advirtiese de que puede abandonar la obra si no se respetan sus trabajos, los vecinos de la zona le han pedido a la plataforma que no ceda ante las amenazas. Se sienten fuertes ahora que saben que, más allá de la vía diplomática, también cuentan con una fuerza de choque. Contreras, por su parte, está harto de dialogar con los gobiernos autómicos y municipales, y pide audiencia con el ministro De la Serna como única vía de solución al conflicto.

Barrios populares y mentiras

Galicia Méndez es una de las vecinas que más ha hecho por visibilizar el problema en las redes sociales, quizá porque su salón está a quince metros de las obras del AVE: "Me tiemblan las paredes todas las mañanas porque las máquinas están excavando en roca viva, y eso que no lo están soterrando, si se pusieran a hacer túneles lo mismo se venía abajo mi edificio", dice. La joven ha visto tantos proyectos desparecer que ya no se cree nada: "Recuerdo que en 1998 se autorizó el soterramiento de las vías, antes del AVE, e incluso se llegaron a exponer maquetas en Molinos del Río de cómo quedaría la zona. Obviamente eso revalorizó mucho el suelo y mucha gente compró pisos pensando que estarían conectados los barrios, pero eso nunca pasó. En 2006 hubo otro proyecto que no se ejecutó, y otro más en 2011… Se han contemplado muchísimas opciones, una variante en Camarillas, dejar la estación en Los Dolores, una pedanía de la ciudad… Ahora mismo no sabría decirte qué proyecto, del montón que hay, está siendo ejecutado, no creo que lo sepa más que Adif".

En efecto, pocos vecinos saben qué está pasando, e incluso los hay que no quieren saberlo. Se les ha engañado tantas veces que solo responden a lo que ven sus ojos. Al ser preguntados, muchos echan mano del móvil y muestran titulares antiguos en los que se les prometían soterramientos, parques e incluso nuevas estaciones. "Y espérate que no quieran pasarnos el Corredor Mediterráneo por el centro de la ciudad, que lo vemos venir, y entonces sí que se puede liar gorda", dice Juan Luis Domínguez, un vecino de San Pío X.

Los vecinos se las prometían felices en 1998.
Los vecinos se las prometían felices en 1998.

Galicia Méndez comparte la sensibilidad de muchos, que no actúan personalmente pero ven con buenos ojos tanto la vía de la Plataforma como la de los destrozos. "Desde mi casa se escucha cualquier jaleo en las vías del tren, así que, cuando escucho ruido, me pongo los pantalones y bajo", afirma. "Hay que entender a la gente: en la Plataforma hay personas mayores, y si la Policía los toca, se lía. Hay dos vecinas mías que van a todas las concentraciones y si las pegan me tiro a por la Policía", sostiene. "¿Sabes por qué se ríen de nosotros? Porque todos los barrios implicados son de obreros. El Carmen, donde yo vivo, fue el primer barrio extramuros de la ciudad, más al sur no había nada más que pedanías y huerta. Ahora parece que quieren cegar Torre Romo, que es la arteria de todo el sur, y el alcalde no se atreve ni a pisar por aquí, pasa con el coche sin bajarse", lamenta.

Méndez muestra a este periódico la zona de las Calderas del Gas, en Santiago El Mayor, el punto más aislado del centro de la ciudad. Se encuentra entre los dos pasos a nivel, franqueado por una tapia al norte: "Si vives aquí, tardas como veinte minutos solo en salir del barrio", explica. Edificios nuevos conviven con paredes pintadas y casas bajas, algunas de ellas construidas por sus habitantes: "Se construyó en todos los solares esperando el AVE soterrado, pero ahora esta gente va a quedarse completamente aislada, al menos unos años, si es que realmente entierran las vías, que es algo que no nos creemos casi nadie", dice la joven.

La cabecera del AVE, en la estación de El Carmen.
La cabecera del AVE, en la estación de El Carmen.

Una cuestión de dinero

Visto el encono de ambas versiones, acudimos a un experto independiente para arrojar luz sobre la situación. Adrián Fernández es ingeniero y consultor en Hécate Ingeniería, con experiencia en desarrollos urbanísticos: "Murcia es una más de las víctimas de la época, a mediados de los 2000, en la que Fomento hacía todos los proyectos a máxima capacidad. Como Córdoba o Ciudad Real, los murcianos quisieron aprovechar la llegada de la alta velocidad para cambiar su esquema ferroviario, un proyecto ambicioso que fue quedándose fuera de los presupuestos porque en el ministerio empiezan a dudar y se dilatan todos los plazos, no solo del AVE. Después llegó la crisis y la admisión del ministerio de que no se puede seguir construyendo a ese ritmo”, explica.

“La estrategia ahora es, con la mínima inversión, aprovechar lo mucho que se ha hecho y que empiece a funcionar bajo mínimos. Un ejemplo es el AVE a Galicia: en vez de llegar en vía doble llega en vía única, que se ampliará cuando se pueda. Orense pidió una estación de 400 millones de euros diseñada por Norman Foster, y sin embargo la alta velocidad llega a la estación vieja. El caso de Murcia es similar”, continua el experto.

El soterramiento es la última opción, porque es carísimo de fabricar y de mantener

¿Es una simple cuestión presupuestaria? "Sí. Como profesional considero el soterramiento como la última opción, porque es una obra carísima que además condiciona mucho la explotación del servicio, porque obliga a tener planes de evacuación, vigilancia constante… y a largo plazo puede presentar problemas de vibraciones en los edificios contiguos. Un soterramiento es caro de fabricar y de mantener”, relata Fernández, que se atreve con alternativas: “Se puede cavar una trinchera para poner un paso elevado o elevar la vía, por ejemplo, que genera un impacto visual mayor pero cuesta diez veces menos y es totalmente permeable al tránsito peatonal. Dos buenos ejemplos son Jérez o Girona, que elevaron sus vías en viaducto para neutralizar el efecto barrera”.

No obstante, el ingeniero se alinea con la postura de los vecinos: "Uno de los principios básicos en conectividad urbana es que las nuevas obras no empeoren la situación actual, sobre todo al peatón, que es el eslabón más débil, y es justo lo que está sucediendo aquí. La opción de los vecinos no es mala: hacer una terminal fuera de la ciudad y una lanzadera para llegar hasta allí. Es lo que hicieron en León y no funcionó mal, aunque ellos llevan siete años así, con la provisionalidad”, concluye.

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