CUATRO DIAS DE INCIDENTES VECINALES

Gamonal y el fantasma de Méndez Pozo

Y al tercer día, Gamonal fue noticia internacional. Los disturbios vecinales del barrio burgalés han adquirido dimensión más allá de nuestras fronteras.

Foto: Miembros del Cuerpo Nacional de Policía en los disturbios en el barrio de Gamonal. (EFE)
Miembros del Cuerpo Nacional de Policía en los disturbios en el barrio de Gamonal. (EFE)

Burgos ya no es sólo morcilla y frío. Desde el pasado viernes, los vecinos de Gamonal han acaparado la atención mediática para reivindicar su rechazo a un bulevar. Por el camino, manifestaciones diarias, bloqueo de obras y destrozos de mobiliario han servido para garantizar el interés nacional de un conflicto local. “No creo que sea símbolo de nada”, explica la geógrafa Begoña Bernal, profesora de Patrimonio Urbano y Patrimonio Natural de la Universidad de Burgos y experta como autora de trabajos como “De Gamonal a Burgos. Un capítulo en el desarrollo urbano de la ciudad de Burgos”.

“Gamonal es un barrio muy popular, de clase trabajadora, muy concienciado, afectado por el paro y por tanto con pocos recursos ahora para comprar las plazas de garaje (19.000 euros) que propone el Ayuntamiento”. Sin entrar en cuestiones técnicas, como la dificultad de construcción subterránea por el agua (Gamonal se levanta sobre el desaparecido Río Pico y entre el Arlanzón y el Río Vena), la profesora Bernal explica lo ocurrido en Gamonal como la reacción natural a “una actuación municipal innecesaria, que pretende transformar la mejor y principal calle, el eje vertebrador de toda la ciudad”.

Por si fuera poco, en este conflicto aparece en escena uno de los monstruos favoritos de Burgos, el promotor inmobiliario (Río Vena) y empresario de medios (Promecal) Antonio Miguel Méndez Pozo. El millonario dueño del Diario de Burgos y también presidente de la Cámara de Comercio, uno de los poderes fácticos regionales, aparece entre medias una vez más, como viene ocurriendo a lo largo de los últimos 40 años, desde que comenzó a despuntar como empresario del ladrillo junto a prebostes burgaleses de finales del Régimen, como relata José María Chomón en el libro “El Jefe.

Esta vez ha bastado con que la firma de ingeniería, arquitectura y urbanismo MBG, gestionada por un hijo de Méndez Pozo, fuera responsable del diseño del proyecto (por el que ha cobrado 240.000 euros) para que su nombre y su pasado carcelario (condenado a tres años de prisión por el Caso Construcción de Burgos) salga de nuevo a la palestra, a pesar de que la obra -presupuestada en 8 millones de euros- corre a cuenta de las constructoras burgalesas Arranz Acinas y Copsa. “Es fácil enganchar a Michel por su pasado”, lamenta una persona de confianza de su equipo directivo. 

El clima de tensión ha convertido la sede del Diario de Burgos en cita obligada de las movilizaciones. “No se puede ser tan parcial en una ciudad tan pequeña”, subraya un indignado de Gamonal, agraviado por la línea editorial del periódico sobre este tema. “Este caso demuestra que el poder real está concentrado en muy pocas manos. Hay que evitar que sean siempre los mismos actores los que toman las decisiones que nos afectan a todos”. Y en Burgos, con una población de 180.000 habitantes, el barrio rebelde representa un 35% de la población y vota PP como primera fuerza política desde 2011.

Foto: http://www.iesfelixburgos.es/
Foto: http://www.iesfelixburgos.es/

Promesa electoral

El bulevar de la discordia pretende remodelar, a su paso por Gamonal, un tramo de la infinita Calle Vitoria (levantada sobre la antigua nacional Madrid-Irún), el eje que atraviesa toda la ciudad y une el centro con su satélite. Como si de la reforma del aborto se tratara, el alcalde de Burgos, el popular Javier Lacalle (1969), pretende llevar a cabo su promesa electoral al pie de la letra, independientemente del número de voces críticas existente. Para la profesora Bernal, “esto es resultado del hartazgo generalizado. La gente está harta de tanta prepotencia y cansada de hacer las cosas por las buenas”.

Israel Hernando es uno de los vecinos que ha salido a la calle estos días. Forma parte de Bulevar Ahora No, movimiento vecinal que recogió el testigo de otra plataforma anterior que se disolvió días antes de que se iniciaran las movilizaciones. “¿Te imaginas que en Madrid cortan la Gran Vía para hacerla peatonal, sin consensuar con nadie? Gamonal necesita otras cosas antes, como ayudar a su gente”. Y a continuación cita de memoria la lista de recortes sociales (sanidad, guarderías, alumbrado, seguridad vial…) que ha sufrido el barrio durante el periodo de crisis para demostrar que sobran los motivos.

“La lucha de Gamonal es una lucha social. La ciudadanía rechaza la forma en que se gestiona el dinero público”. Es la opinión de Mónica Ibáñez, profesora de Sociología en la Facultad de Derecho de la Universidad de Burgos. “Hay un claro desencanto popular. Un barrio obrero, azotado por el paro, ve todo esto como un insulto y reacciona. No hace falta que haya algo orquestado. Las cosas pueden formarse por inercia, pero es cierto que nunca nos vale con la realidad y necesitamos trascender. El bulevar es la representación de algo que se considera innecesario, pero la cuestión no es el bulevar en sí mismo”.

El pasado de Gamonal puede ayudar a entender el presente incendiario. No hace mucho, en el año 2005, el entonces alcalde popular, el exministro Juan Carlos Aparicio, renunció a los planes municipales de construir un parking en el barrio ante la oposición violenta de los vecinos. Ahora como entonces los problemas de circulación y aparcamiento son característicos, hasta el punto de que en algunas perpendiculares a la Calle Vitoria los coches en doble fila se aparcan sin freno de mano echado para poder ser desplazados. Pese a todo, el Ayuntamiento vuelve a disponer y los vecinos, a rechazar.

Esta particular idiosincrasia de Gamonal tiene raíces históricas. Hasta 1955 fue un municipio independiente. Ese año, Burgos incorporó bajo su perímetro a la remota aldea fechada en 935, cuando sólo era un asentamiento de campesinos ubicado en el radio de influencia del Castillo de Burgos, según explica Luis Castro, profesor del IES Félix Rodríguez de la Fuente en el trabajo Apuntes para la historia de Gamonal de Río Pico”. El desarrollo de aquel enclave, cruce de caminos jacobeos y entorno propicio para la planta del gamón, corrió en paralelo al de Burgos hasta la mitad del SXIX.

La historia dice que pasaron más de 100 años desde que Burgos intentó la primera anexión. La resistencia de los vecinos aplazó un suceso al que otros pueblos limítrofes sucumbieron mucho antes (Cótar, Cortes, Villatoro, Villímar, Castañares y Villayuda). Bajo esta tradición opositora, Gamonal acogió a la masa trabajadora que comenzó a asentarse en las décadas del desarrollismo franquista, a los pies de un importante polígono industrial. Lejos del centro de la ciudad, conservador y adoquinado, se articuló un polo urbano alternativo, popular y con conciencia de clase obrera.

Como plantea el profesor Jesús Fernández-Villaverde (catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania) en un reciente artículo, “si un Gobierno toma una mala decisión, ¿es que no puede, no sabe o no quiere hacerlo mejor? Casi siempre existen indicios a favor de cada hipótesis. Además, normalmente, las tres razones influyen”. En el caso del Ayuntamiento de Burgos y de los vecinos rebeldes de Gamonal, por tanto, cualquiera de las tres explicaciones o las tres juntas a la vez pueden valer para explicar la actual situación. Ante hipótesis decepcionantes, la calle a veces cobra vida.

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