LA 'GÜRTEL' CUMPLE HOY CINCO AÑOS

Correa-Bárcenas, del flechazo al odio en un sumario que empezó a instruir Garzón

Hoy hace cinco años, el juez Baltasar Garzón colocaba el primer papel en las diligencias previas 275/2008. Nacía así la bautizada Operación Gürtel

Foto: El juez Baltasar Garzón. (EFE)
El juez Baltasar Garzón. (EFE)

Hoy hace cinco años, el juez Baltasar Garzón colocaba el primer papel en las diligencias previas 275/2008. Nacía así la bautizada por la UDEF como Operación Gürtel -"correa", en alemán- en referencia al apellido del cerebro de la trama, Francisco Correa, investigado por el mayor caso de corrupción política en España. Nada más comenzar las pesquisas, entre los investigados, aparece el nombre de Luis Bárcenas, el tesorero del PP. A partir de ese momento, el caso Gürtel pasa a convertirse en el caso Bárcenas. A lo largo de cuatro entregas, El Confidencial se adentra en las interioridades de una investigación que afecta de lleno a las mismísimas finanzas del partido del Gobierno.

“Sin ticket de caja, no hay pago…”

El 12 de mayo de 2007, la Asociación de Víctimas del Terrorismo convoca en Madrid, en los aledaños de la Plaza de Colón, la décima manifestación anti ETA desde la llegada de Rodríguez Zapatero al Gobierno tres años antes. Juan Carlos Vera, el secretario de Organización del Partido Popular, se pasea por la zona para cerciorarse de que todo está en orden. Se percata de que en uno de los tenderetes en los que se venden banderas españolas, camisetas e insignias, destaca una enseña nacional con el escudo preconstitucional. Se acerca al vendedor y le pregunta cuántas tiene y cuál es su precio. Le responde que le quedan cinco y que cada bandera cuesta diez euros. El dirigente popular no lo duda y le dice: "Deme todas". Pretende retirarlas de la venta. Paga cincuenta euros, hace un paquete con todas ellas y se las lleva a la sede del PP, que está situada en el número 13 de la calle Génova, muy cerca del lugar de la convocatoria. Allí las guarda en un cajón y hace un recibo por importe de los cincuenta euros, que han salido de su bolsillo. Días después se lo entrega a su secretaria para que se lo paguen en metálico. Cuando el recibo llega a la mesa del gerente del partido, que tiene la fama de controlar hasta el último céntimo de las arcas del PP, éste se niega a pagarlo y justifica el motivo:

-Sin ticket de caja no hay pago.

Vera se queda sin sus cincuenta euros y con cara de idiota.

¿Pero quién era aquel personaje intransigente que se niega a entregarle un billete amarillo de cincuenta euros a un alto cargo del partido? Se llama Luis Bárcenas, el número dos de la tesorería del PP. El hombre de confianza del tesorero Álvaro Lapuerta. El gerente del PP desde 1991, cuando ascendió a ese cargo promovido por el tesorero Ángel Sanchís y, dos años después, fue ratificado por el nuevo tesorero Álvaro Lapuerta, que sustituyó al anterior tras el escándalo Naseiro por un caso de financiación irregular. Además, Bárcenas repite como senador por Cantabria en una segunda legislatura y es miembro de la Ejecutiva Nacional. Una de las carreras políticas más meteóricas en el seno del PP, del que es militante desde 1982 cuando el partido se llamaba Alianza Popular y estaba bajo la batuta de Manuel Fraga.

En aquel año de 2007, sus compañeros de partido, incluido el propio agraviado Vera, ya intuyen que Bárcenas inexorablemente se postula como el sustituto natural del histórico Álvaro Lapuerta, al borde de la jubilación por su avanzada edad, para responsabilizarse de la caja de caudales del PP. El espaldarazo definitivo le llegaría en junio de 2008 durante la celebración del XVI Congreso de los populares en Valencia. En esa ocasión, su ascenso quedaba avalado por el nuevo presidente del PP, Mariano Rajoy.

De cara a la opinión pública, esa era la biografía oficial, la tarjeta de visita, de Bárcenas pero, como sucedía con otros políticos corruptos, el cajero del PP también dedicaba su tiempo libre a negocios mucho más lucrativos. Por todo ello, no provoca ninguna sorpresa que, en el mismo año en que era nombrado gerente del partido -en 1991-, Bárcenas disfrutaba de su primera cuenta secreta en Suiza, en el Banco Dresdner Bank de Zurich.

Resulta realmente premonitorio que, ya en 1993, el periodista Graciano Palomo, en su libro 'El Túnel', en el que trata la "larga marcha de la derecha española hacia el poder", definía a Bárcenas como "el inquieto, inquietante e incombustible gerente, la persona en posesión de la llave de la ´santabárbara` económica del PP".

En el inicio de los noventa, años de penurias económicas para las arcas del PP como para la sociedad española, Bárcenas acumulaba varias cuentas cifradas en Suiza. Y si las tenía, sin duda alguna, era para alimentarlas. Y el dinero comienza a llegarle a espuertas, a partir de 1993, cuando se cruza en su camino un personaje, tan inquietante como él, llamado Francisco Correa Sánchez. El empresario madrileño gestionaba a través de una agencia de su propiedad los viajes de la cúpula directiva del PP así como los desplazamientos de sus diputados, senadores y europarlamentarios. Era un negocio lucrativo. Después se encargaría con un contrato en exclusiva de la organización de los eventos políticos y electorales del Partido Popular. Así es como conoce a Bárcenas con quien establece una buena relación. Además, Correa se relaciona con altos cargos de la administración local y regional de Madrid en negocios inconfesables. Dispone de barra libre en ayuntamientos como Pozuelo de Alarcón, Arganda, Boadilla del Monte o Majadahonda, todos ellos en manos de alcaldes del PP. Uno de sus mejores amigos es Alejandro Agag, el yernísimo de Aznar, de quien es testigo en su boda con la hija del ex presidente del Gobierno.

Para coordinar y percibir los emolumentos de todas sus actividades, Correa se ve obligado a pasar por el despacho del gerente de Génova, con quien pronto hace buenas migas: "Tú me das y yo te doy". Es el acuerdo suscrito por ambos en un documento imaginario, de los que no dejan rastro. Pero como los movimientos del dinero y las transferencias a las cuentas helvéticas de Bárcenas, que ascienden a cientos de miles de euros, son imborrables, la Policía sí logra descubrir la contabilidad opaca de ambos.

Cuando el gerente de los populares se niega a abonar los cincuenta euros por las cinco banderas por falta de ticket de caja, ya ha percibido de Correa 459.565 euros en el año 2002 y 515.350, en 2003. Estaba claro que, en lo concerniente a su peculio, Bárcenas no se aplicaba las normas internas de Génova. La cuenta bancaria 8401489 en el Dresdner Bank de Ginebra, a nombre de la Fundación Sinequanon, constituida por él en 2005 y radicada en Panamá, era la perceptora de los beneficios de una imbricada trama societaria que le permitía la ocultación de más de 50 millones de euros.

Correa y Bárcenas eran dos de los nuestros en un entramado millonario dentro de la estructura partidista del PP. La relación entre ambos no era de hermandad pero sí de cordialidad. Nunca llegaron a ser grandes amigos porque, como reconocen sus allegados, sólo les unía el negocio y el dinero. Además, sus personalidades eran contrapuestas. Bárcenas era un tipo ordenado y meticuloso, hasta el punto que lo apodaban El Alemán, mientras Correa era desorganizado, aunque tenía una buena chispa para los negocios.

Correa y Bárcenas quedaban a cenar a menudo con sus respectivas esposas, pero tampoco ellas lograron sintonizar. A las reuniones se sumaban otras parejas del PP.

Y así, unidos por los beneficios que acababan en Suiza, mantuvieron una buena entente hasta mediados de 2003. El dinero, que fue la única excusa para unirlos, también fue la causa que los enfrentó. A partir de ese año, a causa de una disputa por uno de los muchos negocios que se interpuso entre ambos, llegó la ruptura. Bárcenas comenzó a desviar algunos de los trabajos a la sociedad Free Hándicap, propiedad de la que luego fue esposa de Juan Costa, el que fuera ministro con Aznar.

El flechazo se truncó en un odio enfermizo. Correa, un tipo de carácter irascible e irrefrenable, comenzó a despotricar de Bárcenas. En 2004 el PP perdía las elecciones y Rajoy desembarcaba en Génova. Arrancaba una nueva etapa que trastocaba todos los planes del jefe de la Gürtel. Bárcenas, en cambio, seguía igual de incombustible, amasando una gran fortuna a costa de la militancia de su partido y de las arcas de Génova 13. 

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