SE DERRIBA EL MÍTICO SILO PARA CONSTRUIR VIVIENDAS

Almería: Réquiem por el Toblerone

Una procesión a modo de vía crucis, que pronto se convertirá en un réquiem, recorrió algunas calles costeras de Almería el lunes por la noche. Los varios cientos

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Almería: Réquiem por el Toblerone
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Una procesión a modo de vía crucis, que pronto se convertirá en un réquiem, recorrió algunas calles costeras de Almería el lunes por la noche. Los varios cientos de participantes se dolían de que la ciudad está a punto de perder un emblema de su patrimonio ciudadano industrial con el derribo del Toblerone, un silo destinado hasta hace treinta años a almacenar mineral de hierro antes de embarcarlo, llamado así por su similitud física con las conocidas barras de chocolate suizo.

De nada van a servir las protestas, asambleas, pronunciamientos y escritos de una plataforma popular que pretendía que el almacén fuera destinado a uso general después de una rehabilitación. En lugar de eso, el derribo empezó a primeros de julio a marchas forzadas para superar la disconformidad por la vía de los hechos y dejar el estratégico solar dispuesto a albergar varias torres de apartamentos en lugar del Toblerone, en el extremo norte del barrio costero El Zapillo y junto a la antigua estación de ferrocarril.

La empresa inmobiliaria Suncrest, pretende levantar cuatro torres de viviendas de 12 y 14 plantas en la décima parte de los 180.000 metros cuadrados donde radicaba la chocolatina. El resto irá destinado a “zonas verdes, lugares de esparcimiento y convivencia”, según un comunicado de la empresa a primeros de julio, cuando comenzó la demolición. Se ampara en la ordenación urbanística municipal que prevé la supresión del silo. Sin embargo, el 90% restante de los terrenos no es propiedad de Suncrest sino de Adif, que supedita su conversión en equipamientos públicos al soterramiento de las vías del ferrocarril, no antes de 2020.

“Se van a construir las viviendas y luego ya veremos qué pasará con los usos públicos del resto de la parcela”, dice dubitativo Manuel Pérez Sola, coportavoz de la plataforma ciudadana Salvemos el Toblerone, y añade que detrás hay fuertes intereses urbanísticos nucleados en torno al mayor adjudicatario de obra pública municipal en Almería desde hace 15 años, Joaquín Salvador Padillo, figura clave de Suncrest y de Jarquil, empresas constructoras y propietarias de los terrenos.

 

Peticiones para que tuviera un uso público

La plataforma lleva meses pidiendo que el Plan General de Almería sea modificado para que todo el espacio, incluyendo el silo abandonado que se pretende derribar, tenga un uso público y social y mantenga la característica edificación declarándola Bien de Interés Industrial. Los partidos políticos en el ayuntamiento, gobernado por el PP, han mostrado muy poca receptividad al respecto, a pesar de que las protestas han arreciado en los últimos meses cuando el derribo se barruntaba inminente.

En ambas asociaciones ciudadanas dudan, además, del sentido que tiene en las actuales circunstancias la edificación de otras 1.103 nuevas viviendas, en un momento en que hay un excedente 18.222 de un total de 99.674. Es decir, la ciudad tiene vacíos el 18,3% de sus hogares disponibles.

El ayuntamiento se aferra a la legalidad, sin considerar la posibilidad de modificarla, a pesar de que el concejal de Urbanismo, Pablo Venzal (PP), estudió a finales de 2012 la posibilidad de desmontar el Toblerone y ubicarlo en otro lugar donde sirviera como equipamiento social y cultural, uso que venían reclamando desde hace años los colectivos ciudadanos, reacios a perder un elemento visual de referencia en el paisaje urbano de Almería.

A pesar de la fuerte oposición ciudadana desde hace más de un año, “todas las administraciones que tienen competencias miran para otro lado", denuncia la Plataforma creada para evitar el derribo

Para seguir adelante con el proyecto de hacer pasar a mejor vida el Toblerone, el ayuntamiento se basó en un informe del Colegio de Arquitectos que, si bien señalaba la imposibilidad económica y material de trasladar por piezas el edificio y su poco valor histórico, destacaba la conveniencia de rescatar para el uso público construcciones industriales emblemáticas como el Toblerone  de la forma  que se ha hecho en Madrid, por ejemplo, con el Mercado de San Miguel o el Matadero de Legazpi.

A pesar de la fuerte oposición ciudadana desde hace más de un año -la plataforma lleva actuando desde principios de 2012 y la asistencia a actos de protesta va en aumento–, “todas las administraciones que tienen competencias miran para otro lado”, asegura Sola. Ni siquiera ha dado resultado la entrevista de representantes de la plataforma con la delegada provincial de la Junta de Andalucía, Sonia Ferrer (PSOE). Todo está en regla, es la respuesta estándar que obtienen los que pretenden salvarla construcción. Solo la coordinadora de IULV en Almería, Rosalía Ortiz, pidió “una consulta popular” sobre el Toblerone cuando se inició el derribo.

Con estos precedentes, la demolición empezó deprisa y corriendo a principios de mes, tanto que ocasionó algún accidente y molestias a los vecinos por la expansión del polvo de mineral de hierro debido a la falta de medidas de seguridad laboral y ambiental, según las 40 irregularidades detectadas y denunciadas por la Plataforma. “Van tan a la carrera que no hay seguridad ninguna”, asegura Sola.

El objetivo, deducen en la plataforma, es terminar como sea y cuanto antes con el derribo, a la vista de que la conciencia ciudadana crece. Al ritmo desenfrenado que van los trabajos, se da casi por descontado que a final de esta segunda semana de julio el Toblerone habrá pasado a la historia. El vía crucis se convertirá entonces en un réquiem.

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