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La primavera termina sin la oleada de protestas que tanto temía el Gobierno
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EL NÚMERO DE MANIFESTACIONES CRECE PERO NO CUAJA EN LA CALLE EL DESCONTENTO

La primavera termina sin la oleada de protestas que tanto temía el Gobierno

Los servicios de información de las Fuerzas de Seguridad habían alertado a Moncloa de que esta primavera se trasladaría a la calle el descontento social por

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La primavera termina sin la oleada de protestas que tanto temía el Gobierno

Los servicios de información de las Fuerzas de Seguridad habían alertado a Moncloa de que esta primavera se trasladaría a la calle el descontento social por el empeoramiento de la crisis generando una oleada de manifestaciones y concentraciones. El Gobierno temía que las marchas minaran aún más el respaldo a su política de ajustes, pero la advertencia también afectaba a la estabilidad de las instituciones del Estado. Sin embargo, las previsiones de los servicios de información no se han cumplido. Ni ha habido marchas masivas ni se han producido incidentes que hayan puesto en riesgo el funcionamiento normal de la democracia, más allá de episodios aislados que no han tenido la continuidad que preveían los expertos.

Según fuentes policiales, una de las claves por las que no ha cuajado en los espacios públicos un movimiento multitudinario de protesta es la división interna que han sufrido los colectivos promotores habituales. La primera gran protesta de la primavera fue la convocatoria de Asedia al Congreso, el 25 de abril. Los organizadores, la Plataforma En Pie, esperaban concentrar a miles de personas y acceder a la carrera de San Jerónimo, derrocar a los diputados y establecer un nuevo orden constitucional. Pero, finalmente, la cita sólo congregó a unos 1.500 manifestantes de un perfil claramente antisistema. Entre otros motivos, porque colectivos del entorno del 15-M, con una fisonomía más centrada y mayor respaldo, se desmarcaron públicamente de la protesta por su tono violento.

La división de Asedia al Congreso marcó las semanas posteriores. Las marchas se han ido sucediendo pero sólo han movilizado a colectivos específicos. Un ejemplo son las llamadas mareas de funcionarios de la educación y de la sanidad, que han logrado sacar a las calles a miles de personas pero sólo han atraído a un público muy concreto. Sus protestas han estado lejos de ser masivas.

El segundo aniversario del 15-M fue un paréntesis en esa división, pero la cita, a pesar de su simbolismo y de llegar precedida de grandes preparativos, apenas ocupó un tercio de la Puerta del Sol y únicamente durante una hora. Fuera de Madrid, la cita fue únicamente testimonial. Nada que ver con la espectacular eclosión de este movimiento en 2011, que duró semanas y recorrió toda España.

Gran presencia policial en las calles

Fuentes de la Comisaría General de Seguridad Ciudadana también atribuyen un papel fundamental en la ausencia de incidentes a la configuración de los dispositivos antidisturbios. Debido a las alertas que llegaban de los servicios de información, los despliegues han sido más numerosos que en años anteriores y también han tenido un intenso carácter preventivo. “Eso ha evitado que pudieran participar elementos radicales en las protestas”, apuntan las fuentes consultadas. Además, señalan, “se ha hecho mucho hincapié en que todas las actuaciones fueran proporcionadas”. La idea coincide plenamente con una máxima que el director general de la Policía Nacional, Ignacio Cosidó, repite a menudo a sus colaboradores más cercanos: “A mayor presencia policial, menor utilización de la fuerza”. El temor habitual es que una carga demasiado contundente genere escenas que sirvan para realimentar nuevas protestas. Y en gran parte, se ha evitado ese riesgo. 

Los momentos más tensos los ocasionaron los escraches contra dirigentes del PP de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH). La campaña, que se prolongó durante dos meses, dejó momentos críticos y generó dudas en el Gobierno sobre la forma de combatir esta nueva modalidad de protesta, que llegó a afectar a la propia vicepresidenta del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría. Pero las citas fueron minoritarias. En ninguna de ellas participaron más de 1.000 personas. En la vivienda de la vicepresidenta, por ejemplo, se reunieron alrededor de 300 manifestantes. Y aunque hubo conatos de agresión, la actuación de las unidades antidisturbios evitó imágenes alarmantes. Finalmente, el pasado 10 de mayo, tras un escrache a Mariano Rajoy en el Salón del Automóvil de Barcelona, la PAH dio por concluida su campaña.

La desafección gana al enfado

Los expertos aportan otra explicación para la ausencia de movilizaciones generalizadas en las calles y la desafección que ha cundido entre la población. Las expectativas que generó el 15-M no se han visto reflejadas en cambios reales. Al revés, las elecciones generales de noviembre de 2011 arrojaron una victoria aplastante del Partido Popular, la formación que mejor representa los valores del establishment. Las esperanzas de un cambio radical se diluyeron, y gran parte de la sociedad ha llegado a la conclusión de que no merece la pena volver a manifestarse. Al menos, por ahora.

El 15-M también provoca ya cierto hartazgo. Una fuente autorizada del Ministerio del Interior asegura “que la mayoría de los ciudadanos están indignados con los indignados”. Es una apreciación personal pero es cierto que la corriente lleva meses mostrando síntomas de agotamiento. Sin el respaldo del habitante promedio, el 15-M ya no es ni la sombra de lo que fue.

Las estadísticas reflejan mayor actividad

Lo cierto es que las estadísticas no reflejan esa percepción. Más bien todo lo contrario. Según los datos que maneja la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid, desde el 1 de enero al 15 de junio de este año se produjeron en la capital 2.395 manifestaciones y concentraciones, casi el doble de las que registraron el pasado año en ese mismo periodo, 1.216. En total, a lo largo de 2012 hubo en Madrid 3.419 protestas en espacios públicos, una cifra que superó los datos de 2011. Pero con la progresión actual, 2013 establecerá un nuevo récord.  

Las urnas podrían acelerar la solidificación de la protesta, pero hasta mayo de 2014 no se celebrarán unas elecciones y serán las europeas, que nunca se han caracterizado por despertar interés en la sociedad españolaSin embargo, los números no se han traducido en un aumento de la presión al Gobierno en los espacios públicos, como temía Moncloa. Los expertos también consideran que han influido las malas condiciones meteorológicas que se han impuesto esta primavera, un factor decisivo aunque no guarde ninguna relación con la situación de España. Lo ha sido históricamente. La Toma de la Bastilla, por ejemplo, tuvo lugar en julio. La Revolución Rusa estalló en febrero y terminó en octubre. Las revueltas del Motín de Esquilache se desarrollaron en marzo. La revuelta estudiantil que eclosionó en Francia en 1968 tuvo lugar en mayo. Y las más recientes revueltas árabes se desarrollaron durante toda la primavera de 2011 (las protestas arrancaron en Túnez en diciembre de 2010 pero tardaron semanas en contagiarse a otros países). El propio 15-M brotó en mayo.

Pero la primavera de 2013 ha sido peculiar, especialmente en Madrid, y ha animado poco a que la indignación abandone la intimidad de los hogares para instalarse en las plazas. De hecho, los registros de la Agencia Estatal de Meteorología aseguran que esta primavera ha sido una de las más frías (4ºC por debajo de la media en la capital) y húmedas (la quinta más lluviosa desde 1947). Al menos en esta vertiente, el clima se ha aliado con el Gobierno.

El Gobierno se examinará de nuevo en otoño

Teniendo en cuenta quedarán despobladas en los meses de verano, habrá que esperar de nuevo al otoño para comprobar si el descontento social cristaliza en un movimiento masivo que tome los espacios públicos para protestar contra el Ejecutivo. El curso actual arrancó con las convocatorias de Rodea el Congreso, el 25 de septiembre. Las citas fueron multitudinarias y podrían repetirse a la vuelta del verano.

No ayuda la lejanía de los próximos comicios. Las urnas podrían acelerar la solidificación de la protesta, pero hasta mayo de 2014 no se celebrarán unas elecciones y serán las europeas, que nunca se han caracterizado por despertar interés en la sociedad española. La siguiente cita será más importante, los comicios municipales y autonómicos en mayo de 2015. Pero hasta entonces queda año y medio y esa distancia no se compadece con el malestar rabiosamente inmediato que reflejan las encuestas. Cuando la fecha se acerque, el escenario será bien distinto.  

Los servicios de información de las Fuerzas de Seguridad habían alertado a Moncloa de que esta primavera se trasladaría a la calle el descontento social por el empeoramiento de la crisis generando una oleada de manifestaciones y concentraciones. El Gobierno temía que las marchas minaran aún más el respaldo a su política de ajustes, pero la advertencia también afectaba a la estabilidad de las instituciones del Estado. Sin embargo, las previsiones de los servicios de información no se han cumplido. Ni ha habido marchas masivas ni se han producido incidentes que hayan puesto en riesgo el funcionamiento normal de la democracia, más allá de episodios aislados que no han tenido la continuidad que preveían los expertos.