Un palacio no tan tenebroso
  1. España

Un palacio no tan tenebroso

A principios de la época moderna, los príncipes grandes y pequeños de Europa erigieron numerosas construcciones, afirmaciones de su magnificencia y su poder, y manifestación de

A principios de la época moderna, los príncipes grandes y pequeños de Europa erigieron numerosas construcciones, afirmaciones de su magnificencia y su poder, y manifestación de su visión del mundo. De todos ellos, sólo el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, la creación de Felipe II, parece necesitar una explicación, y muy pocos edificios han provocado a lo largo de la historia reacciones tan viscerales y contrarias como éste. Además, todas ellas divergen de su sentido e inspiración reales. ¿Es la octava maravilla del mundo o el símbolo de las peores inclinaciones del ser humano y, en concreto, de los españoles?  

Y es que “el edificio asumió a lo largo de la historia unas formas y significados que su fundador jamás hubiese llegado a imaginar. Se convirtió en un fenómeno misterioso e inexplicable, que sirvió de semillero para toda clase de razonamientos esotéricos, supersticiones y conjuras tenebrosas y, en el cual, no obstante, muchos quisieron ver los rasgos característicos del auténtico espíritu de la nación. Los observadores interpretaron como quisieron su descarnado perfil” (p. 298).

 

Al edificio le ocurre lo mismo que al rey que lo construyó: ha sido objeto de valoraciones perversas e interesadas. A Felipe II se le imputan muchos pecados que no sólo no cometió, sino que usualmente son lo opuesto a lo realmente ocurrido. En El Escorial, el hombre más poderoso del siglo XVI no quiso pregonar sus victorias militares, ni construir un panteón real, ni glorificar su poder, ni proclamar los triunfos de la fe, ni imitar el Templo de Jerusalén, ni reflejar el alma de España.

Henry Kamen realiza una necesaria labor higiénica y justiciera, mas, a pesar de la encendida defensa del monarca y su obra arquitectónica, con la que podemos coincidir, no deja de hacer aquí su propia utilización ideológica de Felipe II y el Escorial: para poner de manifiesto, en consonancia con su obra previa, que su afición por lo hispánico es en todo condescendiente, conservando la actitud del brujo blanco que desciende al mundo incivilizado de los salvajes papamoscas, chovinismo subvencionado que tan bien ha desnudado Arturo Pérez Reverte.

Tres plumillas (Bueno). El enigma de El Escorial. Ed. Espasa. 320 págs. 21,90 €. Comprar libro.

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