El gobierno promueve la picaresca en la contratación del profesorado universitario
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El gobierno promueve la picaresca en la contratación del profesorado universitario

El gobierno español, a través de la ANECA, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, está empeñada en acabar con la Universidad, empobreciendo

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El gobierno promueve la picaresca en la contratación del profesorado universitario

El gobierno español, a través de la ANECA, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, está empeñada en acabar con la Universidad, empobreciendo todavía más la composición del profesorado y fomentando la endogamia con la utilización de criterios burocráticos, en teoría de aplicación universal, que fomenta un determinado perfil de docente opuesto -sobre todo en las carreras técnicas- a lo que está demandando la sociedad actual. Dicho sistema, no solo fomenta la picaresca con la exigencia de criterios en muchos casos de imposible cumplimiento, sino que no toma en consideración los méritos que en cualquier Universidad de prestigio son los más relevantes.

Para el gobierno, la Universidad es un todo homogéneo en lo referente a la investigación. Sin embargo, y del mismo modo que no se puede enseñar una asignatura de humanidades con los mismos métodos que una asignatura técnica, no se puede medir la investigación –ni la calidad de los docentes- igual. La realidad indica que no es valorable del mismo modo la investigación realizada en una facultad de ciencias, que en una facultad de letras o una escuela de ingeniería. Hace ya muchos años ha, las ingenierías se impartían en lo que se llamaban Escuelas Especiales, independientes de la Universidad. Tal vez no sea la solución pero es necesario gestionar la investigación de las enseñanzas técnicas de distinta manera.

Así por ejemplo, una persona que durante toda su vida haya construido puentes, gestionado y operado las más modernas factorías, diseñado aviones o sofisticados procesos, o investigado en la empresa privada, jamás podrá llegar a ser por sus propios méritos, en nuestro país, catedrático de las asignaturas afines a su experiencia, siendo éstas ocupadas por personajes en muchos casos sin ninguna experiencia práctica en la asignatura que pretenden enseñar, que han dedicado largos años únicamente a fabricar currículos al gusto de la Administración.

Es práctica común en las grandes Universidades americanas y europeas conseguir que los profesionales más brillantes, después de haberse fogueado en las mejores empresas durante años, dediquen parte de su vida profesional a transmitir sus experiencias a los alumnos. En España, los criterios de la ANECA, siguiendo las exigencias del gobierno, lo impiden, promoviendo una enseñanza totalmente opuesta a lo que está demandando la sociedad.

Así por ejemplo, es para la ANECA criterio definitivo para la evaluación positiva de un profesor universitario la investigación publicable –penalizando la investigación aplicable, que aunque menos vistosa, es más útil para la sociedad-. Para ello fomenta el conocido método de rascarse la espalda: el autor de un artículo incorpora a varios “colegas” como coautores, a cambio de que ellos hagan lo mismo. La consecuencia es que se crean grupos cerrados de individuos que en determinados campos acaparan méritos –consolidando las prácticas endogámicas- a costa todos aquellos docentes e investigadores cuya honestidad y decencia les impide participar en dicha dinámica. Semejante mecánica perversa no solo no es considerada un demérito por la ANECA sino que la anima.

Como resultado de todo ello, muchos de los docentes que se incorporan son los que se avienen al juego, aunque no sean los profesores más aptos. Esta política de no permitir incorporarse a la universidad a los elementos más valiosos y expertos, de expulsar de ella a prometedores profesionales que no se avienen al juego, traerá importantes perjuicios a la sociedad española en el futuro.

La ANECA se ha permitido el lujo incluso, de sugerir a investigadores españoles cambiar sus líneas de investigación - útiles para la sociedad- porque no encajaban con sus absurdos criterios, si querían tener la posibilidad de acceder a una plaza en la universidad española.

Esa misma agencia es la encargada por el Gobierno para tutelar el proceso de Bolonia.

La UE ha denunciado en numerosas ocasiones que la forzada gestión burocrática de nuestras Universidades las uniformiza y empobrece, manteniéndolas en un nivel de mediocridad indigno de la octava potencia mundial.

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