El piloto tenía gran experiencia y llevaba nueve años en Spanair
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El piloto tenía gran experiencia y llevaba nueve años en Spanair

“Era una gran persona y tenía mucha experiencia”, aseguraba este miércoles uno de sus compañeros. El madrileño Antonio Luna, comandante del vuelo JK 5022 que el

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El piloto tenía gran experiencia y llevaba nueve años en Spanair

“Era una gran persona y tenía mucha experiencia”, aseguraba este miércoles uno de sus compañeros. El madrileño Antonio Luna, comandante del vuelo JK 5022 que el martes se estrelló en el aeropuerto de Barajas causando 153 muertos, llevaba trabajando en Spanair nueve años, tres de ellos como comandante, y en ese tiempo había conseguido granjear la amistad y el respeto de sus compañeros en la aerolínea.

Su paso a la aviación civil desde la carrera militar, en la que había aprendido a conducir aeronaves, se produjo por los mismos motivos que llevan a muchos pilotos a abandonar las Fuerzas Armadas: la edad y el sueldo. En el Ejército son relevados con la edad por personas más jóvenes y los salarios en la empresa privada superan con creces a los militares. Luna había hecho el cambio sin problemas y había demostrado su pericia en los ocho años que llevaba pilotando aviones de la estadounidense McDonnell Douglas.

Su vida fuera del trabajo transcurría entre Castilla-León y Baleares. En el pueblo segoviano de La Lastrilla, de donde provenían sus padres, se han vivido las mismas escenas de dolor que en Madrid, Gran Canaria y el resto de lugares de procedencia de las víctimas. El ayuntamiento de la localidad, del que su madre había sido concejala, ha decretado tres días de luto oficial por el fallecimiento del comandante. Allí pasó “gran parte de su infancia y su juventud”, como relataba este miércoles su alcalde, Vicente Calle. Con los años Luna había trasladado su residencia a Baleares por motivos laborales, y en la capital del archipiélago mediterráneo formó una familia.

“Esto es como la mina”

Un día después del peor accidente de la aviación española en los últimos años las tripulaciones de las distintas compañías regresaban a los aeropuertos con rostros largos y “pensando en los pasajeros”, pero dispuestos a continuar con su trabajo sin dejarse vencer por el miedo. “Hay un riesgo que de alguna manera asimilas y consigues convertirlo en rutina, pero está ahí y despierta cuando menos te lo esperas”, explicaba desde Barajas a El Confidencial un miembro de las tripulaciones que normalmente trabajan en el aeródromo madrileño.

Irremediablemente la vida debe seguir para ellos. “Si uno tiene miedo deja de volar”, corrobora Juan María Prieto, especialista en seguridad del Colegio de Pilotos. Más directa es la analogía establecida por otro piloto que, bastante impresionado aún por lo sucedido, prefiere no identificarse: “Esto es como una mina, cuando se cae la galería encima, olvídate”.

Los pilotos consultados por este diario hablan en términos elogiosos sobre la seguridad de los aviones de la generación MD-80 (los antiguos DC-9) y confían en la buena actuación de Luna y su segundo, Francisco Javier Mulet, que se enfrentaron a una “maniobra para la que la tripulación está muy entrenada”, como asegura Prieto.

El experto en seguridad detalla que cada seis meses hacen “pruebas en simulador en las que se paran los motores, hay fuegos, explosiones” mientras explica que el extraño recorrido tomado por la aeronave tras el estallido del motor, yendo hacia la derecha en vez de la izquierda, se pudo deber a un bloqueo del control trasero del avión, situado junto a los motores. Con la investigación oficial que tratará de resolver el misterio sobre los motivos que provocaron la tragedia se disiparán todas las dudas. Mientras tanto, toca volver al trabajo.

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