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El mapa de la densidad empresarial: ¿Cuántas sociedades hay en tu localidad?

El este peninsular y la frontera con Francia concentran el mayor número de empresas, mientras que las provincias del Sur y el territorio entre Asturias y León se caracterizan por una baja densidad

Puede extrañar que la página web de un ayuntamiento dedique un apartado a la promoción de las empresas instaladas en su territorio, pero Alesón tiene motivos de sobra para ello. Esta pequeña localidad riojana de 117 habitantes concentra la mayor densidad empresarial del país. Ubicada junto a Nájera y a unos veinte minutos de Logroño, 34 empresas se encontraban activas en dicha población a 1 de enero de 2014, lo que representa una ratio de 290 sociedades por cada 1.000 habitantes.

Así se desprende de la recopilación y posterior análisis de los datos municipales del Directorio Central de Empresas (DIRCE) publicados por el INE en un formato poco accesible. La consulta de esta información requiere buscar provincia por provincia y descargar los registros en varios archivos, que posteriormente se tuvieron que unir en una única base de datos. El número de empresas se cruzó a continuación con las últimas cifras del padrón municipal a 1 de enero de 2014 [descargue aquí los datos].

Tras Alesón se sitúa Beniparrell, con una densidad de 266 empresas por cada 1.000 habitantes. Dada su proximidad a la capital del Turia, la localidad valenciana, con cerca de 2.000 vecinos, se encuentra rodeada de polígonos industriales, lo que hace que en sus 3,68 kilómetros cuadrados de superficie haya 522 empresas instaladas.

Con 80 empresas por cada 1.000 habitantes, Barcelona es la provincia con mayor densidad empresarial

Fernando Javier Crecente, profesor del Departamento de Economía y Dirección de Empresas de la Universidad de Alcalá, explica por correo electrónico la importancia de los polígonos de cara a facilitar el acceso a las materias primas y otros suministros, de ahí que las industrias se instalen en estas zonas “para ahorrar costes de producción, reducir tiempos en los stocks y evitar riesgos de manipulación”.

Asimismo, las sociedades buscan en los polígonos industriales retroalimentarse y asociarse con otras empresas auxiliares. De esta forma, los diferentes elementos de la cadena de producción se sitúan muy cerca unos de otros, facilitando su complementariedad y abaratando costes.

Barcelona y Huelva, los dos extremos

Con 80 empresas por cada 1.000 habitantes, Barcelona es la provincia con mayor densidad empresarial. Otras tres regiones del este peninsular (Girona, Lleida y Baleares) figuran entre las cinco primeras en este apartado. Madrid aparece en la tercera posición, con 77,55 sociedades. Pese al liderazgo de estas provincias, Crecente advierte que la crisis ha provocado una reducción de esta ventaja.

En este sentido destaca la elevada densidad empresarial de buena parte de los municipios limítrofes con Francia. Para el profesor de la Universidad de Alcalá, esta circunstancia se explica por la situación estratégica de frontera, que favorece la instalación de sociedades de los sectores del transporte y de las telecomunicaciones, así como compañías exportadoras y con comercio internacional. “El esfuerzo innovador y la mayor competitividad de estas empresas han favorecido la estabilización de su tejido industrial”, incide Crecente.

Si el noreste peninsular concentra la mayor densidad empresarial del país, el extremo opuesto se caracteriza por el fenómeno contrario. Así, Cádiz y Huelva registran 45 empresas por cada 1.000 habitantes, sólo por delante de las ciudades autónomas de Melilla (44,86) y Ceuta (42,43). Esta baja concentración se extiende por la mayor parte de las provincias del Sur y también en la frontera entre Asturias y León.

Crecente señala que estos territorios se acercaron a la media nacional en los años anteriores a la crisis, pero el deterioro económico del país ha frenado esta evolución. “Las regiones están en pleno proceso de ajuste de su estructura empresarial, ya que en la época de bonanza se había sobredimensionado el tejido empresarial con empresas que, con la irrupción de la crisis, se demostraron poco competitivas”, apunta.

Asimismo, el profesor pone especial énfasis en el reducido tamaño medio de la empresa española, lo que ha supuesto a su juicio “no sólo un freno para la productividad y la competitividad de la mayor parte de las regiones en el largo plazo, sino el inicio de un nuevo proceso de divergencia entre las regiones españolas”.

Capital físico y tecnológico de baja intensidad

Los datos del DIRCE también muestran las diferencias en el tejido empresarial de las provincias [descargue aquí los datos]. En el ámbito nacional, cuatro de cada diez sociedades pertenecen al sector servicios, un porcentaje similar al de las empresas de comercio. Esta estructura se asemeja a la del resto de países desarrollados, si bien España presenta unas peculiaridades que difieren de los estados europeos más avanzados.

“En estos últimos años se ha consolidado la importancia del sector de la construcción, muy superior a la del conjunto de los países de la zona euro, mientras que la aportación de la industria española es una de las más reducidas del conjunto de países europeos, en especial si se compara con Alemania”, explica Fernando Javier Crecente.

El profesor de la Universidad de Alcalá también hace hincapié en la preponderancia de la hostelería en el tejido empresarial español, con todas las consecuencias que ello conlleva: “La especialización empresarial de la economía española sigue basándose en actividades de baja intensidad en capital físico y tecnológico, tales como los servicios de distribución comercial y la hostelería y restauración”.

Esta estructura empresarial varía de una provincia a otra. Así, mientras más de la mitad de las sociedades madrileñas se dedican al sector servicios, el comercio es la actividad más habitual en Huelva, Jaén, Cádiz y Badajoz, con un porcentaje muy próximo al 50%. Por su parte, la industria alcanza sus máximos en Albacete, La Rioja y Álava, mientras que la construcción hace lo propio en Teruel y Guadalajara.

“El patrón de especialización aparece influenciado históricamente por los condicionantes geográficos de los territorios”, apunta Crecente, al tiempo que menciona los costes de instalación y la existencia de una adecuada red de infraestructuras como otros factores que determinan la instalación de una sociedad en un territorio u otro.

El profesor universitario también hace referencia a las ventajas económicas y fiscales de Gobiernos autonómicos y ayuntamientos para atraer sociedades, especialmente en zonas próximas a los grandes núcleos empresariales, como puede observarse en las provincias que rodean Madrid.

No en vano, la atracción e instalación de empresas en una zona pretende dinamizar la economía de ese territorio mediante dos vías: aumentando los ingresos fiscales de la Administración y fomentando el empleo entre los ciudadanos.

 

Actualización 18:16 horas

Nota metodológica: tal y como se recoge en la metodología, el Directorio Central de Empresas no contabiliza las empresas dedicadas a la producción agraria y pesquera, los servicios administrativos de la Administración Central Autónoma y Local (incluida Seguridad Social), las actividades de las comunidades de propietarios y el servicio doméstico.

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