Cerca de un millón de romanís, excluidos de la vida pública española

“Los políticos escuchan a gais e inmigrantes, pero a los gitanos nos ignoran”

Este periódico quiso reunir a un grupo de gitanos de distinta condición para tratar de comprender su total ausencia en la política española y recoger sus inquietudes políticas ante las elecciones del 20-D

Hay una bolsa de más de 500.000 votos que todos los partidos ignoran. Un buen puñado de escaños que, tal como andan los sondeos, podrían investir un Gobierno. Y sin embargo a esa gente ningún candidato le manda mensajes en televisión, ni le guiña un ojo zalamero. Tampoco le promete alegrías en un renglón escondido de su programa electoral. Los gitanos son, sencillamente, los grandes olvidados de la política española, electores de pleno derecho perdidos en un mapa político muy abierto en el que nadie, dicen, les representa.

“Jamás ha existido el interés de los políticos por el colectivo gitano. Más de un millón de personas en España y 12 millones en toda Europa ignoradas. Somos invisibles, pero eso sí, cuando llegan las elecciones todos nos piden el voto”, se lamenta Mariano González, gerente de Unión Romaní y Asociación Sociocultural Casa de Paz en Madrid. “Lo poco que prometen en campaña luego lo incumplen. ¿Es así como quieren que nos interesemos por participar en una agrupación socialista o en una sede del Partido Popular? En España hay cuotas de mujeres, cuotas de inmigrantes de todas las razas, diversidad cultural. Pero a los gitanos, históricamente ciudadanos españoles, nos dejan fuera”.

La gran esperanza gitana está en Salamanca

Este periódico quiso reunir a un grupo de gitanos de distinta condición para tratar de comprender su total ausencia en la política española y recoger sus inquietudes políticas ante las elecciones del próximo domingo. Todos piden una mayor integración de los gitanos en las instituciones y órganos de decisión política en España; y todos celebran el ascenso y posible entrada en el Congreso de los Diputados de María José Jiménez, gitana, feminista y número uno de Podemos por Salamanca. 

“Necesitamos un referente gitano, tal como tienen otros colectivos. Cuando los hemos tenido, como fue el caso de Juan de Dios Ramírez Heredia (diputado del PSOE en el Congreso entre 1977 y 1986), nos hemos volcado con él”, indica Adolfo García, activista por los derechos de los gitanos. ¿Significa eso que la comunidad gitana va a volcarse con Podemos igual que sucedió en los ochenta con el PSOE? “No necesariamente”, advierte, prudente, García. Si algo tienen claro los gitanos es que no quieren ser encasillados bajo ninguna sigla, y eso incluye también a los emergentes.

“No importa si es PP, PSOE o Podemos con tal de que favorezca al pueblo gitano. El primero que lo haga es el que se va a llevar nuestro respeto, se llame como se llame. Y eso es lo que estamos esperando de los políticos, que ayuden a nuestro pueblo”, afirma Rodrigo Muñoz, un veterano vendedor ambulante con muchos años de trabajo y fatigas a sus espaldas.

"Todos avanzan en sus derechos menos nosotros"

“Nosotros tenemos nuestros propios criterios, nuestra cultura y tradiciones, pero llevamos aquí seis siglos, no somos una gente que hemos llegado hace dos días. Estamos en 2015 y para el Estado todavía somos la parte oculta. Los gais y transexuales, los inmigrantes, todos avanzan en sus derechos, pero nosotros como colectivo estamos ignorados y llevamos aquí 600 años”, remarca Adolfo García. Rosalía Vázquez, veterana promotora social, se anima al escuchar la arenga: “Somos un pueblo, el pueblo gitano, con una cultura, una lengua y unas raíces. Y lo único que queremos es participar en el conjunto de la ciudadanía. Tenemos capacidades como todos y las queremos poner al servicio de la sociedad. El único problema es que no nos dejan”.

No es necesario abundar en la retahíla de frases hechas y opiniones vejatorias hacia el colectivo gitano que hay en España. Los jefes de recursos humanos suelen torcer el gesto al ojear el currículo de un gitano, y un 40% de españoles reconoce sin tapujos que le molestaría “mucho o bastante” tener como vecino a un gitano, mientras un 52% siente “poca o ninguna” simpatía hacia ese colectivo, según datos del CIS. Cierto es también que los gitanos han optado históricamente por la autoexclusión educativa, causa inequívoca de la posterior marginación social. Solo un 15% de gitanos termina la educación secundaria, y su tasa de analfabetismo cuadruplica a la del resto de la población.

“Nos ha faltado espacio, oportunidades. Nosotros también somos gente de este tiempo, somos muy distintos a lo que éramos en 1978, cuando éramos los más pobres de España e íbamos todos con el artículo 14 de la Constitución en la mano (“todos los españoles son iguales ante la ley, sin discriminación por nacimiento, raza, sexo o religión”). Ahora que no hay leyes contra nosotros, queremos que nuestros hijos aprendan y alcancen la excelencia, y eso incluye la participación en política”, indica Vázquez. 

Ana Barrul, otra mujer comprometida en impulsar la voz de las gitanas, asegura que la nueva era política que está a punto de arrancar es el momento idóneo para “visibilizar al pueblo gitano y promover su participación. Es la única manera de avanzar hacia la igualdad de condiciones y poner fin a tantos prejuicios. Cuando salgamos del mismo punto de partida que el resto de la población española, entonces será cuando podremos empezar a cambiar las cosas”.

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