¿Cuánto cuesta estar informados?
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¿Cuánto cuesta estar informados?

Aquellos lectores que deseen seguir siendo ciudadanos libres, necesitan estar informados con rigor e independencia. Coincidiendo con su 20 aniversario, El Confidencial lanza su servicio de suscripción. Únete a los lectores influyentes

Foto: Ilustración: EC Diseño.
Ilustración: EC Diseño.

Los medios de comunicación son, como su nombre indica, canales para comunicar información a amplios sectores de la población. El ser humano está programado para buscar y procesar continuamente nueva información, pues el conocimiento le ayuda a adaptarse mejor al entorno. En ocasiones, esa adaptación desempeña una relevancia secundaria —casi rayana en el entretenimiento—, como acaece con la denominada prensa rosa (la cual permite integrarse en ciertas conversaciones socializadoras); en otras, una importancia personal relevante pero socialmente menos trascendente, como sucede con la información financiera (la cual puede permitir tomar decisiones anticipadas a las del resto y, por tanto, a maximizar ganancias o minimizar pérdidas), y, en unas últimas, reviste una relevancia social absolutamente crucial: me refiero, en particular, a la información fiscalizadora del poder político.

En nuestras sociedades, los Estados disfrutan de una legitimidad extraordinaria para actuar de maneras extraordinarias. Ese enorme poder político no solo trata de ser instrumentado en su privativo beneficio por personas con muy escasa moralidad, sino que además tiende a corromper incluso a las personas con una elevada moralidad. De ahí que la sociedad deba permanecer eternamente vigilante ante los posibles abusos de quienes contingentemente ejercen ese poder estatal.

Ahora bien, ¿puede cada ciudadano investigar por sí solo a los miles de políticos y burócratas susceptibles de abusar de su poder en contra del ciudadano? No parece razonable: al igual que hemos extendido la división social del trabajo a muchos ámbitos de nuestra vida (la producción de comida, de ropa, de medicinas, de viviendas, de ocio…), también la hemos extendido a la generación de información especializada sobre la actividad del Estado. Esa externalización es una de las principales áreas de trabajo del periodismo político y económico, y resulta fundamental para que el resto de ciudadanos —que no están dedicándose por sí mismos a investigar a políticos, burócratas y 'lobbies'— adquiera consciencia de quién está abusando de sus competencias y, por tanto, a quién ha de exigirle responsabilidades.

Si no somos conscientes de que un político está robando o de que otro privilegia a una compañía amiga, no podremos rebelarnos contra ellos

Si no somos conscientes de que un político está robando, de que otro está privilegiando a una compañía amiga o de que alguno está dinamitando las instituciones para enrocarse en el poder, entonces no podremos rebelarnos contra ellos y avanzaremos con paso firme hacia la servidumbre.

Claro que si nuestra reacción ante el abuso del poder político depende de la información que la prensa nos proporcione al respecto, ¿cómo estar seguros de que esa información no se halla viciada, sesgada o tergiversada para manipularnos en beneficio de algunos grupos políticos o empresariales? A la postre, si el grueso de la población nos movemos en función de la información que nos transmiten especializadamente los medios de comunicación, ¿cómo evitar que las oligarquías políticas y económicas traten de controlar esos flujos de información en su propio interés? Solo con medios de comunicación independientes de esas oligarquías. Pero esta respuesta solo traslada la incógnita a un nivel superior, ¿cómo conseguir medios de comunicación independientes de esas oligarquías?

La prensa escrita tradicional le ponía un precio a cada ejemplar de periódico para que los consumidores de información fueran quienes costearan los gastos de su plantilla de profesionales y de los otros medios necesarios para editar el periódico. Sin embargo, con el cambio de hábitos de consumo de información de los ciudadanos —de la prensa escrita a la prensa 'online'—, se dio un doble fenómeno que ha ido socavando ese modelo. Por un lado, el número de compradores de periódicos de papel ha caído en picado, de manera que el precio pagado por los ejemplares ni de lejos permite cubrir sus gastos operativos; por otro, los lectores de la prensa 'online' han reputado la información como una 'commodity' con muy bajo valor añadido por la que no sentían necesidad de pagar. Ambas circunstancias han llevado a los medios de comunicación a depender económicamente de la publicidad (institucional y no institucional), lo cual ha terminado convirtiendo a muchos de ellos en meros voceros de sus pagadores.

Algunos medios mantienen su independencia con equilibrismos entre anunciantes: si ninguno es fundamental, ninguno posee el control

Es verdad que algunos medios de comunicación han sido capaces, durante esta larga travesía por el desierto, de mantener su independencia con complicados equilibrismos entre anunciantes: si ninguno de ellos es fundamental para mantener el periódico, ninguno de ellos posee una posición de control sobre el medio. Pero tales equilibrismos no siempre son posibles ni tampoco deseables cuando lo que se busca es crecer como proyecto.

De ahí que los periodistas y los medios de comunicación que aspiren a continuar desarrollando su labor —una labor de importancia capital para que la sociedad pueda controlar los abusos del poder político— necesiten dar un paso adelante: demandar la contribución —en forma de suscripción— a aquellos lectores que deseen seguir siendo ciudadanos libres, esto es, a aquellos lectores que deseen estar informados con rigor e independencia de los excesos del poder político que involuntariamente están sufriendo. El Confidencial es un incuestionable ejemplo de medio de comunicación independiente que, a lo largo de sus 20 años de vida, ha ayudado a regenerar, con sus análisis y exclusivas, la vida política, social y económica de nuestro país: si algún periódico de masas merece el apoyo económico de sus usuarios para poder continuar con su labor, ese es sin duda El Confidencial.

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