en plena ola de mensajes sobre brotes verdes

El tarifazo 'argentiniza' España

Con la reforma eléctrica aún en estado embrionario, Industria apunta ya a una revisión radical del modelo, con la eliminación de las subastas para fijar precios

Foto: El ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria (i), felicita al nuevo secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal (d). (Efe)
El ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria (i), felicita al nuevo secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal (d). (Efe)

El Gobierno abraza el marxismo. Claro que no el de Carlos, sino el de Groucho, cuya filosofía pasaba por cambiar sus principios según viniera el aire. José Manuel Soria y Alberto Nadal, a la sazón hermano de Álvaro, factótum económico de Moncloa, firmaron ufanos hace apenas dos meses la madre de todas las reformas energéticas. Con los cambios normativos aún en estado embrionario, el Ministerio de Industria apunta ya a una revisión radical del modelo, con la eliminación de las subastas para la formación de los precios. El sector energético, estratégico para cualquier país, se ha convertido en el paradigma de la rampante argentinización de la vida económica. Justo cuando los inversores internacionales empiezan a volver la vista hacia España.

La cuestión energética es llamativa, en tanto las voces más expertas claman desde hace años por una revisión integral del sistema eléctrico, cuya ley fundacional data de 1997. Ni Soria ni los Nadal eran ajenos hace dos meses, cuando pusieron en marcha su gran reforma, a que cualquier proyecto quedaba cojo sin analizar cómo se fija el precio de la energía. Tampoco les resultaba ajeno que abrir ese melón les enfrentaba a las eléctricas, que en un mercado marginalista como ése tienen vías para, al menos, tutelar los precios. Para no enzarzarse, los políticos decidieron aplazar cualquier decisión. Sólo el viernes, en guerra con las compañías y con una subida de la luz del 11% sobre la mesa, se movilizaron. Saben que un alza de tal calibre decanta elecciones.

Soria, que hasta un día antes de que se cerrara la subasta hablaba de un incremento mínimo de la luz, movió ficha cuando vio su futuro político en el alero. No lo había hecho antes por convicción sobre la necesidad de reformar de arriba abajo el sector del que es ministro y que amenaza ruina. Parche tras parche sin mancharse mucho hasta la victoria final -que no es otra que dejar el cargo y poner rumbo al Cabildo-, apretó cuando se vio en el precipicio político. ¿O es que alguien puede presentarse a unos comicios con una subida de la luz de dos dígitos como aval de política social? Mientras, el secretario de Estado, el mirlo blanco que procedente de la CEOE iba a solucionar todos los problemas del sector, calla.

José María Marín Quemada. (Efe)
José María Marín Quemada. (Efe)
Más preocupante si cabe, el affaire pone en el foco a las primeras de cambio a la flamante CNMC, organismo supervisor que viene a sustituir a la antigua -muchas veces incómoda- Comisión Nacional de la Energía (CNE). A la voz de ar del ministro, el organismo que preside José María Marín Quemada no tardó ni seis horas en encontrar un resquicio legal que permitía anular la subasta de la discordia. La aparente alineación con el Gobierno escenificada por una instancia a priori independiente, que debería estar por encima del interés político, no alentará la causa de la ya maltrecha seguridad jurídica en el sector, con muchos inversores en desbandada y otros en los tribunales internacionales por la presunta retroactividad fotovoltaica.

Un papelón para empezar

Todo a pesar de que el entuerto era una encerrona para el megasupervisor. Primero, porque el Ministerio necesitaba un informe concluyente sobre la materia y no parece fácil investigar -y dilucidar- en 24 horas que se ha manipulado una subasta regida por criterios técnicos. Habrá que ver cuándo se haga público el informe de la CNMC si aporta pruebas concluyentes que justifiquen el cambio de modelo planteado finalmente por Industria. Y sobre todo, porque la reforma energética no deja de ser un conjunto de medidas fiscales y del marco de primas más o menos armado, pero que no toca la esencia del sistema. Y es ahí donde Soria -que esperó en su despacho la resolución ad hoc del organismo hasta los dos y media de la mañana- necesitaba que entrara la CNMC. En roman paladino, Marín Quemada tenía que entrar a matar con una espada de madera; esto es, resolver al ministro un problema puramente legislativo.

Mientras, las eléctricas han aprovechado para dar un paso atrás, tal vez temerosas de la cacerolada en ciernes. Explican a quien quiere escucharles que están lejos de ser los operadores que más peso tienen en la subasta y, sin renegar de él, ponen el mercado español en un segundo plano de su negocio. Dicho esto y siendo cierto que la incidencia de España en sus balances es cada vez menor, Iberdrola ganó 2.840 millones en 2012; los beneficios de Endesa se situaron en 2.034, y Gas Natural Fenosa se embolso 1.441 millones, por citar a las tres principales firmas. El Gobierno ha cifrado el incremento de la luz en la última década en un 71%. De hecho, aumentó un 63% entre 2003 y 2012.

Y es que el rehén último de unos y otros no es otro que el cliente, que finalmente parece tener que dar gracias si la subida es sólo del 5% o del 6%. Visto en éstas, el Gobierno popular, sobre el papel adalid del libre mercado, se ha puesto el traje de Kicillof y no ha dudado en intervenir el sector para evitar daños mayores. Y puede entenderse. Lo que se entiende peor es que ese mismo Ejecutivo haya adolecido del coraje político que se le supone para poner patas abajo el sector eléctrico desde el minuto uno sin atender a intereses creados y a lobbies varios. Desde los windfall profits a las primas renovables. Sin miramientos. Dos años después de acceder al poder, el sector está hecho unos zorros. Y el crédito del Ejecutivo, también.

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