Nadal se monta en su saque y el calor de la grada para ganar a un jugador menor
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venció a kuznetsov por un doble 6-3

Nadal se monta en su saque y el calor de la grada para ganar a un jugador menor

El español ganó con suma facilidad (6-3 y 6-3) en su estreno en Madrid. Kuznetsov no pudo hacer nada para contrarrestar la extrema eficacia mostrada por Nadal en el servicio

Foto: Rafa Nadal golpea ante Kuznetsov (EFE)
Rafa Nadal golpea ante Kuznetsov (EFE)

Se escucha en lo alto de la grada un "¡vamos Rafa!" que es repetido cansinamente por unas cuantas voces más, incluso cuando el tenista se dispone a sacar. Una mirada a los lados, volver a empezar, el típico aviso del juez de silla cansado del tumulto en la grada. Es el torneo de Madrid y juega Rafa Nadal, no es desconocimiento de los códigos del tenis, es tradición.

"Es el público que más me apoya", dice Nadal antes de su encuentro contra Kuznetsov. Lleva unos días repitiendo la frase, que parece ser el lema del torneo para el jugador español. No se equivoca, en ningún otro sitio tiene tanto predicamento. Suena incluso estridente cuando un niño, con su voz de niño, grita en un momento del partido "¡vamos, ruso!". Compasión infantil por la víctima propiciatoria de la tarde.

El ruso, que era Kuznetsov, no significaba nada para un jugador como Rafael Nadal. Era un pelea desigual, de esas que se dan con frecuencia en las primeras rondas de los mejores torneos. El chico, que está entre los cuarenta mejores del mundo, lo intentaba con denuendo. Pero ahí quedaba la cosa, porque Nadal no parecía muy dispuesto a que el partido se alargase. Así que empezo a repartir derechas, a mover a su rival y a hacerse con la pista. Sobre todo, empezó a sacar con la eficacia de un reloj suizo.

Kuznetsov, además, es un jugador de pistas duras. Tiene golpes peligrosos, pero no un plan de juego ajustado a ellos. Es más de dar el palo y cerrar los ojos esperando que entre dentro de las líneas. Si lo hace es probable que se anote el punto, pero tampoco es tan frecuente que eso pase. Normalmente la bola se va fuera y el punto va, irremediablemente, al de su pacientísimo rival. En el primer set era un manojo de nervios, perdió los tres primeros juegos y hasta que no tenía ya la manga perdida no entró en el partido. Muy sencillo todo. Mejor en el segundo parcial, en el que fue más o menos en buena línea hasta que con tres iguales Nadal decidió parar aquello rompiéndole el servicio. Y ese fue el final.

80% de primeros

Nadal se permitió hacer un partido casi perfecto, especialmente en el servicio. No iban muy duros, nunca van así con Rafa, pero entraban todos. Falló poquísimos servicios, se fue al final de partido a más de un 80% de primeros conectados, y estuvo muy dominador desde el saque. Empezaba el peloteo descolocando a su rival con saques profundos y esquinados y, desde ahí, poco queda hacer. Nadal no va a conceder ni medio centímetro de pista. Poco a poco fue metiéndose en la pista, restando con dureza y aprovechando los errores de su rival. Importante cuestión esa, la de poder anotarse puntos sin esfuerzo por el exceso de ambición del rival.

Especialmente notable fue su desempeño con el segundo saque. Porque, en teoría, ese es el terreno propicio sobre el que los rivales se aprovechan, pero en este caso Nadal hizo una machada, tuvo ocho segundos servicios -casi no falló con el primero- y se embolsó los ocho. Kuznetsov lo miraba con incredulidad. Fue impresionante incluso para Rafa, que acostumbra desde hace tiempo a lo imposible.

"¡Eterno Rafael Nadal!". Uno de los incontables fans que se sientan en la central de la Caja Mágica, la pista Manolo Santana, se pone un punto más lírico. Es la misma voz que en la presentación ha gritado un "¡y es el mejor¡" cuando se glosaban la interminable lista de méritos del jugador español. Tanto ha ganado que cuando le anuncian más parece que están leyendo el listín telefónico que una orden de mérito. Con tanta palabra como tiene su historial no es de extrañar que la gente grite. Y vaya que si grita. Madrid y su relación de amor eterno con Rafa Nadal. No es bullicio, es tradición.

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