las dos universidades de élite compiten hoy

Oxford-Cambridge: los niños bien reman, quieren ser empresarios y dicen tacos

Este domingo se disputa la prueba, que data de 1856 y enfrenta a las dos universidades de élite británicas. El pronóstico es incierto, pues los mejores remeros se centran en los JJOO.

Foto: Los remeros de Oxford practican antes de la regata (Reuters).
Los remeros de Oxford practican antes de la regata (Reuters).

La BBC retransmite la gran regata de Reino Unido, la Oxford-Cambridge, pero desde hace unos años ha decidido no hacerlo en directo. Las imágenes llegan unos segundos después de lo que está ocurriendo para que los productores puedan censurar los tacos que sueltan los remeros. Sí, estudian en dos de las universidades más importantes del mundo, el cúlmen del refinamiento y la sofisticación, pero cuando están remando, cansados, salpicados y sudorosos de tanto esfuerzo, cualquier cosa puede salir por sus bocas. Y los micrófonos de hoy en día no hay detalle que no capten. 

Inglaterra es un país inmerso en la constante tradición. Son pocas las cosas allí que no tienen raíces en los siglos anteriores y se han transmitido de generación en generación, salvaguardadas las esencias, aunque también modernizadas, pues toda tradición es susceptible de ser comercializada. Y la carrera entre las dos universidades no es diferente en ello. Se disputa desde 1856, pero entrar en su página web demuestra que la cita ha sido cogida por los patrocinadores para darse visibilidad en ambas orillas del Támesis. La prueba masculina comenzará a las 5.10 hora española, una hora después de la femenina.  

Atrapados en la tradición y la élite

No todo son parabienes para la competición. La regata Oxford-Cambridge recibe grandes críticas por su tufo elitista, algo con lo que ambas universidades conviven con normalidad. Hace cuatro años un activista se puso a nadar entre las embarcaciones, lo que llevó a suspender la carrera, algo que no había pasado en los once años previos. Lo más curioso era que el que reventó la prueba, alegando que era un evento clasista, había sido educado en la no menos elitista London School of Economics. 

La tradición, en ocasiones, se vuelve rancia y mohosa, aunque siempre es susceptible de adaptarse a los nuevos tiempos. Sucedió el año pasado, cuando la prueba femenina se disputó, por primera vez, con el mismo recorrido y el mismo día que la masculina. Llevaban años pujando por eso, pero solo con el siglo XXI en su segunda década fueron capaces los rectores de la prueba de dar su brazo a torcer. Tuvo que entrar un patrocinador importante en la ecuación para que las dos universidades se planteasen un trato igualitario

Los años olímpicos el resultado de la carrera es especialmente incierto, pues los mejores remeros apuestan por entrenarse pensando en los Juegos y dejar de lado la regata, que impide una preparación lógica para otras pruebas por su gran dureza. Mark Hunter, oro en Pekín y plata en Londres, dice que la prueba es más divertida en estas temporadas anómalas en las que la ambición se restringe y va gente más apegada a la realidad y no grandes estrellas del deporte. Solo cinco remeros repetirán del año pasado. El campeón, Oxford, solo tiene uno de vuelta mientras que cuatro repetirán en Cambridge.  

Oxford, durante un entrenamiento (Reuters).
Oxford, durante un entrenamiento (Reuters).

La carrera no es, ni mucho menos, un paseo triunfal. Es, de hecho, una de las más duras a las que se puede enfrentar un remero. "En los juegos compites sobre dos kilómetros y el esfuerzo es brutal, pero en la carrera el domingo haces tres veces eso", cuenta Hunter, que añade una cuestión más a la dificultad de la prueba: lo desconocido. "Cuando compites para los Mundiales o los Juegos tienes test previos que te permiten saber dónde estás, peso eso no existe en la Oxford-Cambridge", relata. 

De Putney a Chiswick

La competición se disputa sobre 4 millas y 374 yardas (6,8 kilómetros) desde el puente de Putney hasta la meta en Chiswick. Dura entre 15 y 20 minutos, dependiendo del tiempo que haga. Se esperan unos 250.000 aficionados alrededor del meandro del río Támesis en el que las dos embarcaciones de diez tripulantes compiten. Los pubs de la zona, como siempre, estarán hasta arriba, y en tan señalada tarde en las pantallas se verá la gran prueba, que se conoce como la regata azul, pues ambos equipos visten con ese color, Cambridge usa un tono claro, casi celeste, mientras que Oxford lleva su distintivo azul marino. 

Este año Cambridge parte como favorita, aunque ha perdido las tres últimas regatas. Tiene más remeros con experiencia, son de media más altos y pesados que sus rivales. Como ya es tradición en los últimos años, en el barco solo habrá tres británicos. Oxford y Cambridge, como el Madrid o el Barça, han cogido vuelo internacional. Los deportistas llevan entrenando sin casi descanso desde el mes de septiembre, con semanas de seis días de práctica y entre 11 y 13 sesiones que mezclan trabajo en el agua con entrenamiento en el barco. 

Los remeros son estudiantes, por lo que no pueden hacer concentraciones específicas y tienen que articular sus horarios para que les de tiempo a todo. Los deportistas de Oxford y Cambridge quieren ganar la prueba, por supuesto, pero más allá de los botes tienen ambiciones profesionales, especialmente en el ámbito de la empresa. Un estudio afirma que la mitad de los remeros de los últimos quince años cursaban estudios en economía y finanzas. Cerca de un 30% se decantan por medicina, biología y otras ramas científicas. No están muy interesados en las bellas artes, los clásicos, la filosofía o la filología inglesa. 

La clave del rendimiento, aunque parezca mentira, está en las piernas, que son las que ejercen la fuerza y el equilibrio para que la embarcación avance. Los ingleses explican que la carrera es como levantar un saco de patatas del suelo al cuello 35-40 veces por minuto, lo que requiere meses de entrenamiento para mantener a raya el ácido láctico. También es necesaria una técnica pulida, pues si no hay una buena coordinación y entrada al agua del remo la embarcación se desacelera.

Un esfuerzo titánico para remeros de la élite, aspirantes en un futuro a estar en los Juegos Olímpicos, pues son muchos los que llegaron allí después de haber pasado por la regata, pero también mirando al futuro con una educación sin igual. Oxford y Cambridge, tradición, tacos, empresa y paladas con el remo. 

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