James Rodríguez pondrá a prueba la cintura táctica de Carlo Ancelotti
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SU LLEGADA PROVOCARÁ ajustes EN EL SISTEMA

James Rodríguez pondrá a prueba la cintura táctica de Carlo Ancelotti

La inminente llegada del colombiano obligará a Ancelotti a desplegar sus encantos tácticos sobre la pizarra para adaptarse a los requerimientos del club

Foto: James Rodríguez durante un partido con la selección colombiana. (EFE)
James Rodríguez durante un partido con la selección colombiana. (EFE)

Tras la llegada de Toni Kroos, los esfuerzos de la directiva del Real Madrid se centran en acometer el fichaje de James Rodríguez. El jugador colombiano del AS Mónaco es el objetivo número uno de Florentino Pérez. El jugador está encantado. Tras reconocer que vendría al Madrid “con los ojos cerrados” el acuerdo con él es total. Ahora falta convencer a un Mónaco que quiere sacar tajada en un momento complicado para su economía después de que su propietario, el magnate ruso Dimitri Rybolovlev, firmara el divorcio más caro de la historia. Su destacada actuación en el pasado Mundial, donde guió a Colombia hasta los cuartos de final con seis goles en cinco partidos, ha disparado su cotización de manera exponencial.

De todas las hipótesis sobre el esperado desembarco en Concha Espina de la joven estrella cafetera, las últimas informaciones cifraban la operación en unos 80 millones de euros. El club suspira por sus huesos pero tiene claro que no asumirá una operación tan costosa si antes no engrosa sus arcas por la venta de alguno de sus cromos, condición sine qua non para hacer efectivo el negocio. La operación salida de momento sólo ha dejado los 20 millones (a pagar en tres años) con la marcha de Morata a la Juventus. Con lo que espera hacer caja el Real Madrid es con Ángel Di María, por quien pretende sacar unos 60 millones de euros. Aunque es un jugador del agrado de Ancelotti, su insistencia en mejorar sus emolumentos está acabando con la paciencia de los directivos.

Pese a las vicisitudes, todo marcha y se espera que, gracias a la mano omnipresente de Jorge Mendes, representante del jugador de 23 años, ambos clubes intensifiquen sus conversaciones a partir de la próxima semana. Según publicaba este diario el pasado viernes, el Real Madrid se ha puesto en contacto con la Embajada del Reino Unido con el fin de hacer los trámites necesarios para que el visado del colombiano esté en orden con vistas a la Supercopa de Europa que se disputará en Cardiff el próximo 12 de agosto. Dando por hecho que el acuerdo está cerca y que el traspaso es inminente, toca hablar sobre el rol que desempeñaría dentro del esquema de Carlo Ancelotti. ¿Hay sitio para James en el once del Madrid?

La pregunta se antoja una ironía. Un jugador valorado en 70-80 millones no llega para calentar su trasero en el banquillo. El colombiano es un ‘10’ de manual, un mediapunta que funde y conecta el mediocentro con la delantera. Una posición que quedó huérfana desde la marcha de Özil al Arsenal. La pasada temporada, Isco salvó la papeleta con solvencia cuando Ancelotti requirió sus servicios. Aunque Di María y Khedira, éste último no está claro que abandone el vestuario de Chamartín, están en el punto de mira como posibles salidas, de momento forman parte del equipo. Jesé también aparece en esta encrucijada con ganas e ilusión tras su lesión. Piezas de un puzzle en el que sobran fichas desde cualquier ángulo.

En un posible 4-2-3-1, James figuraría por delante de la pareja de mediocentros (Kroos/Modric, Xabi/Kroos Modric/Xabi) como enganche con los tres de arriba: Cristiano, Bale y Benzema. Otra de las variantes que sobrevuelan el ambiente es la de formar con un 4-3-3 donde el colombiano emerja como un jugador de banda. Algo que implicaría tocar una ‘BBC’ sagrada donde Karim Benzema aparecería como principal damnificado. En una primera versión, Cristiano pasaría a jugar de punta con James por la derecha y Bale por la izquierda, posición donde se hizo un hombre en Inglaterra. En una vuelta de tuerca menos probable, James aparecería como referencia en el centro de la delantera.

La temporada es larga y hay que estar preparado para posibles imprevistos. Es en este contexto donde aparecen las rotaciones. Sustituciones regulares en función de la importancia de los partidos que, visto lo visto, tendrán una incidencia relativa en las decisiones de un Ancelotti que deberá gobernar un corral lleno de gallos. Jugadores como Isco (30 millones), Illarramendi (38 millones) parecen condenados a las cloacas del banquillo en su segundo curso en el equipo. Dudas, cávalas y elucubraciones para culminar un encaje de bolillos de notables dimensiones. Juegue donde juegue James, lo único claro a estas alturas es que todos no caben.

La pizarra de Carletto, a examen

Durante su primera temporada en la casa blanca, el técnico de Reggiolo desplegó sus encantos tácticos sobre la pizarra para adaptarse a las necesidades y requerimientos del equipo. Lesiones al margen, los ajustes y sobre todo los resultados, acabaron por darle la razón. Si el 4-3-3 con Di María como interior fue el sistema que le permitió encontrar su sitio, el 4-4-2 otorgó el carácter necesario para resolver con éxito los partidos decisivos de la temporada. Ese fue el dibujo utilizado para la final de Copa del Rey ante el FC Barcelona así como en la eliminatoria de semifinales de Champions ante el Bayern. Dos partidos donde los blancos optaron por un plan conservador. Con el control de la pelota en un segundo plano, se pasó a un fútbol de repliegue con la constante amenaza de contraataque letal.

Pim pam pum. Tres pases para definir una exuberancia ofensiva que se vio aderezada con una zaga pétrea y bien pertrechada. Un equilibrio que fue posible gracias a la claridad de ideas a la hora de gestionar las ausencias (Xabi Alonso, Khedira y Jesé, principalmente) que tuvieron lugar durante el curso. Porque cuando el alemán se lesionó y no había un recambio natural en la plantilla, Carletto no dudó en retocar su apuesta. Pasó a un 4-2-3-1 (Modric-Xabi Alonso, Isco y la ‘BBC’), donde irrumpió un Isco sin opciones de brillar hasta ese momento. No lo tuvo tan fácil cuando la pubalgia obligó a Xabi Alonso, káiser de la medular y ficha irremplazable para el italiano, a retrasar el estreno de curso. En aquel entonces se planteó un 4-4-2 desequilibrado con Modric y Khedira como únicos mediocentros puros. A los lados introdujo con calzador a peloteros (Isco y Özil llegaron a cubrir las bandas por exigencias del guión) mientras el equipo se partía en dos de forma irremediable. Cuestiones que deberán quedar resueltas en las próximas semanas a fin de maximizar el rendimiento de un equipo donde el triunfo es una obligación innegociable.

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