fue campeón del mundo de los pesos pesados

Ezzard Charles, el boxeador que peleó "duro y crudo" contra la ELA

Fue campeón mundial, tumbó al legendario Joe Louis y solo perdió a los puntos contra Rocky Marciano. Murió a los 53 años víctima de la enfermedad tras años de lucha

En este mes de marzo de 2016, en Fightland hemos llevado a cabo un evento boxístico para recaudar fondos destinados a la lucha contra la ELA, la esclerosis lateral amiotrófica. Tanto los participantes como los organizadores pensábamos que habíamos sido los primeros en recurrir al boxeo para combatir esta terrible enfermedad… ¡cuál ha sido mi sorpresa al descubrir nuestro error! Hace ahora casi 48 años, en noviembre de 1968, tuvo lugar un evento en Chicago para recaudar fondos para un enfermo de ELA: nada menos que un campeón mundial de los pesos pesados, Ezzard Charles. Este evento se denominó The Ezzard Charles Appreciation Day.

Hombre educado, amante de la lectura, siempre caracterizado por su humildad y buen carácter, fue también un excelente boxeador que derrotó, entre otros, a los más grandes campeones de su época, como Archie Moore, Jersey Joe Walcott, Joey Maxin e incluso al mismísimo Joe Louis.

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Al principio de su carrera, los periodistas deportivos le bautizaron con afecto como el 'Colegial de Cincinnati'. Dos años más tarde, le convirtieron en la 'Cobra de Cincinnati'. Archie Moore, el campeón mundial conocido como la 'Mangosta', no pudo vencer a Charles en ninguna de las tres ocasiones en que se enfrentaron.

Lo evitaban los campeones

Charles era tan peligroso que los campeones mundiales lo evitaron sistemáticamente, no consiguiendo una oportunidad para luchar por el título mundial hasta la edad de 28 años. En junio de 1949, conquistó el título mundial del peso pesado de la National Boxing Association al derrotar a Jersey Joe Walcott. Dicen que la noche que ganó el título de los pesados no lo celebró. Cuando le preguntaron el motivo, contestó que ese título tenía que haber sido suyo 10 años antes, pero nunca tuvo la oportunidad. El año siguiente, Charles hizo historia al derrotar por decisión unánime en 15 'rounds' a Joe Louis, realizando tras este combate un total de ocho defensas de su título mundial.

El día que Ezzard Charles se enfrentó a Joe Louis, las apuestas estaban claramente en su contra. Durante las instrucciones del árbitro, Joe Louis miró a Ray Arcel, entrenador de Ezzard, y le dijo: “Tu otra vez, ¿eh?”. La última vez, uno de los boxeadores de Arcel, Buddy Baer, había durado un 'round' con Louis. Cuando sonó la campana, Arcel saltó al ring y abrazó a ambos boxeadores.

Tras su victoria sobre Joe Louis, los periódicos tuvieron que reconocer lo que los 'insiders' ya sabían, que Ezzard era “mucho mejor boxeador de lo que el mundo había creído hasta la fecha”. Y eso no fue todo. Ezzard fue reconocido y universalmente aceptado como campeón mundial de los pesos pesados. Era el 27 de septiembre de 1950.

"Duro y crudo"

El teléfono de Maude Foster, una señora de 65 años, sonó aquella noche. Al otro lado de la línea estaba Ezzard: “Abuela, he ganado el campeonato”. Ella dijo: “Ahora eres el campeón, pero nunca te olvides de quién eres en realidad”. Charles nunca cambió. Cumplió su promesa y jamás lo olvidó.

En junio de 1954, se enfrentó a Rocky Marciano en el Yankee Stadium de Nueva York, perdiendo por puntos en uno de los combates más duros que nunca disputó Rocky. Ezzard Charles, recordado principalmente por este combate, se preparó como nunca para luchar de tú a tú, dejando incluso de leer los libros a los cuales era tan aficionado porque, según confesó, “habían llegado a ser una distracción para el combate”. “Duro y crudo”, dijo a los periodistas cuando le preguntaron sobre su planteamiento de la pelea, “voy a boxear duro y crudo”.

Tras el enfrentamiento, la revista 'Life' publicó nada menos que 18 fotografías con la cara de Charles en diferentes grados de crispación mientras era golpeado por Marciano. “Esto es lo que Charles recibió”, proclamaba el titular. Sin embargo, el propio Marciano dijo que era el hombre más duro contra el que había peleado, y que en ese combate aprendió de verdad lo que era el dolor.

En 1955, los síntomas de la ELA eran evidentes. “Mirando atrás ahora”, diría su entrenador Ray Arcel, “es fácil reconocer que Ezzard estaba en las etapas iniciales de esta enfermedad que luego acabaría con su vida. Pero en ese momento, solo pensé que se estaba haciendo viejo. Ezzard ya no era capaz de hacer las cosas que siempre había hecho en el ring; se cansaba, su coordinación había desaparecido”. La ELA afectó a sus piernas, lo que explica por qué este gran técnico, que había dominado con maestría los desplazamientos, se quedaba a cruzar golpes con boxeadores más grandes que él cuando su carrera empezó a declinar. Por entonces, la multitud solía abuchearle en sus combates.

Su popularidad cayó. La mayoría del público nunca supo el magnífico boxeador que fue incluso antes de proclamarse campeón mundial. Lo grande que fue antes de que su cuerpo empezara a traicionarle. La mayoría solo recuerda al boxeador mayor luchando para mantener su dignidad en el ring. Incluso derrotar al gran mito del boxeo de la época, Joe Louis, le pasó factura. Tal y como un famoso periodista de la época escribió: “Primero le odiaron por no ser Joe Louis. Después le odiaron por vencer a Joe Louis”.

Esta imagen de Ezzard Charles, que ha permanecido durante décadas, es totalmente falsa y debería ser desechada. En su mejor momento, este hombre humilde y educado fue uno de los mayores boxeadores-pegadores de la historia. Cuando su enfermedad, todavía no diagnosticada, comenzó a afectarle unos años después, el ratio de victorias de Charles cayó en picado, disputando su último combate profesional en el verano de 1959.

El homenaje en Chicago

Dos años más tarde, conforme la enfermedad progresaba, todo fue a peor. Ezzard Charles no tenía trabajo, no tenía teléfono y estaba a punto de perder su casa. Su garaje estaba vacío después de haber tenido que vender sus coches para comprar comida para su familia. Consiguió un empleo con jóvenes problemáticos en una fundación en Chicago, pero en 1967 ya no podía ir andando al trabajo, tan solo a dos manzanas de su casa. Sus piernas se habían paralizado. Lo peor estaba por llegar. La ELA afecta a la habilidad del cerebro para enviar órdenes a los músculos, incluyendo aquellos necesarios para respirar. La mitad de los enfermos de ELA mueren antes de los 20 meses tras el diagnóstico. No había cura en los años sesenta y sigue sin haberla más de medio siglo después.

“Oh, es duro, desde luego”, confesaba Ezzard en un periódico de la época. “No ser capaz de andar como antes, o de hablar bien. Sientes que nadie puede ayudarte”.

La ironía es grande. Sus doctores le dijeron que el boxeo podría haberle beneficiado retrasando la progresión de una enfermedad que debía haberse empezado a desarrollar en su niñez. Tiempo después de sus “días de guerra”, Charles se encontraba haciendo abdominales y flexiones con la soledad existencial del boxeador. Del hombre que lucha solo. Aunque ahora estas flexiones eran la agónica parte de la terapia de rehabilitación. Las luces del ring se habían apagado para siempre.

Un oficial de policía y amigo de Charles llamado John McManus volvió a encender esas luces. Con ayuda de personalidades del boxeo, organizó un evento para recaudar dinero destinado a pagar los costes médicos de la enfermedad de Ezzard.

"Ahora sí podría contigo"

El 13 de noviembre de 1968, en el Gran Salón del Hotel Sherman de Chicago, se celebró The Ezzard Charles Appreciation Night. Por 15 dólares, los asistentes disfrutaron de una cena con proyección de combates de Charles. Entre los 1.300 asistentes había muchas narices rotas. Rocky Marciano tomó el micrófono: “Nunca he conocido a un hombre como Ezz en mi vida”, dijo Marciano mirando directamente a los ojos de su antiguo enemigo. “Ezz, tú me boxeaste mejor que nadie. No pude derribarte. Y dudo que nadie pudiera hacerlo. Tú tienes más espíritu y voluntad que ningún otro hombre que yo haya conocido”.

Se recaudaron 15.000 dólares para Charles. Como siempre hace un buen entrenador en el rincón, le ayudaron a levantarse de la banqueta. Su banqueta era ahora una silla de ruedas. Cuando empezó a temblar en el atril, dos leyendas vivas del boxeo, Rocky Marciano y Archie Moore, se colocaron uno a cada lado y le sujetaron. “Esto es lo más grande que me ha pasado nunca”, susurró, “sólo quiero decir… gracias. Gracias”.

Poco tiempo después, la enfermedad le impidió hablar. Más tarde, lo paralizó. Estuvo tumbado en una cama durante un año y tres meses en un hospital público para veteranos. Tenía sus recuerdos, grandes recuerdos que solo los que han sido boxeadores pueden tener. Murió en mayo de 1975 a los 53 años de edad.

En el último otoño de su vida, Joe Louis apareció en la puerta de su habitación en el hospital. Louis se quedó allí un momento, contemplando a su antiguo rival. Luego se acercó a la cama. “Ahora yo te podría noquear, campeón”, dijo suavemente. “Ahora sí podría contigo”. Ezzard Charles sonrió.

*José Luis Serrano es fundador y director de Fithtland. Ha sido boxeador profesional. Dos veces campeón de España de boxeo y cinco veces campeón de la Comunidad de Madrid. Disputó 114 combates, con un récord de 102 victorias, permaneciendo invicto durante cinco años seguidos. Ha sido directivo de varias entidades financieras, especializado en Banca de Empresas. Empezó a correr hace ocho años y ya va por su 14º maratón, con la mirada puesta en carreras de ultradistancia superiores a los 100 km. Es entrenador nacional por la Federación Española de Boxeo, árbitro internacional, especialista en nutrición, 'crossfit trainer' Level 1, TRX 'trainer' Level 1, licenciado en Ciencias Empresariales y diplomado en Finanzas y Dirección Bancaria.

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