Valencia le declara la guerra social y económica a Peter Lim
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ARTE Y ENSAYO CONTRA EL PRESIDENTE

Valencia le declara la guerra social y económica a Peter Lim

El valencianismo sortea las restricciones de la pandemia con acciones imaginativas que presionan al dueño para que abandone el club

placeholder Foto: Peter Lim y su hija, durante un Valencia-Barça de 2014. (EFE)
Peter Lim y su hija, durante un Valencia-Barça de 2014. (EFE)

La acción más excéntrica fue la de mayor repercusión en el ámbito nacional e internacional. Tres mariachis, el pasado 20 de octubre, se plantaron en la terraza de un bar a pocos metros de Mestalla y afinaron las voces. La mesa estaba ocupada por varios dirigentes del Valencia y la ranchera se titulaba ‘Rata de dos patas’. Los dirigentes asiáticos se levantaron y se dirigieron a la sede del club. La BBC británica pidió permiso para emitir las imágenes.

La semana pasada, en lo alto de la torre de una fábrica abandonada de Sagunt, aparecieron unas letras desvencijadas: M-E-R-I-T-O-N, el nombre de la empresa matriz de Peter Lim, como símbolo de la decadencia del proyecto del empresario asiático. La idea fue obra de tres ingenieros valencianistas que, al estilo Banksy, prefieren mantener el anonimato. Solo se conoce su cuenta de twitter, @Itmustbelove86, en una poética referencia a la canción de los Madness que sonaba en Mestalla en el descanso del último partido del Valencia del descenso, en 1986, según lo documenta el escritor Rafa Lahuerta en ‘La balada del bar Torino’.

Entre la protesta estrafalaria de los mariachis y la sutileza de @Itmustbelove86, una catarata de acciones contra Lim ha sorteado la distancia social impuesta por la pandemia del covid-19. Desde un ‘Libro Negro’ con las 101 tropelías de la gestión del propietario, enviado a 300 medios internacionales y escrito por el grupo de jóvenes Libertad Valencia CF, el más activo en los últimos meses, hasta unas flechas indicando, desde cerca de las oficinas del club, la distancia de regreso a Singapur: 11.000 kilómetros, otra ocurrencia de @Itmustbelove86.

Ha habido docenas de libros, pancartas por todos los rincones del mundo, y hasta el cartel de la película de Sofia Coppola ‘Lost in Traslation’ transformado en ‘Lost in Management’ con la cara de Peter Lim, ataviado con batín, en lugar del actor Bill Murray. A modo de escribas, los chicos de Libertad Valencia CF han censado el 1% de las acciones de la entidad, 36.000, a fin de acceder al libro de los accionistas, donde han descubierto algunas curiosidades: el atacante del Manchester United, Juan Mata, y su padre poseen 150 títulos cada uno; Miguel, exlateral derecho portugués, 600, y la hípica de València, unas 200.

Frente a la movilización, la respuesta comunicativa de la sociedad de Mestalla ha sido despreciar a los medios locales y nacionales, regalar entrevistas a los internacionales e inventarse una revista, 'Batzine', elaborada en Singapur, que ha acusado veladamente de racismo a los seguidores del Valencia, siguiendo las instrucciones del presidente, Anil Murthy.

El valencianismo, casi de manera unánime, lleva meses pidiendo la marcha de Lim, máximo accionista de la entidad (el 84% de los títulos), sobre todo a partir de que el millonario singapurense prescindiera de Marcelino como entrenador y de Mateu Alemany como director general, en septiembre de 2019. Este es el punto más bajo de Lim en Mestalla desde su llegada, a finales de noviembre de 2014, agasajado por la multitud, pisando la alfombra roja tendida por el entonces presidente, Amadeo Salvo, sin exigirle compromisos firmados. Tan solo hacerse cargo de la deuda más acuciante, la de Fundación del club con Bankia, avalada por la Generalitat valenciana, de 90 millones.

En estos seis años, el máximo accionista ha movido, a través del Valencia, cerca de 1.000 millones de euros en las transacciones de jugadores (431 en compras y 502 en ventas). Pero lo que ha removido las conciencias valencianistas ha sido el empeño del dueño por destruir un ambicioso sueño, el de Marcelino, sin atender ni a las ilusiones de los aficionados ni a las necesidades de la sociedad, en caída libre tras esa decisión tanto en el plano deportivo como en el económico.

Antes, el año del centenario, 2019, resultó un oasis por encima de las expectativas. Mecido por la fortaleza de Marcelino en el campo y de Alemany en los despachos, el Valencia celebró un aniversario apoteósico, marcado por La Marcha Cívica y el Partido de las Leyendas, antes de la ganar su octava Copa del Rey. A partir de ahí, Lim rompió todos los lazos sentimentales con la hinchada.

Noveno en la pasada Liga, fuera de Europa y con graves problemas económicos el pasado verano, Murthy no encontró banco que avalara los pagarés de las fichas de los jugadores y recurrió a la financiera Gedesco (17 millones garantizados por el 17% de los derechos de televisión). Paralelamente, a fin de saldar el pago anual de 13 millones con Bankia, principal acreedor, Lim prestó 16 millones al club, avalados por los derechos de cuatro jugadores mantenidos en el anonimato. En septiembre de este 2021, el Valencia deberá abonarle al máximo accionista esos 16 millones más otros 38 también prestados por el propietario y garantizados por otros cuatro jugadores, y el 20% de los derechos de televisión.

El Valencia ha tenido que recurrir a Gedesco para pagar las nóminas de los jugadores

Con muchos menos ingresos previstos, el Valencia se enfrenta a una situación financiera al límite cuando pase el verano. El club de Mestalla le adeuda todavía 129 millones a Bankia, avalados por la hipoteca del viejo Mestalla y por el 43% de los derechos de televisión. La deuda con CaixaBank es de 16 millones (hipoteca de Mestalla y el 92% de la publicidad estática). En este contexto, Bankia ha aceptado sentarse con Juan Martín Queralt, el veterano catedrático de Derecho Mercantil que aglutina en la plataforma De Torino a Mestalla a la casi docena de grupos de oposición al millonario de Singapur. Entre ellos, la Agrupación de Peñas, hasta hace unos meses muy dócil con Murthy, pero ya enfrentada sin retorno con el presidente. Queralt, hombre de consenso, ha galvanizado a su alrededor a toda la oposición a Lim. Y ya se ha reunido con el Ayuntamiento y con la Generalitat.

Las instituciones asisten expectantes a la descomposición del paso del magnate asiático por Mestalla. El nuevo estadio, a medio construir desde 2009 por falta de financiación, ahí sigue, un armatoste triste en una de las salidas de la ciudad, sin ningún interés de Meriton por acabarlo. El viento en la ciudad sopla contra Lim y tanto el alcalde, Joan Ribó, como la vicealcaldesa, Sandra Gómez, han amenazado al dueño con retirarle el ATE (Actuación Territorial Urbanística), es decir, la pérdida de gran parte de la edificabilidad del viejo Mestalla en su posible venta. De retirarse el ATE, el club perdería unos 16 millones.

Javi Gracia, técnico del Valencia, dio un golpe mortal a la credibilidad de Murthy cuando, en la previa de la apertura del curso ante el Levante, clamó contras las mentiras de los dirigentes sobre cómo iban a reforzar el equipo. El choque ya no procedía del reivindicativo e incómodo Marcelino, sino del servicial y modesto Javi Gracia.

placeholder Gracia, en un partido reciente del Valencia (Reuters)
Gracia, en un partido reciente del Valencia (Reuters)

A pesar del gusto de Lim por las transacciones, esta vez solo vendió en el mercado del pasado verano. Traspasó a ocho jugadores sin fichar nadie a cambio, indicio de que el máximo accionista quiere recuperar su dinero. Su inversión se calcula en unos 200 millones, si bien los críticos entienden que Lim ha obtenido beneficios en la compra-venta de jugadores. La deuda del club, 440 millones, ha crecido en 100 desde su llegada (440 frente a 355).

La batalla social está ganada y empieza a hacer mella en el seno de Meriton. Falta conquistar la económica. Un proyecto suficientemente sólido como para convencer a Lim de que ponga sus acciones a la venta. La idea idílica de Martín Queralt es seguir la fórmula alemana: el 51% en manos de los socios. Mientras tanto, siempre queda la imaginación, el arte y el ensayo contra Peter Lim.

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