Lorca, entre la poesía y el anuncio de perfume
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ESTRENO DE 'LA NOVIA' DE PAULA ORTIZ

Lorca, entre la poesía y el anuncio de perfume

La directora arriesga con su particular e hiperestética versión de 'Bodas de Sangre', de Federico García Lorca, comandada por Inma Cuesta y Luisa Gavasa

placeholder Foto: Paula Ortiz en un fotograma de 'La novia'
Paula Ortiz en un fotograma de 'La novia'

Adaptar a Lorca no es tarea fácil. Primero por la potencia de una materia prima eminentemente poética, segundo por la dimensión trágica de la obra y de su propio autor, y para terminar por el miedo, inevitable, a enfrentarse a uno de los escritores más venerados de la historia de la literatura española. Por ello Paula Ortiz lo tuvo claro, si quería llevar a la gran pantalla su sueño de adaptar 'Bodas de sangre', sólo había una forma posible: dar un salto mortal, llevar la lírica del granadino hasta sus últimas consecuencias y apostar por una propuesta estética que ligara con los versos de Lorca.

La obra del autor, que ya había vivido un par de adaptaciones en el cine español, es el romance trágico español por excelencia. Nuestro 'Romeo y Julieta'. La lucha entre razón y corazón escenificado en una España de secano en la que el paisaje devoraba a las personas. Un trío amoroso en medio de un enfrentamiento familiar con un final que todos imaginan desde el primer momento.

Ante lo conocido del texto y la simpleza de su trama, Paula Ortiz decide en La novia ser fiel a la dramaturgia, pero podarla hasta dejarla sólo en su esencia y apostar por el poder de la imagen. Que la fuerza de las palabras de Lorca siga estando presente en sus momentos más míticos (ese “Me mojé las manos de sangre y me las lamí con la lengua. Porque era mía”).

El resultado podía haber sido desastroso, y seguro que dividirá al público, pero nadie puede dudar de la pasión de la directora, que se deja el alma en cada plano, en cada composición. Ortiz quiere cada segundo honrar al autor y dejar su impronta, y eso se nota para la bueno y para lo malo. Lo vemos desde el primer fotograma, esa novia llena de sangre y barro, arrastrándose por el suelo. Una imagen poderosa que capta tu mirada y que a cualquier lector de Lorca le llamará la atención porque no aparece en la obra, y además significa un cambio en la estructura narrativa, que ahora tiene forma de gran flashback.

La novia es una propuesta sensorial, extrema, a veces hasta retorcida en su puesta en escena. Ortiz quiere trascender en cada momento, y lo poético se entrelaza a veces con lo ridículo (esos cristales que tose Inma Cuesta). Es el resultado de arriesgarse hasta las últimas consecuencias, de no saber medir. Errores pasionales que impiden a la directora redondear su 'Bodas de sangre' particular. El principal error está en el montaje, tan discontinuo e incluso fugaz que confunde y hace que sus imágenes rocen la estética de un anuncio de un perfume. Esos caballos a cámara lenta, esas tormentas, esos secarrales, son estampas de un preciosismo poco visto en el cine español, pero también tienen que narrar, que transmitir, y a veces eso se olvida en pos del puro placer estético.

Pero Paula Ortiz sale victoriosa a pesar de todo, porque uno olvida la malo cuando queda hipnotizado por una fotografía prodigiosa, una banda sonora de Shigeru Umebayashi (compositor habitual de Wong Kar-Wai) en la que se entremezclan clásicos populares como 'La tarara' y el gusto exquisito de Ortiz mezclando todo en su peculiar coctelera. Irónicamente la directora emociona y se eleva como autora singular de nuestro cine cuando se aleja del texto y, como si estuviera poseída por el espíritu de la obra, se saca de la manga dos escenas poéticas y difíciles, como la explosión de los cristales y el baile en torno al fuego que desencadena toda la tragedia.

Nada sería lo mismo en 'La novia' sin sus actrices. Porque mientras Asier Etxeandía y Alex García parecen incómodos con el complicado texto, Inma Cuesta parece sacada directamente de las páginas de 'Bodas de sangre'. Racial, con una mirada única y una dedicación que la convierten en la novia perfecta. Y qué decir de Luisa Gavasa, gran descubrimiento en la irregular ópera prima de Paula Ortiz ('De tu ventana a la mía') que aquí se llenará de premios por su desgarradora madre, y eso que su texto se ve muy reducido comparado con la obra original. Cada frase de Gavasa (con una dicción de la que deberían aprender muchos actores jóvenes) es un dardo que duele al espectador.

Una de las obras más personales del cine español reciente y una de las películas que marcan un año 2015 que ha sido raquítico en lo que a nuestras películas se refiere.

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