antecedentes del héroe de los ochenta

Un rojo peligroso llamado John Rambo

Cómo Hollywood distorsionó los orígenes hippies del personaje hasta convertirlo en hito de un cine de acción que Stallone homenajea ahora en 'Los mercenarios 3'

Foto: Sylvester Stallone, en un fotograma de 'Acorralado'.
Sylvester Stallone, en un fotograma de 'Acorralado'.

Si yo dijera que la novela que inventó el personaje de Rambo (Primera sangre, 1972) es una de las mejores de las últimas cuatro décadas, igual me tomaban ustedes por un chiflado. Si añadiera que el Rambo original tenía más de hippie opuesto a la guerra de Vietnam que de mercenario al servicio del Tío Sam, sin duda pedirían ustedes que me internaran. No obstante, ahora que llega al cine Los mercenarios 3, saga de Sylvester Stallone que lidera el revival del cine de acción de los ochenta, ha llegado el momento de aclarar la fenomenal confusión cultural que rodea al gran macho bélico de esa década: John Rambo.

¿Se imaginan ustedes a Chuck Norris confraternizando con un hippie en una de sus películas ochenteras? No, es más, seguramente le tirotearía. Y lo mismo haría el Rambo de Rambo II y Rambo III, salvo que disparar a un hippie sería un poco como dispararse a sí mismo: las protestas contra Vietnam están en la base de la creación del personaje. Sin los hippies y los rojos, Rambo no existiría...

El padre de Rambo se llama David Morrell y nació en Canadá en 1943. A mediados de los sesenta se afincó en EEUU para acabar sus estudios de literatura estadounidense e iniciar su carrera como profesor universitario en Pensilvania y Ohio. No había cumplido treinta años cuando debutó con una de las novelas más salvajes y trepidantes de los setenta, Primera sangre, la historia de un joven veterano de guerra que, incapaz de adaptarse y tras ser acosado por la Policía, convierte un pequeño pueblo de Kentucky en un nuevo Vietnam. La novela arrancaba así (al grano):

"Se llamaba Rambo y parecía ser un muchacho cualquiera que se había detenido junto al surtidor de una estación de servicio en los suburbios de Madison, Kentucky. Tenía una barba larga y tupida, el pelo le cubría las orejas y caía muy por debajo del cuello; estaba haciendo auto-stop a un automóvil que se había acercado al surtidor. Al verlo allí, descansando el peso del cuerpo sobre una cadera, con una botella de gaseosa en una mano y el saco de dormir enrollado en el suelo junto a sus botas, resultaba difícil imaginar que el martes, el día siguiente, estaría buscándole casi toda la Policía del condado de Basalt. Y con más razón, nadie hubiera podido suponer que para el jueves estaría escapándose de la Guardia Nacional de Kentucky, de la Policía de seis condados y de un buen número de civiles amantes de las armas de fuego...".

Lo siguiente se lo resumimos: la Policía del pueblo le arresta por tener pintas de hippie, le aplican la ley de vagos y maleantes y le intentan cortar el pelo a la fuerza. Craso error: el niñato melenudo resulta ser, ay, un exboina verde con estrés postraumático. Aquí va a cobrar hasta el apuntador.   

La historia de cómo un pacífico profesor canadiense creó la parábola más contundente sobre la guerra de Vietnam, las protestas estudiantiles y la polarización de todo un país, es de traca, dado que Morrell no había oído hablar del conflicto en Vietnam hasta que llegó a EEUU en 1966. En cuanto pisó la universidad, comprobó que nadie hablaba de otra cosa. Los estudiantes se manifestaban y ocupaban los campus y entre los alumnos de Morrell había veteranos del Vietnam recién llegados a casa. "Tenían graves problemas para aceptarme como figura de autoridad. Éramos todos veinteañeros, pero ellos habían arriesgado sus vidas en una jungla lejana", cuenta Morrell en su ensayo sobre los orígenes del personaje: Rambo and Me.

¿Y si uno de los manifestantes contra la guerra resultaba ser un veterano de guerra cabreado?El horno no estaba entonces para bollos. Morrell quedó "anonadado" tras ver a la Policía de Chicago vapulear manifestantes antibélicos a las puertas de la controvertida Convención del Partido Demócrata en 1968. Viendo los choques por televisión, se le iluminó la bombillita: "¿Y si uno de los manifestantes resultaba ser como uno de esos veteranos de guerra cabreados que me había encontrado en clase? ¿Y si uno de esos veteranos era un hombre con habilidades especiales para el combate, un antiguo miembro condecorado de las fuerzas especiales? ¿Y si había decidido que la guerra fue un error y creía haberse ganado el derecho a protestar sin parecer un antipatriota? ¿Y si estaba furioso y para colmo la Policía le golpeaba un cráneo rebosante de furia destructiva?", se preguntó entonces el escritor.

Resumiendo: el Rambo remoto era un manifestante contra el Vietnam dispuesto a enfrentarse a tiros a las fuerzas del orden; es decir: un terrorista rojo. Que tal tipo acabara convertido en el gran héroe de acción del reaganismo es, sin duda, una de las mutaciones culturales más locas del Hollywood moderno.

La intuición de Morrell sobre la deriva violenta del conflicto en EEUU resultó ser profética. El cuatro de mayo de 1970, con Primera sangre ya en marcha, las fuerzas del orden asesinaron a cuatro estudiantes desarmados que protestaban en la Universidad de Ken State (en Ohio, donde estaba afincado Morrell, que aún hoy asegura estar "perplejo" por lo ocurrido).

Morrell ya tenía el rol en la cabeza. Ahora quedaban los detalles. La idea del look hippie se le ocurrió tras leer una noticia en el periódico sobre un grupo de hippies detenidos en un pueblo sureño. "Les cortaron el pelo y la barba, les afeitaron la cara y la cabeza, les condujeron a los lindes del pueblo y les instaron a no volver por allí. ¿Y si entre ellos hubiera estado mi imaginario veterano de las Fuerzas Especiales cuyas experiencias en Vietnam le habían perturbado tanto que había decidido salirse del sistema?", reflexionó Morrell.

El escritor decidió incluso dejarse el pelo largo como "experimento", comprobando en sus propias carnes cómo la Policía le "insultaba" cuando pasaba a su lado. De ahí sacó uno de los conceptos políticos claves de Primera sangre: la polarización. "La violenta polarización de EEUU devino tan intensa que muchos de mis amigos estudiantes temían que el país pudiera caer en una guerra civil. Me pregunté si eso podía ser el objeto de una novela. No sabía cómo podía dramatizar una gran guerra civil, pero quizás sí podía inventar una en miniatura. O podía inventar una pequeña versión de la guerra de Vietnam, solo que esta guerra privada tendría lugar en EEUU". 

A finales de los sesenta, los activistas antibélicos de la línea dura instaron a "llevar la guerra a casa" (Bring the War Home); es decir, a intensificar la protesta por las buenas o por las malas. Con la libertad que da la literatura, nadie llevó esa idea más lejos que David Morrell en Primera sangre, donde Rambo iba convertir las afueras de una tranquila localidad estadounidense en un nuevo Vietnam. O el veterano de guerra melenudo dispuesto a cepillarse a cualquier policía que se le pusiera por delante.

No obstante, Primera sangre no es una novela activista. Entre otras cosas porque Morrell no podía ni hablar a las claras ni dar su opinión sobre la guerra de Vietnam: estaba en EEUU gracias a una visa temporal que especificaba que "debía abstenerse de expresar opiniones políticas o participar en actividades políticas a riesgo de ser deportado". Las restricciones no hicieron más que potenciar uno de los puntos fuertes del libro: su ambigüedad.

Primera sangre tiene dos protagonistas que se alternan capítulo a capítulo: Rambo y el hombre encargado de su caza: un veterano de la guerra de Corea llamado "el sheriff Teasle". "La idea es que desde el punto de vista de Rambo, Teasle está equivocado. Y desde el punto de vista de Teasle, Rambo está equivocado... hasta que el lector pierde la habilidad para decidir quién tiene razón. Este choque de perspectivas reflejaba lo que sentía que estaba ocurriendo en el país... El sheriff Teasle es un republicano de Eisenhower suficientemente mayor como para ser el padre de Rambo. Son dos figuras antagónicas que representan las divisiones en la cultura estadounidense que llevaron a las violentas protestas contra la guerra. Rambo y el jefe de Policía son tan diferentes que el entendimiento es imposible. La mezcla de ira y frustración les llevaran a escalar las hostilidades hasta destruir al pueblo y a sí mismos", cuenta Morrell.

Así resume el escritor canadiense los temas del libro: "Es una novela sobre la ira de los activistas estudiantiles que veían a la gente mayor, especialmente a la autoridad, como el enemigo. Es también sobre la gente mayor que veía a los jóvenes como el enemigo. Y sobre la arrogancia de los gobernantes que no admitían haberse equivocado y no toleraban la disidencia".

Salvo que, como ya hemos dicho, Morrell tuvo que hilar fino para no verse de vuelta en Canadá: "No podía decir nada de esto explícitamente... Apenas se menciona a Vietnam en la novela. Mi tarea consistió en hablar sobre lo que estaba ocurriendo en los EEUU en forma de thriller, sin moralizar y sin dar la paliza". 

Un thriller que, dicho sea de paso, supuso una ruptura con los thrillers de esa época por su mezcla de realismo crudo y acción sin cuartel (hagan la prueba: la lectura de Primera sangre resulta demoledora aún hoy): "Quise seguir el ejemplo de Hemingway: tomarse la acción en serio y evitar los clichés", cuenta Morrell, que venía de escribir una tesis doctoral sobre el estilo de Hemingway.

Primera sangre se publicó en 1972. Fue un éxito y Hollywood compró rápidamente los derechos, aunque el proyecto se atascó hasta 1982, lo que quizás explique la posterior conversión de Rambo en brazo armado del reaganismo. La película tenía que haber sido escrita y dirigida por Richard Brooks, autor de la trumancapotiana A sangre fría (1967), luego entraron en juego Sidney Pollack como director y Steve McQueen en la piel de Rambo. También se barajó un tercer proyecto con Paul Newman como el sheriff Teasle...

Lo que queremos decir es que el Rambo de los setenta hubiera sido diferente al Rambo de los ochenta: las películas pesimistas y oscuras de los setenta sobre Vietnam (El regreso, Apocalypse Now, El cazador) dieron paso a las fantasías descabelladas sobre la posibilidad de que EEUU ganara por fin la guerra o al menos se cobrara venganza (Rambo II, Desaparecido en combate). El contexto cultural había cambiado drásticamente. Un Rambo contracultural no tenía ningún sentido en el Hollywood de los ochenta.

John Rambo, condenado a la violencia.
John Rambo, condenado a la violencia.

Un dato: según un estudio de la Universidad de Ohio, en el 62,5% de las películas de acción/bélicas rodadas durante el segundo mandato de Ronald Reagan (1984/1987) el malo era un comunista. Por el contrario, durante la presidencia del demócrata Jimmy Carter (1977/1980), el porcentaje fue del 0%.

Mi Rambo estaba furioso con su experiencia bélica. Odia lo que la guerra le ha obligado a hacerAunque la premisa de Primera sangre es bastante similar a la de Acorralado (Ted Kotcheff, 1982), primer y notable filme de Rambo, hay diferencias cruciales en el tratamiento del rol: según Morrell, la "más importante fue el ablandamiento del personaje". Sí, han leído bien, Morrell cree que el gran macho de acción del cine ochentero era un "blando" (¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Llamarle gallinita?), lo que merece una explicación. "Mi Rambo estaba furioso con su experiencia bélica. Odia lo que la guerra le ha obligado a hacer, y sobre todo odia haber descubierto su talento para asesinar. No sólo es la única cosa que sabe cómo hacer, sino que es un auténtico genio del asesinato, y en la novela, cuando Teasle continua presionando y presionando, Rambo finalmente explota, casi orgulloso de su capacidad destructiva. Pero no en la película. Preocupados con que el personaje no fuera suficientemente empático, los productores convirtieron a Rambo en una víctima".

Ejemplo de los trucos usados para que los espectadores empatizaran con el rol: al principio de la película, Rambo se entera de que uno de sus amigos en las Fuerzas Especiales acaba de morir de cáncer debido al Agente Naranja usado por el ejército estadounidense en Vietnam, lo que justificaría en parte la posterior explosión de violencia de Rambo. Un truco para justificar la ira de Rambo y dar pie a la posterior redención/reconversión del personaje.

Pero la verdadera ida de olla vendría con las secuelas del filme. Rambo II (George P. Cosmatos,1985) daría definitivamente la vuelta a la tortilla al mandar al muchacho de vuelta a Vietnam en modo mercenario a las órdenes del ejército estadounidense. De la protesta contra la intervención en Vietnam habíamos pasado al regreso a Vietnam para ganar la guerra de una maldita vez (aunque fuera en el cine). Las películas que impulsaron el revisionismo histórico sobre la guerra (Rambo II, Desaparecido en combate) estaban en sintonía con el discurso de Reagan, que al llegar al poder afirmó que "los veteranos de Vietnam nunca habían sido vencidos", una tergiversación histórica que Sylvester Stallone y Chuck Norris se iban a encargar de convertir en verdad cinematográfica... ante la alegría de Reagan, que poco después del estreno de la segunda parte del filme puso a Rambo como ejemplo de cómo deberían actuar las tropas estadounidenses en misiones de rescate. Sin hacer prisioneros, se entiende.  

"Me fascinó ver como Rambo II convirtió al personaje en un superhéroe patriotero capaz de ganar por sí solo una segunda versión de la guerra de Vietnam... Una de las frases más citadas del filme es la siguiente: 'Señor, ¿lograremos ganar esta vez?'. El mensaje obvio a la audiencia era que los políticos americanos, influenciados por las protestas contra la guerra, habían obstaculizado la maquinaria militar del país", afirma Morrell en su ensayo.

El tour anticomunista de Rambo culminó en la inenarrable tercera parte de la saga -Rambo III (Peter McDonald, 1988)-, en la que el chaval aterrizaba en Afganistán al grito de 'el único ruso bueno es el ruso muerto'. No obstante, esta vez los productores tuvieron mala suerte: la película se estrenó el mismo día que las tropas soviéticas abandonaron Afganistán, lo que dio pie a Morrell a hacer el siguiente chiste: "Quizás los soviéticos sabían que Rambo estaba al caer" (y decidieron salir precipitadamente del país antes de que Rambo les diera para el pelo).

Morrell, de hecho, se ha tomado la mutación cinematográfica de Rambo con una mezcla de ironía, deportividad y pragmatismo comercial. Su estupefacción tocó techo en 2001 durante una gira promocional en Polonia. Primero, al comprobar que era allí poco menos que una estrella del rock en calidad de padre de Rambo (doce horas de entrevistas seguidas).

Segundo, al ver que los polacos veían a Rambo como una pieza clave del desmoronamiento del bloque comunista. Una periodista polaca le explicó que "cuando los jóvenes protestaban contra los soviéticos durante los años de Solidaridad, las películas de Rambo estaban prohibidas. Pero en los últimos ochenta, las cintas de vídeo ilegales circulaban de contrabando. Me dijo que los manifestantes veían las películas de Rambo para enardecer los ánimos... Y hasta iban a las manifestaciones con la clásica cinta en el pelo del personaje. Según ella, Rambo jugó un papel en la disolución de la Unión Soviética de un modo indirecto". El círculo se había cerrado: las fantasías políticas de Reagan convertidas en realidad gracias a las películas. Superen eso, amigos.

No obstante, pese al lavado de cerebro al que Hollywood sometió a Rambo durante los ochenta, el personaje consiguió finalmente volver en sí. Sylvester Stallone dirigió en 2008 Rambo IV con el propósito declarado de regresar a las esencias. "Mi personaje iba a ser reinterpretado otra vez; pero, para mi sorpresa, por primera vez le íbamos a ver del modo en que aparecía en la novela: enfadado y desilusionado... Asqueado por la violencia, pero dándose cuenta de que lo mejor que sabe hacer es asesinar", cuanta Morrell sobre un filme en el que vemos a un Rambo retirado en Birmania que se dedica a cazar cobras (hasta que se vuelve a liar parda).  

Llegados al siglo XXI, Stallone ha encabezado el revival del cine de acción de los ochenta con la saga Los mercenarios. ¿Significa esto que volvemos al reaganismo cultural en plena era Obama? No exactamente. La nostalgia neutraliza ahora el filo político y convierte la potencialmente conflictiva figura del mercenario de guerra en un divertimento inofensivo. Queda elucubrar sobre cómo sería el actual revival si el Rambo original hubiera derivado en icono contracultural en lugar de martillo reaganiano. Quién sabe si en vez de películas sobre mercenarios no estaríamos asistiendo a un carrusel de filmes sobre veteranos de guerra atrincherados en comunas del desierto, escuchando a Grateful Dead, hinchándose a porros y tripis y disparando sus escopetas cada vez que el sheriff del lugar asoma la nariz por la verja de entrada...

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