historia de una foto

El mito del comunismo de Bacall y Bogart

Los actores se manifestaron en favor de la libertad de expresión en tiempos de la caza de brujas, pero recularon al ser calificados de "comunistas"

Foto: Bogart y Bacall en Washington en 1947
Bogart y Bacall en Washington en 1947
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La pareja sentimental formada por Humphrey Bogart y Lauren Bacall marchando en Washington contra la caza de brujas. Una imagen icónica que se multiplica ahora que Bacall, rostro emblemático del cine clásico, ha muerto a los 89 años. Pero como buena historia del Hollywood dorado, no es oro todo lo que reluce en esa fotografía.

En septiembre 1947, Bogart y Bacall se unieron al Comité por la Primera Enmienda, grupo formado para, en principio, apoyar a los miembros de la industria cinematográfica (los "Diez de Hollywood" Y la lista negra) que el Comité de Actividades Antiamericanas quería encarcelar por "comunistas". 

El Comité por la Primera Enmienda, que defendía la liberta de expresión y los derechos civiles, reunió a todo el Hollywood progresista: además de Bogart y Bacall también estaban John Huston, William Wyler, Henry Fonda, Bette Davis, Gene Kelly, John Garfield, Edward G. Robinson, Judy Garland, Melvyn Douglas, Ira Gershwing, Billy Wilder, Groucho Marx y Frank Sinatra.

Bogart reculó asegurando estar tan cerca del comunismo como J. Edgar Hoover Pero, ay, después de la protesta en Washington, llegaron los ataques furibundos a los actores... y las matizaciones. En marzo de 1948, Bogart publicó un artículo en la revista Photoplay bajo el inequívoco título de "No soy un comunista", en el que afirmó que no había ido a manifestarse a Washington por los "Diez de Hollywood", sino para defender la "libertad de expresión". Bogart aseguró también estar "tan cerca del comunismo como J. Edgar Hoover [director entonces del FBI]". O las grietas de un activismo progresista convertido en leyenda.

La militancia de los actores tenía un límite, comprensible, por otro lado: quizás solo aquel que viviera en el EEUU de finales de los cuarenta pueda expresar la ola de miedo y paranoia anticomunista que cubrió todo el país.  Sin ir más lejos, tras participar en la protesta de Washington, el célebre letrista de musicales Ira Gershwin fue llamado a declarar ante un comité californiano que buscaba subversivos en el mundo del espectáculo. En otras palabras: la protesta podía salir cara por muy popular que fuera uno.

Al resto de participantes en la marcha de Washington les cayó el chorreo de su vida: "The New York Times, The Herald Tribune y otros periódicos reputados habían cuestionado al Comité de Actividades Antiamericanas advirtiendo que estaba atentando contra la libertad de expresión. Pero cuando un grupo de actores y actrices de Hollywood hicimos lo mismo, cayó el cielo sobre nuestras cabezas", contó Bogart en su artículo de Photoplay.

De hecho, la concentración de Washington en 1947 fue el canto del cisne del Hollywood progresista, cuya época dorada tuvo lugar entre el crash del 29 y el inicio del macarthismo. La caza de brujas puso punto final a los coqueteos sociales de la meca del cine. Luego vendría la adaptación cultural de Hollywood a la lógica de la guerra fría. No fue hasta finales de los sesenta cuando Hollywood viviría un nuevo revival progresista al calor de las rupturas culturales de esa década.

Bogart y Bacall dieron la cara contra la represión cultural en Hollywood, sí, pero acabaron reculando ante la perspectiva de que la furia inquisidora de los tribunales de McCarthy se los llevaran por delante. O quizás simplemente ante el temor de que sus carreras quedaran truncadas. El riesgo de cárcel, en todo caso, era real. 

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