el secretario de estado de cultura comparece en el congreso

Lassalle asegura que “seguirá la batalla con Hacienda”

El secretario de Estado de Cultura lamenta los recortes presupuestarios en su departamento y responsabiliza al ministro Cristóbal Montoro

Foto: Comparecencia de José María Lassalle (EFE)
Comparecencia de José María Lassalle (EFE)

El diseño de unos presupuestos es un manifiesto de la voluntad política. Su antítesis es el programa político, donde sólo caben las promesas. Sabemos quién realizó el programa del Partido Popular, pero no quién ha cerrado los terceros presupuestos del Estado para la cultura. Tras la comparecencia en el Congreso de José María Lassalle, secretario de Estado de Cultura, ha quedado claro que la cifra y el reparto no llevan la misma firma, y que los asuntos más calientes están pendientes de quien puso la cantidad.

Lassalle ha hecho un esfuerzo por el triunfalismo, pero la victoria no puede ser una impostura. Celebra el máximo responsable de la política cultural de este país, después de José Ignacio Wert y de Cristóbal Montoro, que se ha consolidado un incremento del 2,27% en la aportación del Gobierno a la cultura, y rompe así con la tendencia al recorte de más del 27% de los anteriores balances consumado por el mismo Ejecutivo. Por eso arrancó su intervención con un enfático: “Lo peor ha pasado”. Sin embargo, su discurso y réplicas no continuaron por el mismo tono.

El discurso de fondo empleado por el secretario de Estado es bien distinto: la falta de apoyo a la cultura “esuna condena para los ciudadanosUNO. La dichosa realidad. Lassalle advierte que la realidad con la que ha tenido que enfrentarse no es la que él hubiese deseado. Una contrariedad muy habitual en la vida de cualquiera: nuestros deseos no suelen cumplirse. Por eso asegura que han elaborado unos presupuestos para garantizar la sostenibilidad de la cultura. A pesar de ello, el discurso de fondo empleado por el secretario de Estado es bien distinto: la falta de apoyo a la cultura “es una condena para los ciudadanos”.

DOS. Peor, imposible. Tras estos presupuestos generales, Lassalle echa la vista atrás y reconoce que para alguien como él no ha sido una tarea grata enfrentarse al recorte. Es decir, al recorte impuesto. No es propuesta suya deja entender: “He tenido que gestionar el peor de los mundo posibles. Para alguien que creen en la cultura como vertebración del país no es el panorama ideal”. Y por si no había quedado claro su malestar con la voluntad política de quien haya elaborado estos presupuestos certifica: “Sin la cultura este país sufre una disminución de valor. A este país no le pone en el mapa ni el PIB, ni su población, le pone en el mapa su cultura. PicassoQuevedo, Velázquez, la Sagrada Familia…”.   

TRES. La nueva financiación. José María Lassalle arribó con la intención de darle la vuelta a la financiación de la cultura, para impedir el “intervencionismo del Estado” en el proceso libre de la cultura. Ha logrado acabar en su parcela las subvenciones nominativas, las que se conceden a dedo. Lamentablemente, en el resto del Ministerio del señor Wert no han variado la tradición nacional.

En su intervención en la sesión de control insistió una y otra vez en “el mecanismo de mecenazgo, mixto, despolitizado, marcado por la transparencia y el control y la concurrencia”. Pero en su pelea y en su discurso y en su empeño por un modelo de financiación que combine el dinero público y el dinero privado, se dibuja como el llanero solitario. “A lo mejor soy la única voz que lo reclama”, entonó en la sala. La referencia no era para la oposición, que entre sus reproches no estuvo el de la crítica contra su esfuerzo por la creación de un nuevo marco económico.

CUATRO. Política cultural. En sus comparecencias públicas, Lassalle suele mostrarse como un inagotable corredor de fondo. Ayer, debido probablemente a sus nuevas tareas paternales, dejó ver su cansancio para explicar la frustración que siente al intentar renovar el modo de financiación pública. Al diputado por el PSOE, José Andrés Torres Mora, le indicó que su partido en el Gobierno mantuvo, durante los años de la crisis, una política de fomento con la cultura, que ha generado una deuda que estos presupuestos no puede atender. El débito reside en los fondos de protección del cine, que Lassalle aseguró que “quizá se pueda resolver con los siguientes presupuestos”. Un año de morosidad más.

Y, quizá debido al cansancio, reconoció a sus contrarios lo que, a su modo de ver, es el mal endémico de la política cultural de este país: “Únicamente se ha basado en la cultura del presupuesto y no en reformar las estructuras. Y es responsabilidad también de los anteriores gobiernos del PP, que no introdujeron nuevos mecanismos de financiación”.

CINCO. Hacienda es el escollo. Esos mecanismos a los que se refiere el secretario de Estado de Cultura son los incentivos fiscales (la Ley de Mecenazgo que lleva anunciando desde hace dos años y que Montoro ha anunciado que estará en el Congreso en 2014). Todos los logros que apunta para su actual equipo (la desgravación del 18% con carácter indefinido para las empresas que inviertan en el cine), reconoce que se frenan con el muro de Hacienda: “A la espera de conseguir, y esa es una batalla que estamos dando [a Hacienda], introducir las enmiendas al proyecto de ley en materia de fiscalidad, como una serie de mejores que implicarían un crecimiento de la deducción del 18% al 24%”.

Lassalle explica que su departamento asume las responsabilidades y el sacrificio, pero que “las obligaciones están subordinadas a las posibilidades”. Es decir, está atado de manos. Él está convencido de que en el ámbito de la fiscalidad está la salvación a la financiación del cine, después de la retirada paulatina y dramática de las ayudas públicas. Desde luego, no se plantea regresar al modelo de los incentivos públicos.  

La batalla seguirá y trataremos de convencer al ministerio de Hacienda a que respalde las políticas de fiscalidad que defendemos para el cineSEIS. Corrigiendo a Montoro. Añadió en la parte final de esta respuesta a la réplica, que su equipo cuenta con una serie de medidas que están a la espera de la bendición de Montoro, el ministro de todo: “Espero que finalmente consigan ser apoyadas por el Ministerio de Hacienda e incorporadas a ese paquete de medidas de estímulo fiscal. En cualquier caso, la batalla seguirá y trataremos de convencer al ministerio de Hacienda a que respalde las políticas de fiscalidad que defendemos para el cine”.

Y añadió, para quitarle hierro a las desafortunadas palabras del ministro de Hacienda sobre la calidad del cine español y su fracaso, que pelearán para que “el cine tenga el tratamiento que se merece y que no es otro que tener la mejor de las consideraciones por parte de todos”. Así se fragua el diálogo sobre el castigo al cine: uno atiza, el otro cura.

SIETE. Los logros. Nadie ha cerrado. Se ha mantenido la actividad y el mantenimiento de los centros dependientes del Estado. Eso quiere decir, según el secretario, que se ha garantizado el acceso libre a la cultura, derecho constitucional del ciudadano. “No se ha cerrado la exposición pública, ha habido un esfuerzo intenso con menos para hacer más. Hemos salvado el peor de los momentos para la cultura”. Desde luego, como logro es inquietante. Señaló que el teatro y la danza ha sido el sector que más ha sufrido en estos cuatro años. De ahí que se le recompense con “una subida del 10%”.

“Hemos soportado lo peor y no se ha colapsado la actividad, a pesar de haber reducido el presupuesto. Afirmamos que hemos pasado lo peor y a partir de ahora la situación mejorará en la cultura de este país”. También se apuntó, curiosamente, el éxito de la exposición de Salvador Dalí, en el Museo Reina Sofía. Imaginamos que se refiere al éxito de visitas, aunque apuntó en repetidas ocasiones que la cultura no es cuestión de cifras.   

OCHO. La transparencia. La conclusión de estos años al frente de su secretaría de Estado es que se ha pasado lo peor y que “después de cuatro años, habrá cambiado la fisonomía de la cultura de este país”. Gracias a él, se entiende, y gracias a su modelo de financiación mixta, que de momento el sector no ha podido poner en práctica porque no existe.

También habrá ganado la cultura de este país en transparencia, gracias al buen gobierno y la transparencia y los códigos de buenas prácticas. Lassalle reconoció a César Antonio Molina su empeño en esta materia. Remató la jornada analizando un nuevo logro en materia cultural alcanzado por su equipo: “No hacen falta las injerencias políticas en la Cultura. Muchos gobiernos han querido personalizar la cultura. Pero eso ha sido desarraigado”. Desde luego, y el último –o penúltimo- episodio de politización y falta de transparencia se ha vivido y publicado hace unas semanas en el Teatro Real.

José María Lassalle tiene una dura batalla por delante, como él mismo anunció. El enemigo es duro. Y desde luego, ante lo visto en el Congreso, no está entre la oposición. 

Cine
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios